“Birdman” es un ejemplo cercano de una tendencia que va en aumento

Los cineastas mexicanos que lograron acaparar a Hollywood

Dos años seguidos un mexicano ha ganado el Oscar de la Academia en el rubro de mejor director. El año pasado fue Alfonso Cuarón por Gravedad, este año Alejandro González Inárritu por Birdman. Otro mexicano, el estupendo Emmanuel Lubezki, se alzó con su segunda estatuilla por mejor fotografía. Y cabe agregar que un par de argentinos (Nicolás Giacobone, Armando Bo) obtuvieron su parte, como libretistas de Birdman. ¿Es cierto, como lo sostenía alguna nota periodística, que la Academia "está mirando a Latinoamérica"?

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Alfonso Cuarón y Alejandro González ya tienen su Óscar.

Cabe un margen de escepticismo. Es dudoso que el Cuarón de Gravedad pueda ser considerado un director mexicano: se trata de una típica producción industrial norteamericana a la que el cineasta aplica su más que considerable oficio, pero no parece imprescindible ser mexicano o participar de algún otro tipo de "identidad cultural" para hacerla. El toque de "realismo mágico" que impregna por momentos a Birdman es más personal y más latino, pero dudosamente marca una tendencia general. (Sin embargo no fue casualidad que en el In Memoriam del Oscar figurara correctamente Gabriel García Márquez como guionista de cine: fue muy importante en esa área).

Naturalmente, México está al lado de los Estados Unidos, el flujo migratorio importa, y Hollywood siempre le ha dedicado un espacio a los mexicanos, aunque no necesariamente el que se merecen. Actores de "south of the border" han tenido éxito en la industria, desde Lupe Vélez a Anthony Quinn, desde Rodolfo Acosta a Gilbert Roland, desde Dolores del Río a Pedro Armendáriz o Jorge Rivero y más cerca Salma Hayek, aunque demasiadas veces han dado lugar al estereotipo (el bandido medio loco con sombrerote y dos pistolas, la morocha celosa e iracunda).

Ha sido menor el flujo de directores, y de hecho los nombres importantes de los últimos años se reducen a tres: Cuarón, González Iñárritu y Guillermo del Toro. En cambio, una lista más larga de interesantes cineastas mexicanos dudosamente le suene al público y a la industria de los Estados Unidos.

Hace algunos años, en una conferencia de prensa a la que asistían Cuarón, del Toro e Iñárritu, una periodista que no sabía con quiénes se metía describió a los tres realizadores mencionados como "Los Tres Mosqueteros" del cine de su país. Del Toro, que es el que tiene mayor sentido del humor de los tres, le respondió: "Creo que más bien somos Los Tres Chiflados".

Hay diferencias entre ellos, sin duda, pero también elementos que los unen. Mientras otros cineastas valiosos de México (desde el veterano Arturo Ripstein hasta los más jóvenes Carlos Reygadas o Juan Rulfo hijo) han preferido apostar a una producción mucho más nacionalista y, en varios casos, más personal, el trío que nos ocupa ha sabido moverse con similar solvencia en su México natal y en la industria internacional (española, británica, estadounidense). Son realizadores "comerciales" en el sentido de que sus películas nunca pierden de vista a un público amplio, pero negocian con lo que les gusta hacer: no son mero empleados de las compañías productoras.

Hay también diferencias de estilo y carácter. Del Toro viene del cómic y la literatura fantástica. Cuarón es una suerte de narrador clásico, heredero de la gran novela del siglo XIX: supo modernizar a Dickens en Grandes esperanzas, pero también hacer futurismo crítico en Niños del hombre a partir de un libro atípico de P. D. James, y hasta proporcionar en Harry Potter y el prisionero de Azkabán la mejor entrega de esa serie. Del Toro se caracteriza por la creación de ambientes tétricos y agobiantes o situaciones mágicas y fantásticas. Su estilo está marcado por la fascinación por los cuentos de hadas y los temas oscuros. Sus trabajos incluyen frecuentemente monstruos o seres fantásticos. Recientemente estuvo involucrado en la preproducción de la trilogía de El Hobbit, pero terminó abriéndose del proyecto (aunque conserva un crédito como colibretista).

Iñárritu aspira a ser más original y ambicioso, lo que a veces es una virtud (en Birdman ha demostrado que su instinto no le fallaba) pero otras lo conduce al exceso de pretensiones (su episodio del 11 de setiembre: el día que cambió al mundo; Biútiful). No hay duda de que se trata de tres realizadores talentosos y que su carrera debe ser seguida con atención, pero no es obvio que representen "una invasión latinoamericana en Hollywood". De todos modos resultaría simpático que, ya que dicen que no hay dos sin tres, del Toro ganara el Oscar del año que viene.

Los otros: Valiosos cineastas de México no buscan fama mundial

n Desde hace dos días, por lo menos, con el triunfo de Birdman en los Oscar, Alejandro González Iñárritu debe ser la figura cinematográfica más notoria en los Estados Unidos dese Cantinflas, y Cuarón y del Toro lo siguen de cerca. Corresponde empero reflexionar (en la nota larga que hay cerca de aquí se hace algo de eso) si su cine representa realmente a México. Alguien acaba de observar atinadamente que Gravedad, e incluso Birdman, son tan "mexicanas" como es uruguaya Posesión infernal, la "remake" de Evil Dead realizada por nuestro compatriota Fede Álvarez. No es un problema de calidad sino acaso de carácter. Los tres realizadores tienen "calle" y se mueven con igual soltura en castellano que en inglés, con temas internacionales o de su país (es un poco lo que pasa con Ang Lee, que puede hacer una película sobre chinos pero también Sensatez y sentimientos o Hulk). Todo indica que tiene más dificultades, o menos interés en ingresar en el mercado anglosajón, gente como Jaime Humberto Hermosillo, el gran Arturo Ripstein (éste hizo una producción internacional, Foxtrot, pero no era gran cosa) o el tarkovskiano Carlos Reygadas, cuyo cine denso e intelectual quizás atraiga menos a un público estadounidense.

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