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Carol: cuando el amor lo remueve todo

Todd Haynes dirige un elegante melodrama acerca del amor entre dos mujeres opuestas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En Carol, la mujer deja de ser un florero y acepta con menos culpa el lesbianismo. Foto: Wilson Webb

En una de las primeras escenas de Carol, un joven periodista del New York Times que quiere convertirse en crítico de cine mira por sexta vez Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950); en cuclillas, dentro de la cabina de proyección y toma notas en una libreta. "Estoy analizando la correlación entre lo que dicen los personajes y cómo se sienten realmente", le explica a Therese Belivet, el personaje que interpreta Rooney Mara en la última película de Todd Haynes.

Ese diálogo, que se esfuma cuando la trama se concentra en el drama amoroso entre las dos protagonistas, parece una confesión del cineasta acerca de qué es lo que atraviesa su filmografía. Desde su prime- ra película, Poison (1991), Haynes desarrolla las historias en una especie de plano desdoblado: por un lado suceden las acciones de los personajes. Por el otro, expone sus verdaderos sentimientos. En la evidencia de esa contradicción está lo más sorprendente de su trabajo como director y guionista.

El cine de Todd Haynes no está hecho para que el espectador adormezca sus pensamientos en la penumbra de la sala, porque el cineasta lo ubica como un testigo de aquello que su cámara revela y propone; y si la comunicación entre ambos es buena, podrán quitar juntos la máscara.


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Haynes armó una filmografía nutrida de juegos narrativos en los que articuló rasgos biográficos y artísticos de sus principales referentes culturales (Jean Genet, Arthur Rimbaud, entre muchos otros) con reinterpretaciones de personalidades y cambios de vida de personajes excéntricos inspirados en figuras reales, en especial de la música (estrellas del Glam Rock en Velvet Goldmine y Bob Dylan en Im not there). En títulos como Poison (1991) o Lejos del paraíso (1995) trabajó a partir de estéticas y formatos populares como documentales televisivos, o melodramas basados en un ideal de sociedad dorada que el cineasta Douglas Sirk plasmó en el Hollywood de la década de 1950.

Para construir su obra se rodeó de un equipo de técnicos y actores a los que moldeó proyecto a proyecto. Entre los más recurrentes están Julianne Moore, Christian Bale, Cate Blanchett, el fotógrafo Ed Lachman y la productora Christine Vachon.

En Safe (1995) y en Carol (2015), el lenguaje cinematográfico de Haynes cede en la experimentación con distintos niveles de ficción y en las estructuras cruzadas para dar lugar a un relato más clásico y elegante, enfocado en pocos personajes centrales y en el contexto que los rodea.

Carol comienza con una cámara que recorre una calle de Nueva York en una noche lluviosa a comienzos de 1950, hasta que detiene su trayecto, elige otro camino y sigue a un hombre que entra a un glamoroso bar donde dos mujeres conversan con pocas palabras.

Esta forma de dar inicio al relato es otro guiño de Haynes sobre su manera de entender el cine: como una elección que se toma buscando la complicidad del espectador, dejando en claro que se trata de una obra planificada, marcando levemente una distancia entre ese mundo de ficción y nuestro presente.

Su sexto film (que cuenta con seis nominaciones al Oscar, para sus actrices, fotógrafo, banda sonora, guión adaptado y diseño de vestuario) se basó en la novela El precio de la sal que Patricia Highsmith publicó en 1952 usando un seudónimo. Therese, una joven sin familia, aficionada a la fotografía y empleada de una tienda de juguetes, se enamora de una clienta, Carol (Cate Blanchett). Carol es mayor, sofisticada, segura de sí misma y en pleno divorcio. Haynes, que en casi todas sus películas propuso distintas miradas sobre la homosexualidad entre hombres, decidió ahora fijarse en el amor entre mujeres. Como Lejos del paraíso, Carol es un film en el que el brillo de los ojos y la duración de una mirada confiesan sentimientos. La forma en que una mano se apoya sobre un hombro demuestra intenciones, y los silencios son poderosos.

