CINE

Cinemateca: el necesario comienzo de una nueva etapa

La directora de Cinemateca, María José Santacreu, habla sobre las posibilidades de la nueva sede de la filmoteca uruguaya. 

Además albergará un complejo cultural de 6.000 metros cuadrados, donde funcionará la Cinemateca y el emblemático bar Fun Fun. El conjunto estará vinculado peatonalmente con el Teatro Solís.
El nuevo complejo de Cinemateca.

Con una muestra de cine radical, una celebración de los 100 años del nacimiento de Ingrid Bergman y varios estrenos, este 6 de diciembre se inaugura al público la nueva sede de Cinemateca.

Con tres salas ubicadas en el edificio de la Corporación Andina de Fomento (en Ciudadela y Reconquista, detrás del teatro Solís), el recinto ofrecerá nuevas maneras de vivir el cine. “Es la vieja Cinemateca pero mejor que nunca”, dice María José Santacreu, su directora. 

“Nos mudamos pero mantenemos lo que vale la pena: la programación y la memoria institucional. Es como que le ofrecieras a un veterano un cambio de cuerpo con el de un joven”. El nuevo espacio contará con condiciones de proyección y de sonido de última generación, y las comodidades de las principales salas de Uruguay.

El proceso para trasladarse a una nueva sede comenzó en 2012 a través de un convenio con la Intendencia, y tomó seis años en materializarse. Además de las posibilidades que brindan las tres salas, el nuevo espacio de Cinemateca permite incluir un centro de documentación que albergará todas las reseñas de cine que se ha publicado en Uruguay desde 1952. “Como vamos a tener un lugar más amplio, eso nos permite abrir una biblioteca donde se puedan leer los materiales de archivo en sala e incluso generar préstamos a domicilio”.

Santacreu explica que otras de las ventajas del nuevo recinto es que se podrá realizar proyecciones en cintas de 35 mm, un formato que no podía ser aprovechado en las salas. “Los proyectores que tenemos son buenísimos para este tipo de cine”, dice. “Antes teníamos problemas porque los viejos proyectores tiraban mucho de la cinta y se rompían. Esta es otra tecnología y nos ayudan a cuidar un poco más el archivo”.

Santacreu plantea que estos cambios permitirán que Cinemateca sea un “verdadero centro cultural”, donde se apostará a charlas de directores de primer nivel. “Es tan impactante este cambio que te reactiva las ganas de hacer un millón de otras cosas que en las otras salas eran más difíciles”, explica.

“Cada uno tiene su historia en esas salas”: Tres preguntas a María José Santacreu

—¿Cómo surge la idea de despedirse con una proyección de 24 horas?

—Quisimos despedirnos de las viejas salas con algunas de las tantas películas que disfrutamos a lo largo de los años. Queríamos darle a los montevideanos, y a la gente del interior, la posibilidad de acercarse por última vez a la vieja Cinemateca. La idea era darnos el gusto de programar películas de madrugada y poder ver a Antonioni a las 4.30 o a Nosferatu a las 2.00. Además vamos a tener una mesa con memorabilia para vender.

—¿Sentís que Cinemateca funciona como lugar de intercambio social?

Sí, es un lugar que mucha reúne gente y se logró que la gente que llegaba del interior, de repente sin conocer Montevideo, al ratito ya estuviera en Cinemateca. Es muy querida socialmente y la gente se acerca y te cuenta que ahí conoció a su esposo, o que en ese lugar vieron una película que lo marcó, o que iban con amigos para ver estrenos. Cada uno tiene su historia en esas salas. No es solo cine.

—¿Qué anécdotas te dejan las viejas salas de Cinemateca?

—A los 16 años mi madre me pagaba la Cinemateca y los boletos. Yo iba al liceo y después a salía para Cinemateca sin mirar lo que se programaba; tenía la confianza de que la programación iba a ser buena. Para muchos, la llegada del boletín de Cinemateca era como Papá Noel, te sentabas en las escaleras de mármol a mirarlo y hacer cruces con todo lo que querías ver. Ese fue un momento muy importante en mi vida.

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