Cine

El largo camino de una buena idea hasta llegar al Oscar

Se estrena la notable Tres anuncios por un crimen

Tres anuncios por un crimen
Tráiler de Tres anuncios por un crimen

Un día, de golpe, en la cabeza de Martin McDonagh apareció una mujer. Era una madre, de unos 50 años, y estaba enfurecida. “Al principio, no tenía trama. No sabía qué pasaría, salvo que ella sentía rabia y dolor”, explica el director. Pero, ¿por qué? La carretera le ofreció una pista. McDonagh conducía por Georgia. Varios carteles señalaban un crimen irresuelto. Para él, fue una solución: Mildred Haynes expresaría así su ira. Tres anuncios para recordarle al pueblo que su hija había sido violada, asesinada y la policía no había movido un dedo.

Tres anuncios por un crimen, que llega hoy a Uruguay, se estrenó, entre aplausos, en el festival de Venecia. El último capítulo sucedió en los Globos de Oro: mejor drama, guion, actriz (Frances McDormand) y actor secundario (Sam Rockwell). Y puede añadir un final aún más feliz en los Oscar.

El comienzo, en cambio, fue larguísimo. McDonagh (Londres, 1970) concibió el guion en 2009, pero prefirió lanzar Siete psicópatas, que estaba preparada. Después, tocaba descanso, explica entre risas: “No me gusta trabajar. El rodaje es una elección que asumo de vez en cuando. Me encanta viajar, no tener nada que hacer ni compromisos con gente. Pensé que por un año me dedicaría a eso”. Los años fueron cuatro. Mientras, siguió escribiendo teatro. Y aprendió de la pausa.

Martin McDonagh y Frances McDormand
Martin McDonagh y Frances McDormand. Foto: Difusión

“Me resulta complicado rodar. Esta fue la más fácil, la primera vez que pensé: ‘Sé cómo hacerlo’. Es funambulismo, cada día filmás cuatro secuencias y no puede fallar nada. El montaje es divertido, pero lo demás supone el 95 % del trabajo y lo odio. Creo que soy muy buen escritor; el truco es rodearse de grandes actores que respeten el guion”, defiende McDonagh. Al creador angloirlandés nunca le ha faltado sinceridad. Empezó escribiendo obras para radio y teatro que eran provocativas e hilarantes. “Quería destruir lo que se veía en teatro con espectáculos enfadados y excitantes”. Le llamaron enfant terrible. Él, en las entrevistas, reforzaba esa fama. Contaba que escribía por “desesperación” o su “lucha agotadora” contra los inversores en su primera película, Escondidos en Brujas, empeñados en destrozar el guion.

En Tres anuncios por un crimen le dejaron hacer lo que quiso. “Ya no soy enfant. Solía ser muy honesto, si algo me parecía aburrido lo decía. Intento mantenerme enfadado y controvertido, pero ya solo por hacerte mayor estás en el sistema. Además, ahora te sientas en el set y todos te miran y te aman, ni que fueras Dios. Me parece que fue hace cinco minutos que me decían: “¿Qué sabe este de cine?”.

Eso sí, McDonagh aún se considera un intruso que solo se junta con la industria del cine en los rodajes: “La veo desde fuera, como usted”.

Y le saca todos los colores: “Lo mejor del cine es descubrir algo inesperado. En los 70 todos hacían obras personales, Scorsese, Malick… Ahora muchas películas son máquinas de hacer dinero generadas por ordenador. Es difícil encontrar más de cuatro filmes geniales al año”. Entre otros, cita La forma del agua, de Guillermo del Toro.

Reflexión

Empoderar a las mujeres

A McDonagh le indigna la ausencia de mujeres en el cine. Su Mildred de "Tres anuncios por un crimen" puede ser un remedio: “Es inusual en un guion. Fíjese en el número de papeles malos para actrices, la falta de directoras y escritoras. Lo que puedo hacer es crear personajes femeninos potentes en una buena película. A Hollywood solo le preocupa el dinero. Si da plata, son tan idiotas que quizás piensen: “¡Hay que hacer más películas con mujeres fuertes!”.

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