CINE

Comedia sobre apariencias y eso de no poder ser

La película uruguaya "Las toninas van al este" se estrena el jueves.

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Foto: Darwin Borrelli

Luego de presentarse en los festivales de Málaga y Gramado, este jueves se estrena Las toninas van al este. Es una comedia coproducida entre Uruguay y Argentina, escrita y dirigida por una dupla uruguaya, Gonzalo Delgado y Verónica Perrotta, quien además es la protagonista.

Vinculado en sus comienzos al colectivo de la productora Contol Z, Delgado ha sido director de arte (Whisky, Miss Tacuarembó, Los enemigos del dolor, Clever), diseñador de producción (25 Watts, Liverpool del argentino Lisandro Alonso, El apóstata) y guionista (Whisky, La vida útil, 3, El apóstata). Las toninas van al este es su primera película como director.

Perrotta viene del teatro, donde en 1993 se inició con Luis Cerminara; en ese rubro ha desarrollado una carrera como actriz, directora y dramaturga. Esa misma amplitud la ha mantenido en el cine: escribió y protagonizó Flacas Vacas y actuó en La espera, Una noche sin luna y Whisky. Ahora debuta en la dirección.

La película que transcurre en Punta del Este es el encuentro entre una hija (la propia Perrotta) y su padre (Jorge Denevi), una figura de la farándula rioplatense, gay y en decadencia.

De larga trayectoria como guionista, actor y director de televisión y teatro, en los últimos tiempos Denevi (aquel Flaco Cleanto) ha encontrado un lugar en el cine uruguayo. Estuvo en El ingeniero de Diego Arsuaga en 2012.

La historia se centra en Miguel Ángel García Mazziotti, el personaje de Denevi, cuya vida transcurre con calma, y hasta cierto tedio en Punta del Este. Pero esta calma se verá afectada cuando inesperadamente reciba la visita de su hija Virginia, una maestra de Jardín de Infantes, con quien no se habla desde hace años, pero quien tiene algo importante para decirle.

Así comienza un fin de semana donde este padre y esta hija intentarán conocerse, entenderse e incluso aceptarse, con telón de fondo las playas invernales de Punta del Este.

"Filmar en Punta del Este por un lado tiene que ver con el personaje y su trabajo, y también hay un simbolismo de la relación de Virginia con su padre: qué distinto que es este balneario popular cuando se fue el glamour", comentó Perrotta en una entrevista con El País. "Además, es un símbolo nacional de las apariencias y eso tiene que ver con el drama de la película, que es acerca de la intención de querer pertenecer a un lugar y no poder".

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