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El comediante que rechazó 50 millones de dólares

“The Age of Spin” es el primero de tres shows que Chappelle presentará en Netflix

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Netflix

El comediante se hizo más o menos famoso primero en la década de 1990, con papeles menores en películas de alto perfil, como Con Air y El profesor chiflado.

En la década siguiente, en 2003, consiguió su propio programa de televisión humorístico, que llevaba su nombre. The Dave Chappelle Show no se vio por acá, pero gracias a YouTube, algunos momentos de ese programa se hicieron clásicos del humor online, en particular unos en los que participa el hermano de Eddie Murphy (Charles) y donde Chappelle hace de los músicos Prince y Rick James.

Pero a dos años de empezar ese programa —que se había convertido en un éxito— Chappelle hizo lo inesperado: se retiró. Tenía 32 años y le habían ofrecido unos 50 millones de dólares para dos nuevas temporadas. Renunció al dinero, se fue para su casa y desapareció de los medios hasta hace un par de años, cuando empezó a dar esporádicas entrevistas y aparecer como invitado en otros programas de televisión, como el clásico Saturday Night Live.

A pesar de que estuvo más de una década “ausente”, Chappelle mantuvo bastante de su renombre y popularidad, lo cual ayuda a entender por qué Netflix le va a pagar 60 millones de dólares por tres programas de stand up.

El miércoles pasado se estrenó el primero, The Age of Spin, que traducido sería algo así como “La época de la exageración” o “La época de la vuelta de tuerca”. El título alude al papel de los medios masivos de comunicación (pero también los políticos) y cómo éstos tratan a la información, las citas, los datos y el contexto de una manera particular, ya sea para ajustarse a una línea editorial, sumarse a un debate u operar políticamente.

Sin embargo, Chappelle no somete a los medios a la lupa de su filosa lengua ni a su aguda observación. En vez de eso, usa sus dones para —igual que Chris Rock— hablar de las relaciones entre las “razas”. Y se vale de dos figuras altamente controvertidas, y negras, para esto: O.J. Simpson y Bill Cosby.

“La representación importa” es un mantra que se repite en las batallas culturales actuales, y no solo por los negros en Estados Unidos. Exceptuando los hombres blancos y heterosexuales —que siguen teniendo asegurados los mejores lugares en los afiches de las películas— todos luchan. Primero por un lugar en la pantalla, y segundo por un papel que sea una representación, si no positiva, sí “digna”.

Los casos de Simpson y Cosby son una herida aún abierta para muchos de los negros que vieron en ellos a representantes de su colectividad, y Chappelle los usa a ambos con gran eficacia para presentar un espectáculo calculado, con un guión evidente y eficaz.
Como los mejores de la disciplina (Rock, Louis CK), Chappelle consigue hacer reír y pensar al mismo tiempo, reconciliando la paradoja de la carcajada y la reflexión.

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