cine - la obra maestra de la semana

La caída del Imperio Romano

(****) LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO (The Fall of the Roman Empire). Estados Unidos 1965. Director, Anthony Mann. Elenco: Sophia Loren, Stephen Boyd, Christopher Plummer, Alec Guinness, James Mason,Mel Ferrer, Anthony Quayle, Eric Porter, John Ireland, Omar Sharif, Douglas Wilmer, Finlay Currie, Andrew Keir, Norman Wooland. Va por Fox Classics, este miércoles 4 a las 19.25.

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Caída del imperio romano

En su momento fue un fracaso de crítica y público, y terminó con las pretensiones de “gran productor” del magnate Samuel Bronston. También fue, probablemente, el último "Kolossal" del cine de Hollywood de los años sesenta, que había tenido poco antes un período de auge que incluyó a Los diez mandamientos, Ben Hur, Espartaco, El Cid, Cleopatra y alguna otra película. El semanario Marcha fue en su momento demoledor: “Una caída muy larga, con la estupidez esencial y los ridículos circunstanciales del género...”, sostuvo en su diatriba.
El paso del tiempo ha puesto las cosas en su sitio, y el film parece hoy mucho mejor de lo que muchos creyeron entonces (a otros ya nos gustó hace cincuenta años). Tal vez no sea casualidad que se trate de una de las películas favoritas de Martin Scorsese.

Un par de aclaraciones: el título es parcialmente inexacto (su tema no es realmente la caída del Imperio Romano, sino en todo caso el prólogo de ese acontecimiento), y el rigor histórico no es exactamente el fuerte del guión aunque haya contado con la supervisión del historiador Will Durant, que probablemente se limitó a cobrar su caché y menear la cabeza con respecto a lo que la película contaba. Y una tercera, todavía: casi todas sus inexactitudes históricas fueron copiadas luego por el guión de la inferior Gladiador de Ridley Scvott, que cubre el mismo período (el traspaso del poder del emperador Marco Aurelio y su incómodo hijo Cómodo).

Aceptadas esas premisas, la película funciona realmente como gran espectáculo, con impresionante despliegue de extras para sus escenas de batalla (afortudadamente todavía no existía el CGI), un criterio fotográfico que llega a la sofisticación de vestir siempre a Sophia Loren con un color diferente al de los demás personajes, para que la estrella se destaque en el cuadro, y una entrelínea política un tanto ingenua pero que tenía sentido en tiempos de la Guerra Fría y acaso lo tenga también hoy: que una civilización se destruye desde dentro, y que la amenaza exterior (para el caso de la película los bárbaros) solo terminan dando el último empujón. Es típico de Anthony Mann que su película funcione mejor cuando el libreto le permite ser un western, y convenza un poco menos en sus interludios (melo)dramáticos.

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