Para conseguir una textura más profunda en la imagen, Carol se rodó en 16 mm. El director de fotografía Lachman retrató las escenas callejeras tomando como referencia el trabajo de Vivian Maier, fotógrafa que se hizo notoria recién luego de su muerte. La intensidad del enamoramiento entre las protagonistas —y cómo resguardan ese romance frente a las personas que las rodean— se traduce en una sucesión de planos que engrandecen su belleza.

Therese, joven y confundida, suele ser retratada a través de vidrios empañados y mediante primeros planos de su rostro que intensifican sus silencios ante la admiración e incertidumbre que siente por Carol. En contraposición, cuando se trata de Carol la puesta de cámara está guiada por la mirada de Therese. Por eso la cámara fragmenta su rostro: como si sus gestos y facciones fueran observados con pasión, y se fija en los pequeños detalles que la enamoran, como la delicadeza de sus manos, la elegante precisión de sus movimientos, la manera en que se perfuma y peina, en que fuma y observa por el rabillo del ojo.

Si en Lejos del paraíso la mujer era un artículo decorativo doméstico que no podía permitirse el lujo de vivir un amor despreciado por su círculo social, en Carol —en la misma década pero en Nueva York—, el lugar de la mujer es distinto. Por ejemplo, Therese comparte el apartamento con un amigo y suele estar rodeada de otros hombres en bares y fiestas.

También hay una diferencia en cómo se vive la homosexualidad. Si en Lejos del paraíso el personaje luchaba contra su homosexualidad porque la sentía como una enfermedad, en Carol ser gay se asume.

En ningún caso Therese es juzgada por interesarse por otra mujer, a pesar de que ella intente ocultarlo. Y no es menor que consiga un puesto de trabajo atípico para una mujer gracias a su talento. Carol, por otro lado, es cuidadosa, pero no teme los prejuicios de la sociedad: lo que la encadena es la manipulación de un marido (Kyle Chandler) que aún la ama y que pretende recuperarla prohibiéndole ver a su hija.

En el tratamiento de ese conflicto con el ex, hay otro rasgo de Haynes: aun en los momentos más tensos y egoístas los personajes no son crueles. Hay un entendimiento, a pesar del distanciamiento.

Carol es el título menos ambicioso de Haynes pero aun así es una película bellísima, en la que una vez más él demuestra su maestría para desvelar las emociones y exponerlas al mundo con la misma tibieza con que nace un amor luego de un cruce de miradas.

Carol [****]

Estados Unidos/Reino Unido 2015 Dirección: Todd Haynes Guión: Phyllis Nagy Música: Carter Burwell Fotografía: Ed Lachman Producción: Elizabeth Karlsen, Tessa Rosa, Christine Vachon, Stephen Woolley. Género: Drama romántico Con: Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler.

GRAN TRABAJO DE LAS ACTRICES PROTAGÓNICAS DE CAROL.


Cate Blanchett- Australia, 1969.


Todd Haynes la dirigió por primera vez en 2008. Le propuso interpretar a un juvenil y glamosoro Bob Dylan en Im not there. Fue una actuación impactante. Cuando la convocó para Carol, Blanchett leyó toda la literatura que pudo acerca de cómo se vivía el lesbianismo en 1950 en Estados Unidos. Con este personaje consiguió su séptima nominación a los premios Oscar, galardón que ya ganó con Blue Jasmine (Mejor Actriz, en 2014) y El aviador (Actriz Secundaria, en 2005).

Rooney Mara - Estados Unidos, 1985.


Tiene 30 años y es la actriz del momento. Comenzó actuando como invitada en series y en películas olvidables. Su interpretación de Lisbeth Salander en La chica del dragón tatuado cambió su carrera. Por este trabajo recibió su primera nominación a los Oscar como Mejor Actriz. Gran admiradora de Cate Blanchett desde su adolescencia, dijo que rodar Carol fue un sueño. Se llevó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes y aspira a quedarse con el Oscar como Actriz Secundaria.

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