El drama griego invita a pensar en películas que han atendido el tema

Cuando el cine se ocupa de las crisis financieras

La crisis griega es el ejemplo cercano más obvio, y mientras se escribe esta nota no se sabe aún qué va a pasar con el bizantino plebiscito convocado por el gobierno de Tsipras acerca de decirle sí o no al euro (cuando se lea ya se conocerá el resultado).

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Protestas contra un mundo en crisis financiera. Foto: Archivo El País

Pero ésta es una página de espectáculos y no de economía, y el tema es solamente el disparador para una reflexión de cómo el cine ha reflejado no necesariamente esta crisis, pero sí otras que la antecedieron o ayudaron a provocarla.

La abrumadora presencia estadounidense en las pantallas locales y mundiales obliga inevitablemente a concentrarse en las películas provenientes de la industria de Hollywood, aunque en Europa y otros lados debe haber también gente reflexionando cámara en mano acerca de cosas que están mal en el mundo con la economía y las finanzas. Sin embargo no está muy lejos un film europeo que se ocupa no de la interna de las altas finanzas, sino del modo como la crisis económica incide en la gente común. En Dos días y una noche, de inminente estreno, los hermanos belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne se ocupan del caso de una trabajadora (la espléndida Marion Cotillard) a quien se le informa que va a ser despedida porque en la empresa en la que trabaja hay que recortar gastos, y los trabajadores deben votar para decidir entre echarla a ella o cobrar su prima anual. A lo largo de los dos días y la noche del título, el personaje irá visitando a esos compañeros para tratar de convencerlos de que renuncien a ese dinero extra y le salven el empleo.

Ese tránsito sirve para retratar un abanico de reacciones diversas, desde la solidaridad al egoísmo, desde la vergüenza a la prepotencia extrema, y también para comprender las razones de unos y otros: el mundo no es en blanco y negro. Esta clase media en crisis tiene sus razones: quienes tienen otro trabajo los fines de semana para sobrevivir, los que mandan a su hijo a un colegio pago, el que tiene su pareja en paro y depende de su único sueldo, los que se han comprado una casa nueva y cargan con las cuotas, el que se acaba de separar y añade los problemas económicos a sus turbulencias afectivas.

Yendo más arriba y enfocándose directamente en el mundo de los finanzas y sus protagonistas, es inevitable volver a Estados Unidos y arrancar con Oliver Stone, que habló muy mal de lo que sucedía en Wall Street en una película de 1987 llamada precisamente Wall Street, y volvió al tema en 2010 y repitiendo al personaje de Gordon Gekko interpretado por Michael Douglas en Wall Street, el dinero nunca duerme, en el que repercutía más nítidamente las consecuencias de la crisis de 2008.

Esa crisis fue examinada también desde diversos ángulos y en clave documental en Trabajo confidencial (Inside Job, 2010) de Charles Ferguson, que señalaba con dureza a varios culpables y llegó a ganar un Oscar. La misma historia, pero ficcionalizada, fue contada en el telefilm de HBO Too Big to Fail (2011), donde William Hurt encarnó a una versión muy blanqueada del secretario del Tesoro Henry Paulson, que según esa versión dirigida por Curtis Hanson vio lo que se venía, trató de impedirlo y no lo logró. Hay sin embargo versiones más oscuras de la conducta del personaje.

Vale la pena retener el título de El precio de la codicia (Margin Call, 2011), con Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons y Zachary Quinto, que no era gran cine pero proporcionaba un retrato más persuasivo de los tiburones financieros. La obra maestra del género es de todos modos El lobo de Wall Street (2013) de Martin Scorsese, que se concentra en un personaje auténtico y menor pero no perdona a nada ni a nadie en su demoledor retrato de la persecución de la riqueza a cualquier costo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados