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Chapuzón de cine en una ciudad de película

La leyenda asegura que el cineasta José Antonio Martínez Suárez (el hermano más querido de Mirtha Legrand), ve cada una de las películas que los programadores seleccionan para su festival.

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Mar del Plata volvió a brillar como escenario del único festival Clase A de la región. Foto: Difusión

De ser cierto, este año habría visto 480 títulos: una cifra imposible de abarcar para los 120.000 espectadores que se acercaron a las salas. Fue Don José, con sus 91 años, quien se llevó todos los aplausos en cada una de sus apariciones. Más que el director francés Olivier Assayas. Más que el mítico fotógrafo italiano Vittorio Storaro. Más que el crítico estadounidense Jonathan Rosenbaum.

Desde el escenario, golpeando su bastón para rematar la picardía de sus intervenciones, Martínez Suárez se despidió de tres maneras. Una, lamentándose por la muerte de Fidel Castro; dos, anunciando que el 43,3% de las películas proyectadas fueron latinoamericanas, y tres: aclarando que son falsos los rumores que dicen que el festival se mudaría de ciudad.

"De Mar del Plata no se mueve", dijo. "Esta debería ser declarada la capital del cine argentino. Acá uno tiene el placer de caminar y de encontrarse con personas que parecen haberse escapado de una película".

Una ciudad filmada. A Mar del Plata la apodan "La Feliz" desde que en 1945 Juan Domingo Perón decretó las vacaciones pagas. De esa época son las carpas apiladas en la playa, una imagen que a algunos les recuerda a las películas de Jacques Tati, mientras que para los uruguayos es como ver tomar vida a una de esas viejas fotografías de Carrasco y Malvín. También se conservó la cartelería de las indicaciones para el bañista, y un fantástico restaurant y club de pesca al que se accede caminando por un muelle y que luce como un escenario que Tim Burton elegiría para mostrar a sus personajes tomando el sol.

Dicen que en una semana Mar del Plata tendrá tantos turistas y hará tanto calor que será imposible caminarla sin rozarse con otros cuerpos sudados. Mientras duró el festival ese paisaje se vio en las funciones, con entradas agotadas en el 99% de los casos. El camino hacia los cines está lleno de hoteles más y menos lujosos, pero casi nunca modernos. Cuento entre tres y cuatro por cuadra en la zona cercana al agua. Muchos de ellos ni siquiera tienen estrellas. Don José se pasa el día en los pasillos del Hermitage, un hotel cuyo salón de fiestas se llama Petit Versailles, tiene un gigantesco óleo de Napoleón montando un caballo y 17 arañas de vidrio colgando del techo. Solo, tomando un café, está Horace Lannes.

"Hoy salí en el diario, ¿no me viste", me dice señalándome la contratapa del diario La Capital en la que se lo ve posando con la misma campera de tela roja que ahora lleva puesta.

En la foto, toca sonriente la tela de uno de los 300 vestidos que diseñó para el vestuario de 107 películas. Vistió a actrices como Zully Moreno, Susana Giménez, Mirtha Legrand, Tita Merello o Niní Marshall. Este año el festival lo homenajeó con una exposición por la que muchas señoras se pasearon lanzando suspiros.

Los cines más importantes se llaman Aldrey, como su dueño: otro de los señores en bastón que recorre esta ciudad a pie. Aldrey también es dueño de dos shoppings, un centro cultural, un diario y del Provincial, una maravilla arquitectónica que ocupa dos manzanas enteras. Decenas de abuelos se resguadan del clásico viento marplatense tomando el sol boca abajo, echados en el piso de la pasiva que recorre la parte inferior de este hotel y bordea la rambla. Cuando se aburren, caminan uno metros hacia la explanada. Cada mañana, el primer sonido que se cuela por las ventanas son los gritos de competencias, muestras o entregras de premios que ocurren allí. Dándole la espalda a este escenario improvisado está el Auditorium, un teatro forrado de terciopelo rojo que se llama Ástor Piazzolla, en honor al hijo pródigo.

Los choferes hacen su mayor esfuerzo para depositar con glamour a los famosos sobre la alfombra roja: allí los esperan cientos de curiosos. Desfilan Peter Lanzani, Leonardo Sbaraglia, Mercedes Morán, Jazmín Stuart, Esteban Lamothe, Érica Rivas, Elena Roger, Graciela Borges, Fabiana Cantilo, Víctor Laplace, Eleonora Wexler y Oscar Martínez, al que la conductora Andrea Frigerio lo recibe con un "hola, mi ciudadano ilustre". Esta noche, Frigerio anuncia tantos premios que se hace difícil saber quién ganó qué. Para todos hay dinero o un canje. Los afortunados argentinos son las películas El aprendiz, Las decentes y el director Néstor Frenkel por Los ganadores. El Astor de Oro se lo lleva la película israelí Gente que no es como yo, cuya joven directora Hadas Ben Aroya está tan nerviosa que se retira corriendo.

El festejo será en una discoteca con forma de castillo medieval edificado en la arena. Todos van caminando. Algunos se quejan de no haber visto las películas ganadoras. Otros repiten el chusmerío de turno: en Guatemala hay un cineasta de 37 años que el año pasado dirigió una exitosa película llamada Ixcanul, se hizo tan famoso que probablemente se postule para ser presidente de su país. Cada vez queda más atrás el Auditorium, donde un grupo de obreros ya desarma la decoración de la ceremonia e intenta mover a los perros callejeros, que ignorando el gentío se echaron a dormir sobre la alfombra roja.

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