Entrevista

Chino Darín en el papel más desafiante de su carrera y en la historia reciente uruguaya

El jueves se estrena La noche de 12 años, la película de Álvaro Brechner sobre la cárcel para Mujica, Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof, el personaje que interpreta el actor argentino

Chino Darín
Chino Darín estuvo en Montevideo promoviendo "La noche de 12 años"

Chino Darín no se puede sacar las gafas oscuras porque tiene un orzuelo. Es un conversador simpático pero en lo físico se parece más a su madre, Florencia Bas, que a su padre, Ricardo Darín.

Chino Darín —en realidad se llama Ricardo pero el nombre de pila se lo quedó para siempre ese papá famoso— estuvo en Montevideo para promover La noche de 12 años, la película de Álvaro Brechner que se estrena el jueves. Allí, Darín interpreta a Mauricio Rosencof, coprotagonista junto a José Mujica (el español Antonio de la Torre) y Eleuterio Fernández Huidobro (el uruguayo Alfonso Tort), de la odisea que pasaron como rehenes de la dictadura militar.

Es el papel más desafiante para Darín, un actor en ascenso que también tiene en cartel El Ángel, prepara su primer coprotagónico con su padre y, encima, es el novio de Ursula Corberó, la Tokio de La casa de papel.

Sobre alguna de esas cosas, Darín conversó con El País.

—¿Qué sabía de lo que cuenta La noche de 12 años?

—Poco o nada. Conocía de la dictadura militar y los tupamaros. Sabía que Mujica había estado preso, cosas sueltas que resultaron tener poco que ver con la realidad cuando empecé a enterarme de los pormenores. Por ejemplo en qué condiciones estuvieron presos. Cuando empezás a investigar te das cuenta lo duro que fue eso.

—Te reuniste con Mauricio Rosencof, tu personaje...

—Álvaro (Brechner) me hizo una prueba de cámara y me contó por encima algunas cosas muy atractivas para laburar pero a la vez muy heavies de descubrir. Cuando me dijo que había quedado, vino todo un proceso de interiorizarme en la historia, leer el libro de Mauricio y otras fuentes, empezar a laburar el guion, Álvaro contándome más cosas, ver videos y finalmente encontrarme con “el Ruso” (Rosencof) en Montevideo para hablar de algo más intimista y personal. Quería ponerme un poco en sus zapatos y él estuvo muy generoso compartiendo anécdotas, pareceres, detalles: se lo agradezco mucho. Ahí descubrí de dónde se podía tirar para componer el personaje y me dio vía libre para crear a mi propio “Ruso”.

Chino Darín como Mauricio Rosencof en "La noche de 12 años"
Chino Darín como Mauricio Rosencof. Vea el trailer de "La noche de 12 años"

—Es una invención tuya, en definitiva, porque no hay filmaciones de su juventud.

—Sí y porque en definitiva era un poco la labor que me tocaba. En el caso de Mujica es distinto porque todos lo tenemos muy visto, se ha viralizado. Pero en el caso del “Ruso” y del “Ñato” (Eleuterio Fernández Huidobro) era un poco más sottovoce, y ellos mismos se encargaron de sacarnos la presión de tener que hacer un reflejo real. Rosencof me dijo que esta era su historia, ya la había vivido y relatado y ahora era nuestra. Fue muy liberador.

—¿Es el papel más demandante que te ha tocado?

—Nunca trabajé en algo tan exigente y duro. No era consciente de qué estaba por hacer. Era un desafío, sí, porque era la primera vez que tenía que jugar así con mi cuerpo en la actuación pero no sospechaba que iba a ser tan heavy. Estuve un año afectado con esta situación y no sé si no me queda algo. El factor psicológico es el que más te sorprende porque es al que menos bola le das. Uno es poco consciente hasta que pasa el tiempo y se ve en situaciones en las que puede comparar y sacar conclusiones que son difíciles cuando estás muy metido. Pero ahora me doy cuenta que me había ido a la mierda.

—¿Cuál fue la escena que más te exigió?

—La de la visita de mis padres fue parte de una seguidilla muy demandante porque requería un in crescendo de un estado de ocultar a tratar de ser permeable y sensible a lo que pasaba ahí en un momento en que no estaba permeable y sensible. Estaba muy falto de recursos. Y fue al final de un día muy largo y le siguió una escena de un pasillo que la filmamos como 20 veces, me rompí las rodillas y las manos, me recontraputeé con todos. Salía muy angustiado por sentir que no podía. Y llegó un momento en el que abracé esa sensación porque cuando más me empacara, peor era. Era parte de lo que estaba pasando.

—Además estás solo en la mayoría de las escenas.

—Fue muy mezquino en ese sentido, al menos para mí y mi concepción de la actuación. De hecho, dije que no a un proyecto en el que tenía que trabajar casi solo. Ahí ni me meto. Fue muy sofocante.

—¿En qué estás?

—Estamos produciendo la adaptación de La noche de la usina con mi padre. Me divierte producir y por momentos también es asfixiante. ¡Soy medio masoquista! Se me junta mucho trabajo pero parte de lo que fue la creación de la productora tenía que ver con encontrar espacios. Empezamos a rodar después de mediados de octubre. Estamos envalentonados.

—Estás en las dos orillas del Atlántico, ¿cómo manejas esos dos frentes?

—Es difícil planificarlo pero también es cierto que por momentos trato de priorizar proyectos en España porque es un terreno inexplorado para mí. Y además tengo una relación personal que si no la nutro de esta manera y no hago pequeños sacrificios es difícil de sostener.

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