AMY SCHUMER

Una comediante que estrena su estrellato en el escenario

La protagonista de “Esta chica es un desastre” tiene nuevo espectáculo de stand up en Netflix, en cuero.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Amy Schumer. Foto: Difusión

Primero, se hizo un nombre en programas de televisión. Principalmente como una comediante cuyo personaje oscila entre cierta ingenuidad preguntona y un punzante sarcasmo.

Después, Schumer saltó a una fama mayor cuando hizo la película Esta chica es un desastre (2015), una de esas buenas y típicas comedias de Judd Apatow, que parecen contestatarias y cuestionadoras durante un buen rato, para revelarse al final como profundamente convencionales y conservadoras. La película fue un éxito contundente: costó 35 millones y recaudó más del triple de la inversión en todo el mundo.

Ese rápido reconocimiento fue la que la hizo —como ella mismo dice en este espectáculo que subió a Netflix hace unos días— "rica, famosa y humilde".

"Cada comediante tiene su especial de cuero", es otra de las frases de Schumer, en referencia a principalmente Eddie Murphy, que actuó enfundado en cuero tanto en Delirious como en Raw.

La vestimenta de cuero, al tener entre otras cosas connotaciones sexuales, le da pie a Schumer para desarrollar, en sus rutinas, un tema rico para los comediantes de stand up: las relaciones sexuales, que se extienden luego a las relaciones de género.

Con mayor o menor presencia, el sexo y la interacciones entre hombres, mujeres —junto a un menú de preferencias sexuales— casi siempre está en los stand ups de las estrellas del stand up.

Schumer es tan procaz o zafada como Louis CK o Chris Rock, pero claro: la mirada es femenina. Más allá de eso, también es una mirada bastante amable. Como cuando explica por qué, según ella, no se le da suficientemente reconocimiento al hombre cuando se habla de las "tareas" que le toca a éste en una relación sexual.

O como cuando habla de, de una manera explícita y específica, sobre las cosas que a ella (más bien, a su personaje) le gustan en el sexo. Algunas de ellas a veces parecen provenir de la casi inabarcable cantidad de secciones en los canales de pornografía de internet que, claro, son principalmente para gustos masculinos.

Schumer, en ese sentido, es de las comediantes que se centran en su individualidad, sus condiciones de vida y las reflexiones que hace, a partir de ese lugar, en torno a ciertos tópicos. Pero como "lo personal es político" (Carol Hanisch dixit), sus chistes iluminan áreas más grandes y llevan de manera implícita un comentario o punto de vista sobre las relaciones de poder (y querer) entre los géneros.

Schumer es eficaz. Sabe sacarle partido a su apariencia, y hacer chistes sobre las expectativas que tienen las personas "redonditas", y sus aspiraciones amorosas y sexuales. Sobre todo si entre esas aspiraciones está Bradley Cooper.

Pero hay ciertas partes del guión que parecen víctimas de cierta pereza, o tal vez del apuro para cerrar un espectáculo televisivo como este. Las incomodidades que provocan algunas inevitables funciones corporales al principio de una relación amorosa están muy trilladas. Sobre todo porque la anécdota de Schumer, cuando termina, no aporta más que lo más obvio.

Y tampoco demuestra —al menos en este caso— demasiada destreza cuando sí habla de un tema abiertamente político en su país, como la tenencia de armas

El show dura una hora, más o menos, con altibajos y algunas bromas muy crudas y directas. Schumer no parecería demasiado preocupada por un eventual prestigio. Parece tener metas más modestas, como hacer reír.

Lo consigue pero con menos frecuencia que cuando se estaba abriendo camino como comediante en los sketches del programa Inside Amy Schumer .

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