LA NUEVA SENSACIÓN ESPAÑOLA

El camino desde un pequeño pueblo a ser chica Almodóvar

Inma Cuesta, la nueva sensación del cine español, estuvo en Punta del Este.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Si Inma Cuesta está en el elenco, es un éxito. Foto: Ricardo Figueredo

Alcanzaba con ver a Inma Cuesta como la madre de Blancanieves en la elogiada versión de Pablo Berger (estrenada en 2012) para sospechar que era cuestión de tiempo para que Pedro Almodóvar se fijara en ella. Y así fue: es una de las protagonistas de su nuevo film, Julieta.

Con un metro y medio de altura, esta actriz de acento andaluz y mirada penetrante se convirtió en poco tiempo en uno de los nombres más fuertes del cine, la televisión y el teatro español. La prensa de su país suele decir que está bendecida por la suerte, porque cada proyecto que la tiene triunfa. Como muestra vale enumerar las series Amar en tiempos revueltos o Águila Roja. O en teatro ¡Ay, Carmela!, donde le recordó al público que además de manejar la comedia y el drama con una flexibilidad envidiable, también canta y baila.

En cine rodó junto a tres de los grandes de España: Almodóvar (Julieta), Álex de la Iglesia (Palabras con Dios) y Pablo Berger (Blancanieves). Y protagonizó dos de las comedias más taquilleras de los últimos años: Primos (Daniel Sánchez Arévalo) y 3 bodas de más (Javier Ruiz Caldera).

Como si le sobrara el tiempo, ahora pretende afianzarse en coproducciones latinoamericanas: ya lo hizo —y muy bien— en Kóblic de Sebastián Borensztein con Ricardo Darín.

Nominada en tres oportunidades a los Premios Goya como Mejor Actriz, en la última edición arañó la estatuilla por su brillante interpretación en La novia, una impecable adaptación cinematográfica de Paula Ortiz del clásico de Federico García Lorca, Bodas de sangre.

Ese trabajo la trajo a Punta del Este, donde compitió por el Premio Platino que finalmente quedó en manos de Dolores Fonzi.

Inma Cuesta fue una de las celebridades más solicitadas, admiradas y queridas por la prensa. Llegó con su padre, un tapicero oriundo del pueblo Arquillos, que no tiene más de dos mil habitantes, y donde su hija es una celebridad. Es habitual que los vecinos contraten ómnibus para viajar en grupo hasta Madrid para verla actuar.

El día de esta charla en Punta del Este, la nueva sensación española no podía girar el cuello: el frío uruguayo le dejó las cervicales duras de tantas contracturas. A pesar del malestar no canceló ninguna entrevista y se excusó por no poder posar mejor para las fotos.

—¿Por qué le apodan la bruja?

—Esa es cosa de mi padre, que es quien me llama así. Lo que pasa es que soy bastante intuitiva.

—¿Sospechó alguna vez del éxito que tendría al llegar a Madrid desde su pueblo?

—Si me pongo a hacer memoria me doy cuenta de que nunca soñé con la fama ni con la popularidad. Solo ansiaba ser actriz. Creo que es por eso que todo este aluvión de trabajo sucedió con naturalidad y yo pude mantenerme tranquila.

—¿Qué es lo que le fascina de actuar?

—Es que no lo sé muy bien. De niña mi padre me contaba muchas historias y eso me gustaba. Mi madre cuenta que me subía a una mesa y hacía desde recitado de poesía hasta strip-tease (lo que es un poco fuerte, y nunca me animé a hacer de mayor).

—¿Qué significa para una actriz española interpretar a esta novia lorquiana?

—Ha sido uno de los mayores retos a los que me he enfrentado. Para mí es un regalo divino, el mejor que me ha dado mi carrera. Siempre me sentí inspirada por Lorca, recuerdo pasar horas y horas en mi habitación jugando a ser ese personaje que ahora me tocó.

—¿Le cuesta verse en la pantalla?

—No, porque me respeto muchísimo. No trabajo para sufrir, disfruto realmente de actuar y no me permito castigarme.

—¿Por qué besa el piso del escenario en cada función de teatro?

—Porque para mí es algo de vida o muerte. En el escenario hay algo sagrado que no puedo explicar. Es un ritual que únicamente tengo allí. Pero si quieres saber otra manía, me robo algo de cada personaje que hago. De esa manera siento que junto trocitos de todos esas personas que fui.

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