Entrevista

"La chancha", una película argentina que, desde el suspenso, visualiza un drama infantil

Una charla con Franco Verdoia, el director de una película intensa con Esteban Miloni, Gladys Florimonte y Gabriel Goity y que se estrena hoy en Uruguay

Franco Verdoia
Franco Verdoia, a la izquierda, durante el rodaje de La chancha

La chancha, que hoy se estrena en cines uruguayos, es la crónica de las peores vacaciones que uno se puede imaginar y una película de suspenso. Eso está, por las dudas, atravesado por un drama muy personal en medio de la sierras cordobesas, un paisaje tan agreste como el camino vivencial de su protagonista.

Dirigida por Franco Verdoia, la película sigue a Pablo (Esteban Miloni), quien vuelve de visita a sus pagos cordobeses con su esposa (Raquel Karro) y su hijastro (Rodrigo Silveira) brasileños. Se muestran las rutinas, las peleas, las costumbres de familia en plan turista.

Todo se pone incómodo cuando se cruza en una posada con Miguel (Gabriel Goity), un encuentro casual que revela que algo feo pasó entre ellos, y que Pablo -claramente la víctima- no lo ha podido procesar del todo. Miguel está con su esposa, Iris (Gladys Florimonte), inmune a las miradas nerviosas que cruzan su marido y Pablo.

“Quisimos contar esta historia como alojados en la cabeza de Pablo, en lo que le va pasando a él ante ese acontecimiento inesperado que irrumpe en su vida”, dijo Verdoia a El País.

Esa subjetividad es evidente en el uso del foco y el fuera de foco o la cámara en mano del director de fotografía, brasileño João Castelo Branco.

“Estuvo buenísimo trabajar con Joao porque hicimos una investigación muy profunda en cuanto al tipo de imagen, de óptica y de desfoque que estaba bueno trabajar”, dice Verdoia, quien en 2015 codirigió con Pablo Bardauil, La vida después y participó en la serie brasileña, Contracapa.“Llegamos a la conclusión técnica de que era una película para trabajar con el diafragma abierto porque ello llevaba a una tensión permanente, lo que fue todo un viaje”.

“Las películas autorales latinoamericanas se hacen con recursos limitados y esta, justo era muy ambiciosa”, dice Verdoia. “La chancha Tenía todo lo que no se puede tener: animales, niños con todo, lluvia, una aerosilla. Así, el proceso puso a prueba montón de cuestiones y enseñó a usar la adversidad como motor”. Que haya sido, por ejemplo, el mes más lluvioso de Córdoba en tiempo.

La película hace mención al pueblo natal (Las Varillas, Córdoba) del director quien ficcionaliza un episodio terrible del que fue víctima cuando niño. Aunque la película funciona como una denuncia de esa clase de situaciones, el hecho no es revelado hasta la mitad, y se acompaña con una creciente tensión entre Miloni y Goity, en dos grandes trabajos.

“Mi experiencia personal me sirvió como trampolín para poder articular la ficción pero lo que ocurre ahí no es mi experiencia personal”, dice Verdoia. “Esto comenzó haciéndome preguntas alrededor de lo que había vivido y cuestionando las huellas y las marcas que ese suceso en mi infancia había dejado en mi vida adulta”.

La presencia de un niño, destacada en una escena final en la que se rompe la cuarta pared, abre, además, un par de interpretaciones inquietantes.

Verdoia cita referencias cinematográficas en La chancha que van de La muerta y la doncella de Roman Polanski, aquella en la que se enfrentaban un torturador y su víctima, y Force Majeure de Ruben Ostlund (aunque se sustituye un teleférico alpino por una aerosilla cordobesa) sobre una familia en unas vacaciones espantosas.

“Quiero que la gente que va a ver mis películas esté entretenida, interesada, inquietada e incómoda. Todos esos estados”, dice Verdoia. Acá los consigue.

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