Murió el intérprete de Drácula, la Momia, Fu Manchú y otros íconos del miedo

Christopher Lee: adiós a una leyenda del terror

Inevitablemente, casi todo el mundo está diciendo "murió el conde Drácula", porque ese aristocrático vampiro fue el papel que el no menos aristocrático Christopher Lee interpretó más veces en su vida.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: AFP.

Para ser precisos, diez veces, aunque para llegar a esa cifra haya que incluir un "cameo" no acreditado en Otra vez (1969), una comedia dirigida por Jerry Lewis, y una versión paródica (Drácula, padre e hijo) del francés Edouard Molinaro en 1975. Pero ese es solamente uno de los personajes que Lee encarnó a lo largo de su extensa carrera, una de las más nutridas de la historia del cine, en la que hay más de doscientos títulos.

Falleció con 93 años el pasado 7 de junio, por problemas respiratorios, en un hospital londinense, aunque sus familiares demoraron en divulgar la noticia, quizás porque quisieron al principio un poco de privacidad. Había nacido en Londres en 1922, en una familia que, por lo menos del lado materno, provenía de la más rancia aristocracia europea. Su padre fue el teniente coronel Geof- frey Trollope Lee, de la Guardia Real Británica. La sangre de su madre era todavía más azul: la condesa Estelle Mari Carandini di Sarzano pertenecía a una de las familias más antiguas de Europa, y quiere la leyenda, por lo menos, que estuviera emparentada con nadie menos que el emperador Carlomagno.

Comienzos.

Los padres se separaron siendo él muy niño, y quedó a cargo de la madre, que lo educó en Suiza y luego volvió con él a Londres. Realizó estudios clásicos en el Wellington College y se destacó en varios deportes, en los que seguramente ayudaron un físico privilegiado y su metro con noventa y seis centímetros de estatura. En la Segunda Guerra Mundial recibió entrenamiento como piloto, pero por problemas de visión fue transferido a operaciones de inteligencia.

Luego del conflicto descubrió que era nieto de la célebre cantante de ópera australiana María Carandini, sospechó que podía haber también en él una veta artística, y se inclinó hacia la actuación, haciendo pequeñas cosas en teatro, televisión y cine. En 1948 realizó una aparición muy breve en el Hamlet de Laurence Olivier, película en la que también actuaba, igualmente en un papel lateral (y sin compartir ninguna escena con él) otro joven actor llamado Peter Cushing. Se hicieron amigos desde entonces.

Continuó con papeles pequeños en cine y teatro durante varios años más (desde El pirata hidalgo y Moulin Rouge, ambas de 1952, hasta La batalla del Río de la Plata, 1956), mientras su amigo Cushing se convertía en uno de los más populares actores de la televisión británica. La gran oportunidad de ambos llegó empero en 1957, cuando la empresa Hammer Films compró los derechos de las viejas películas de monstruos de la Universal y las relanzó en color. Algunos de los integrantes del equipo de la Hammer fueron cambiando con los años, pero su "núcleo duro" estuvo integrado por Lee, Cushing, el excelente director Terence Fisher, el guionista Jimmy Sangster y el decorador Bernard Robinson. Casi todos ellos (Cushing no actuó en algunas) estuvieron en La maldición de Frankenstein (donde Lee encarnó a "la Criatura") y reaparecieron en Drácula (1958), La momia (1959), El sabueso de los Baskerville (1959), Las dos caras del Dr. Jekyll (1960) y El castillo de la Gorgona (1964) y Drácula, príncipe de las tinieblas (1966), todas ellas dirigidas por Fisher.

Sin Fisher pero continuando con Hammer y luego con la empresa Amicus (donde con frecuencia volvió a encontrarse con Cushing), Lee continuó asustando gente, encarnando a monstruos y villanos diversos, incluyendo al doctor Fu Manchú, "el Peligro Amarillo en Persona", creado por el novelista Sax Rohmer (aunque a veces estuvo de este lado de la ley, y hasta fue alguna vez Sherlock Holmes, papel que antes y después hiciera también Cushing).

