EL SODRE EXHIBE "ARTISTAS Y MODELOS" CON JERRY LEWIS

Un cómico al que hay que revalorar

En el ciclo que el Archivo Nacional de la Imagen está dedicando a la comedia clásica norteamericana, y que ha incluido ya aportes de gente como Bob Hope y Danny Kaye, va mañana a las 16 horas en el Auditorio Nelly Goitiño Artistas y modelos (1955), película dirigida por Frank Tashlin y protagonizada por la dupla Dean Martin/Jerry Lewis.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Lewis era el cómico, Martín el "patiño" cantor: el primero maduró luego de la separación.

En papeles secundarios asoman varias mujeres interesantes: Shirley MacLaine, Dorothy Malone, Eva Gabor, Anita Ekberg.

La historia del dibujante de cómics que comienza a utilizar las pesadillas de su compañero de cuarto, amante del género, como inspiración para su próximo trabajo, tiene en sí misma cierta gracia, y sus puntas satíricas son probablemente el aporte del director y colibretista Frank Tashlin, quien comenzó guionando a Bugs Bunny y se convirtió con el tiempo en uno de los mejores autores de comedia de los Estados Unidos, a menudo con Lewis, otras veces sin él. Martin y Lewis ya habían hecho varias cosas juntos, generalmente en manos de impersonales realizadores como Norman Taurog y Hal Walker, y el encuentro con Tashlin significó claramente un paso adelante. Un par de años más tarde Lewis se desembarazaría de Martin (que siguió siendo un estupendo cantante y un mal actor, con la sorprendente excepción de Río Bravo donde Howard Hawks lo aprovechó estupendamente) y continuó una carrera en solitario, frecuentemente con Tashlin, a veces con cineastas menores, finalmente asumiendo él mismo tareas de director.

En los últimos trabajos de Lewis/Tashlin y en los primeros de Lewis/Lewis está probablemente lo mejor de ambos. Con Tashlin, Lewis comenzó a hacer gala, crecientemente, de un humor neurótico y surreal por debajo del cual corría con frecuencia una vertiente de angustia ante un mundo (la sociedad de consumo) al que el protagonista parecía incapaz de adaptarse. Suele haber una veta satírica, amarga tras sus ramalazos de humor, además de abundantes efectos de golpe y porrazo en películas como ¡Qué me importa el dinero! (1962), Un loco con suerte (1963), El matasanos (1964) y alguna más, todas dirigidas por Tashlin.

Al mismo tiempo, Lewis comenzó a afirmar su propia carrera como director, en la que apuntó con frecuencia al propio mundo del cine, las fronteras entre la realidad y la ficción, la idea de la existencia como un absurdo esencial. Quien crea que fue solamente el rey de la morisqueta (el aspecto más superficial de su “persona” cinematográfica, y el único al que Jim Carrey sabría copiar) se está perdiendo algo esencial en él.

Es cierto que el mejor Lewis está, junto con lo que hizo con Tashlin, en sus primeras películas como director. Había reales dosis de inventiva en El botones (1960), El terror de las chicas (1961), De golpe en golpe (1961), El profesor chiflado (1963), El ingenuo (1964) y varias otras, aunque en sus trabajos posteriores luciera con frecuencia repetitivo y apagado. Ha seguido haciendo, esporádicamente, algunas cosas como actor, y tiene en posproducción la comedia policial The Trust. De todos modos, una película irregular como Artistas y modelos lo devuelve en los comienzos de su esplendor.

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