Sheen volvió a los titulares pero no hay que olvidar al actor que hay detrás

Charlie Sheen: yendo más allá del escándalo

La noticia puntual, en sí misma, "ya fue", como dicen los jóvenes, y pertenece más a los titulares de tabloides sensacionalistas como el National Enquirer que a una página de espectáculos.

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Sheen no ha hecho declaraciones con respecto a planes futuros.

Luego de idas, venidas y especulaciones diversas, Charlie Sheen ha reconocido públicamente (en el programa televisivo norteamericano Today) que es VIH positivo, y el dato está alimentando ya el morbo de los sospechosos de siempre que se sienten obligados a compartir con el mundo en las secciones de comentarios de los medios sus opiniones (que a nadie le importan) acerca de una desgracia de esta u otras características.

Los moralistas de pacotilla, siempre tan dispuestos a arrojar la primera piedra y que abundan más de lo necesario, ya están escribiendo cosas del tipo "él se la buscó" o también "bueno, con la vida que llevaba..." (hay otra estupidez peor que también se ha escrito: "de todos modos no puede quejarse: que la vivió, la vivió"). La palabra "compasión" (aquello de "padecer con", ¿vieron?) no suele formar parte del léxico de alguna gente. Puede ser más útil olvidarse de esa basura e intentar un acercamiento menos sensacionalista al ser humano que está padeciendo hoy una tragedia.

De hecho, los problemas médicos comenzaron temprano en la vida de Charlie Sheen. Tercer hijo del también actor Martin Sheen (sus hermanos mayores Emilio y Ramón y su hermana menor Renée se han dedicado igualmente a la interpretación), nació en Nueva York como Carlos Irwin Estévez en 1965, y se le diagnosticó de inmediato el síndrome del bebé azul, un cuadro cianótico que requirió tratamiento inmediato. Ese inicial tropiezo de salud no le impidió iniciar una incipiente carrera de actor a los nueve años (en el telefilm The Execution of Private Slovik, protagonizado por su padre) y dedicarse luego al béisbol y al rodaje de films "amateurs" en la universidad junto a sus amigos Chad y Rob Lowe.

En los años ochenta era ya un galán joven requerido por Hollywood, con participación en películas de cierto despliegue como la muy derechista (y talentosa) Los jóvenes defensores (1984) de John Milius, y la más izquierdista (y menos talentosa) Pelotón (1987) de Oliver Stone. Para Stone hizo también Wall Street (1987), un ácido cuadro de codicia y deshonestidad financiera. Su labor para Hollywood se extendió a lo largo de las siguientes décadas, con abundantes papeles en películas generalmente medianas, en las que exhibió cierta presencia y una dosis de sentido del humor pero en las que resulta difícil encontrar algo verdaderamente memorable. La televisión le trajo satisfacciones más perdurables. Cuando reemplazó a Michael J. Fox en la serie Spin City se alzó con un Globo de Oro. Pero si Sheen va a quedar en la historia es sobre todo por su personaje de Charlie Harper en la comedia televisiva Two and a Half Men, un programa que existió durante varias temporadas (desde 2003 a 2011) gracias a él, y ha dejado de existir desde que lo echaron aunque el insulso Ashton Kutcher haya intentado inútilmente reemplazarlo.

Lamentablemente, el perfil ganador que Sheen vendió largamente en la televisión ha sido solo una de las caras de la moneda. El lado oscuro incluye una turbulenta vida amatoria que registra cuatro parejas estables, cinco hijos y varias andanzas extraconyugales intermedias, acusaciones de violencia doméstica, adicción por los juegos de azar, el involucramiento con la red de prostitución de lujo liderada por la célebre "Madame" Heidi Fleiss, varios capítulos de terapia de manejo de la ira y numerosos procesos de rehabilitación de adicciones que siempre parecen funcionarle por un tiempo y luego fallan. En una de sus caídas, fue su propio padre Martin quien llamó a la policía, lo llevó ante los tribunales y lo obligó a optar entre la rehabilitación y la cárcel. "Me odió durante un largo tiempo, pero era lo que correspondía hacer", explicó en su momento el veterano actor.

Los partes policiales y judiciales no han sido amables con Sheen. El final de su matrimonio con Kelly Preston se resolvió en un acuerdo "amistoso" según el cual la actriz declaró haberse herido ella misma, accidentalmente en un brazo con un tiro de pistola. La siguiente, Denise Richards no soportó que su esposo se encerrara todas las noches a drogarse. Alguien ha comparado también su matrimonio con Brooke Mueller como una puesta en escena de aquella película de Michael Douglas llamada La guerra de los Roses. Pero no es necesario apelar a fuentes ajenas para trazar ese perfil de Charlie. Él mismo le dijo a algún periodista: "A los once años fumé mi primer porro, a los quince pagué por mi primera prostituta con la tarjeta de mi papá, pero sin su consentimiento, a los 21 protagonicé Pelotón y a los 23 me hice completamente adicto a las drogas".

Sheen no ha hecho declaraciones con respecto a planes futuros, pero gente que lo conoce de cerca ha señalado que en los últimos meses ha pasado cada vez más tiempo recluido en su casa, viendo sus viejas películas y lidiando con intermitente episodios de paranoia, que lo han vuelto cada más desconfiado con el mundo en general. Se afirma también que vaciló durante mucho tiempo en hacer la confesión pública de su enfermedad, pero que finalmente se decidió a hacerlo porque no quería quedar en la historia básicamente por ella, y no por su larga carrera en televisión y cine .

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