En 1961, su primo Ian Fleming, que como él había trabajado en los servicios de inteligencia británicos antes de inventar a James Bond, lo propuso para encarnar al Dr. No en la primera película de la saga interpretada por Sean Connery. Por problemas de agenda Lee no pudo aceptar, y Joseph Wiseman fue la segunda opción (años más tarde se enfrentaría con Bond, pero encarnado por Roger Moore, en El hombre del revólver de oro).

Si Cushing aceptó encasillarse en el género de terror por estrictas razones económicas (debía pagar las altas facturas médicas de su esposa de siempre y enferma crónica Helene Beck), es posible que Lee lo haya hecho porque lo siniestro y lo oscuro sinceramente lo atraían. Pudo haber hecho otras cosas (fue por lejos el mejor actor que haya salido de la Hammer), pero le gustaba lo que hacía.

Talentos.

Estaba especialmente capacitado para ello, además. Dotado de una espléndida voz, un aire a la vez atrayente e inquietante, y hasta un controlado erotismo (Fisher, en particular, hizo de su vampiro un gran seductor), su constitución era la de las reales estrellas, esa imponderable "presencia en pantalla" que se tiene o no se tiene, y Lee la tenía.

No en vano, los creadores del cine fantástico de los últimos cuarenta años recurrieron una y otra vez a él. Por supuesto, hizo muchísimo cine secundario (salvo excepciones, el terror carece de prestigio intelectual, y las empresas suelen destinarle presupuestos reducidos), pero no es casual que desde Tim Burton (Charlie y la fábrica de chocolate, 2005; El cadáver de la novia, 2005; Alicia en el País de las maravillas, 2010, en estos dos últimos casos usando solo su voz) hasta George Lucas (en las últimas Star Wars, como el conde Dooku) y por supuesto Peter Jackson (en las trilogía de El señor de los anillos y El Hobbit, como Saruman) lo utilizaran. Ni siquiera Martin Scorsese (en La invención de Hugo Cabret, 2011) se olvidó de él. Thanks for the memories, Chris.

Dueño de un boliche en pleno Montevideo.

Cuando la productora The Archers, de Michael Powell y Emeric Pressburger, decidió contar la historia de la persecución y hundimiento del Graf Spee en la película que terminó llamándose La batalla del Río de la Plata (1957), los azares de rodaje llevaron al equipo a través de medio mundo. Buena parte de la acción se filmó en la isla de Malta y sus alrededores, en el océano Atlántico, más algunas escenas en Portsmouth y en los estudios Pinewood en Londres.

Sin embargo, un equipo de segunda unidad se trasladó a Montevideo para captar algunas escenas del puerto, las tomas de gente en la rambla esperando el desenlace de la historia, y unos breves planos de la avenida 18 de Julio con sus carteles de neón para agregar color local.

La escena más pintoresca involucra a Christopher Lee, que interpreta (brevemente) a Manolo, dueño de un bar en la rambla, donde hay algún extra disfrazado de gaucho y un periodista radial que vocea al mundo lo que está ocurriendo. Es la escena más falsa del film (la ambientación parece centroamericana), sin culpa de Lee.

TRES MALVADOS INSUSTITUIBLES DE LA PANTALLA.

Drácula - Reino Unido 1958.

La foto adjunta no le hace realmente justicia a Christo-pher Lee. Podía ser un vampiro, pero rara vez dejaba de ser todo un caballero y un seductor. Eso de andar chorreando sangre no era lo más habitual en él.

El hombre del revólver de oro - Reino Unido 1974.

Se perdió la oportunidad de ser el satánico doctor No, pero James Bond 007 lo esperaba con el aspecto de Roger Moore. Aquí interpretó al personaje titular, Francisco Scaramanga, que por supuesto aspira a dominar el mundo.

El señor de los anillos - Nueva Zelanda 2001-2003.

Saruman, el mago antagonista del bondadoso Gandalf. Más envejecido, Lee repitió al personaje cuando se suponía que era más joven y más bue- no en la trilogía de El Hobbit. Dicho sea de paso: Lee conoció personalmente a Tolkien.

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