CINE

Comedia "terraja" sobre padre, hija y balneario sin glamour

Hoy estrena Las toninas van al este, película uruguaya de Perrotta y Delgado.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Delgado y Perrotta, una sociedad que está estrenando película. Foto: F. Flores

Verónica Perrotta conoció a Gonzalo Delgado en el set de la película Whisky. Ella era parte del elenco, y él estaba a cargo de la dirección de arte. Luego volvieron a coincidir en el rodaje de Acné. Durante los tiempos muertos (que sobran en el cine), tomaban café y así surgió la idea de escribir un guión juntos.

"Fue como un juego, un comentario, un desafío", dice Delgado. Por cuatro años intercambiaron mails con ideas y cada dos meses se reunían para avanzar en la escritura. Finalmente, una noche en que Delgado estaba de cumpleaños, subieron la apuesta: la iban a dirigir juntos. Sumaron al equipo a la productora Micaela Solé quien consiguió los fondos necesarios para rodar Las toninas van al este, que hoy finalmente se estrena en varias salas.

En el mismo salón donde se selló esa alianza, estos socios aseguran que esperan el estreno con menos nervios y más alegría de lo previsto. Aun encargándose de la prensa y de la distribución. Sus teléfonos no dejan de sonar.

"Sí me di cuenta de que extraño el silencio y estar en mi casa escribiendo", confiesa Perrotta. Delgado, por su parte, ya tiene ganas de volver a su principal vocación: la pintura.

La casa de Delgado, director de arte de varias de las principales películas uruguayas, está decorada con muebles que fueron utilizados en Gigante, Clever y Los enemigos del dolor. También guarda la escultura de un león de la primera película en la que trabajó: El faro, con Ricardo Darín y Norma Aleandro. Y en una de las paredes hay un cuadro con el rostro de Gardel pintado al óleo que formó parte de la decoración de la casa de Miguel Ángel García Mazziotti, el excéntrico personaje que Jorge Denevi interpreta en Las toninas van al este. Esta vez Delgado delegó el arte a su equipo habitual, Nicole Davrieux y Alejandro Castigloni; Arauco Hernández dirigió la fotografía.

Otros actores convocados fueron Adriana da Silva, Catharina Pascale, Fernando Amaral, Pablo Albertoni, César Troncoso (que tiene un pequeño personaje digno de tener una película propia) y el estilista Herber Vera, un habitual colaborador de Delgado en sus trabajos. Uno de los rostros nuevos y que logra destacarse es Ramiro Firme, un joven actor que surgió del casting de Relocos y repasados. Perrotta y Delgado reconocen, además, que Federico Veiroj y Sergio de León fueron de los cómplices más importantes para hacer salir adelante el proyecto.

Tanto Perrotta como Delgado se reservaron más de un lugar en la película: además de escribir, producir y dirigir, también actúan. "Eso te coloca en un lugar de respeto hacia tus actores, porque sos más cuidadoso y porque estás poniendo la cara junto a ellos. El estar de los dos lados de la cámara tiene muchos beneficios, porque hace que el proceso sea más sanguíneo; tenés que dejarte otro corte de pelo y vestirte de determinada manera, y antes de actuar gritar acción", dice Delgado.

Perrotta es la protagonista, Virginia, una mujer con actitudes infantiles que decide visitar sin aviso a su padre, un relacionista público gay y extravagante que intenta esconder de su hija la decadencia laboral que lo azota. Detrás de Virginia vendrá su marido (Delgado) y el asunto se complica. La historia transcurre durante un fin de semana en Punta del Este, en pleno invierno.

Saberse terraja.

"Tuvimos que defender mucho el guión, porque nosotros sabemos que es terraja y eso nos encanta", dice Perrotta. "Había algo de esa comedia que no le cerraba a todo el mundo".

"Las películas son como la vida y vos vas cambiando de pareja, de casa, de trabajo y eso repercute", agrega Delgado. "Lo único que no varió fue la dupla protagónica. Pero la anécdota comenzó siendo un dramón, luego un drama con algo de comedia, hasta que mutó en una comedia de golpe y porrazo, y finalmente salió esta mezcla de comedia dramática".

"El concepto central de la historia fue cambiando mucho en esos cuatro años", dice Delgado. "Primero fue retratar a un padre homosexual de otra generación y cómo encara un hombre como él la paternidad, pero luego eso se convirtió en uno de los temas secundarios".

La dupla escribió pensando en el comediante argentino Enrique Pinti como ese padre desapegado, pero ni siquiera pudieron comunicarse con él para concretar una reunión. El personaje quedó en manos de Denevi, quien se había tomado el 2014 libre para disfrutar del Mundial de Fútbol (es así de futbolero). Aunque no pudo ir porque tuvo que protagonizar su segunda película; la primera fue El ingeniero.

La primera reunión con Denevi fue en la casa de Delgado. Perrotta recuerda que le pidió permiso para abrazarlo y así convencerse de que era él, porque buscaba un físico que luciera bastante más grande al lado de ella.

"Denevi carga con la comedia en sus hombros. Coincidimos en que el estilo de la actuación tenía que ver con el cine italiano de la década de 1960, sobre todo tomando como referente a una figura como Alberto Sordi para varias escenas. No para todas, porque el registro se va atenuando a medida que avanza la historia", resume Delgado.

Las toninas van al este inició su recorrido hace unos meses en el Festival de Cine de Málaga, y luego de su estreno de hoy en Uruguay viajará a Brasil para probar suerte en el Festival de Gramado.

"Nos preocupa mucho el público", coinciden. "Pero al mismo tiempo estamos tranquilos, porque la vimos varias veces y siempre coincidimos en que el resultado es el de una película que a nosotros nos gustaría ver".

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