Entrevista con juan vera

“Esta es una comedia existencialista, entre Bergman y Sofovich”

El autor y director de El amor menos pensado analiza esta taquillera película, que se sumó a la cartelera local

Juan Vera
Juan Vera, el creador de El amor menos pensado. Foto: Leonardo Mainé

La destacada carrera cinematográfica de Juan Vera quizás no ha estado tan a la vista del gran público, dado que su rol de productor muchas veces lo ha colocado a la sombra de los rostros de los actores. Sin embargo, a él se le debe una larga lista de éxitos del cine argentino. De hecho, ha producido, entre otros, los largometrajes El hijo de la novia (2001) y Luna de Avellaneda (2004), de Juan José Campanella; Leonera (2008), Carancho (2010) y Elefante blanco (2012), de Pablo Trapero; Un novio para mi mujer (2008), de Juan Taratuto; y Zama (2017), de Lucrecia Martel. También ha escrito junto a Daniel Cúparo los guiones de Igualita a mí (2010) y Dos más dos (2012), ambas de Diego Kaplan. Pero El amor menos pensado, que protagonizan Ricardo Darín y Mercedes Morán, es una película muy significativa para él, dado que no solamente es de su autoría, sino que además es su primer largometraje como director.

—En el fondo del argumento, no se trata de plantear que una pareja tiene que seguir aunque no haya amor. ¿Cómo es esa relación entre el amor y la pareja en la película?

—Bueno, yo quise hacer la pregunta. No tengo la respuesta. No creo que la película dé una respuesta. De hecho, la pregunta que se hacen al principio los protagonistas, también se la hacen al final. Y la respuesta es la misma, pero los resultados no son los mismos. Creo que la gran pregunta que nos hacemos todos, más allá de la película, es sobre la naturaleza cambiante del amor. Y muchas veces confundimos el amor con el enamoramiento, o con la pasión. En la película quise desarmar ese combo, no para volver a armarlo, pero sí para ver cómo está compuesto.

El amor menos pensado
Tráiler de  "El amor menos pensado", con Ricardo Darín y Mercedes Morán

—El amor menos pensado es una comedia que no busca hacer reír todo el tiempo. ¿En qué género la ubicás vos?

—En el rodaje decíamos que es una comedia existencialista, entre Ingmar Bergmann y Gerardo Sofovich. Se podría decir que es una comedia dramática, pero tiene un cruce de géneros. Al principio tiene una parte dramática, luego tiene situaciones que se podrían encuadrar en el grotesco, y otra parte más romántica, al final. Me pareció interesante surfear entre varios géneros. Tengo el problema que me gustan muchos tipos de películas, desde las comedias llanas hasta Lucrecia Martel.

—A nivel de arte está muy cuidada…

—Me importó siempre, al hacer esta película, que se viera bella, cuidada, agradable a la vista. Porque el tema que está planteando, la separación de una pareja, no es del todo fácil. Y tiene eso de la comedia, de tener un envoltorio dulce, que te permite que te tragues la pastilla, y que la pastilla te cause el efecto, pero que no la rechaces. Buscamos que el espectador no sienta que no quiera que le hablen del tema, aunque la película causa una incomodidad. 

—La vivienda de ese matrimonio es como un personaje más de la película. ¿Cómo fue hecha?

—Yo quise mostrar esa casa, y la historia que esa casa tenía, construida por los dos personajes, donde entraban en juego también todos sus objetos. Y que desarmar esa casa fuera difícil, en términos materiales, y también emocionales. Y yo insistí mucho para que fuera en un estudio, o sea que es un decorado, construido, e hicimos un ciclorama y desde una terraza filmamos las distintas horas del día. Y lo proyectábamos mientras rodábamos, con tres proyectores. Fue la primera vez que se hizo.

—¿Cómo es dirigir a Ricardo Darín?

—Fue fácil, muy placentero. El conjunto de actores de la película son como instrumentos que tienen unos sonidos increíbles. Y eso es maravilloso, pero tiene la dificultad de elegir cuál de todos esos sonidos, es el que yo quiero. Tanto en Ricardo como en Mercedes Morán, lo que más me costó fue elegir entre opciones todas de mucho nivel. El guion creo que ayudó también, porque era claro. Tenía algunas referencias culturosas, que luego las limpiamos.

—Y evitaste el melodrama.

—Sí, a mí me gustan las películas que emocionan, pero no quise empujar ninguna emoción. Salvo en el final, quizá, hay una leve concesión. Pero el resto de la película quise que estuviera a una cierta distancia. Creo que la película tiene algo, como que hace que el espectador quiera que los protagonistas estén juntos. Y traté de llevarlo genuinamente hacia ese lugar. No busqué intervenir en la emoción del espectador ni con la música, ni con los encuadres.

Juan Vera y Ricardo Darín
Juan Vera y Ricardo Darín en Montevideo. Foto: Leonardo Mainé

—Interesante ese juego que tiene El amor menos pensado entre las relaciones de parejas, y las de amistad.

—Sí, me gustó mucho trabajar eso del mundo de los amigos, como espejo de lo que a uno le pasa. Todos tenemos un amigo al que le contamos cosas. La confesión con el amigo es una cosa… muy bella. Cuando un amigo te viene a contar algo, o vos necesitás contarle algo, es una instancia privada muy personal. También busqué que los personajes secundarios tuvieran una vida propia, que no fueran solamente funcionales a la historia.

—En Argentina ya la vieron más de 700 mil espectadores...

—Sí, luego del estreno acá en Uruguay, la semana pasada, se estrenará en Perú, en Colombia. El 30 de noviembre se estrena en España, el 20 de febrero en Francia. Creo que tiene un buen recorrido internacional, para ser comedia, que creo que son bastante despreciadas por la alta cultura cinematográfica. A veces las compran más los formatos, para hacer remakes. Pero bueno, tuvimos la enorme alegría de abrir con esta película el festival de San Sebastián. Y supongo que en algún momento va a estar en streaming, el año que viene.

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