CINE

La caída de un paraíso social no tan idílico

El fin del sueño americano [***] Estados Unidos, 2016. Título original: American Pastoral. Director: Ewan McGregor. Guión: Basado en novela de Philip Roth, adaptación de John Romano. Elenco: Ewan McGregor, Jennifer Connelly, Dakota Fanning. Género: Drama. Duración: 108 minutos. Estreno: Jueves 15 de diciembre.

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El fin del sueño americano. Foto: Difusión

Hay dos curiosidades que impulsan a ver el film; para empezar que está basado en American Pastoral, novela premiada con el Pulitzer, la primera de la trilogía estadounidense que escribió Philip Roth.La segunda, es que está dirigido por Ewan McGregor, un actor talentoso y con buen gusto para elegir a sus personajes. Aunque McGregor ya se había probado detrás de cámara en 1999 con Tube tales, un film de dirección colectiva, este estreno simboliza un debut por la puerta grande.

Hay que reconocer que alcanzó una solidez narrativa, un logro importante frente a la complejidad de la historia y la ambición del proyecto: histórico, con elenco multiestelar, distintas locaciones, elipsis temporales y una brutal carga dramática. Como si fuera poco, McGregor además interpretó al protagonista.

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El fin del sueño americano contextualiza el relato en el pueblo Newark, en Nueva Jersey, durante la posguerra. Sobrevuela un ligero antisemitismo que no alcanza a importunar a la familia Levov, unida, trabajadora y orgullosa de la popularidad de su hijo mayor, Seymour, un gran deportista al que sus admiradores apodaron el "Sueco". Pronto se casará con Elizabeth (Jennifer Connelly), una reina de belleza que no actúa como tal, y que será feliz cuidando a sus vacas y a la única hija del matrimonio, Merry (gran regreso de Dakota Fanning).

Tal como indica la traducción del título, Roth y McGregor se interesaron por retratar la destrucción de un aparente paraíso social y familiar, dinamitado por los conflictos surgidos en las calles estadounidenses a partir de la década de los 60. El eje es Merry, cuyo comportamiento cada vez más radical transforma la alegría familiar en jirones de tristeza y locura.

Las actuaciones son brillantes y la tensión se maneja con solvencia, especialmente cuando toma ribetes de persecución policial en escenas en las que el "Sueco" debe negociar con "los terroristas" para reencontrarse con su hija, que funciona aquí como el símbolo de una paz perdida, robada, trastornada.

Sobre este punto, hay una objeción que hacerle al discurso del film: tal y como están narradas, las manifestaciones sociales parecen ser solo un capricho extremista de niños ricos y aburridos, violentos e ingenuos, que son vistos con desprecio y compasión por las generaciones mayores. Una lectura que a esta altura de la historia y del cine, resulta simplista y hasta molesta.

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