PREMIOS PLATINO

El buen momento del cine cercano

El ciudadano ilustre fue elegida ayer en Madrid como la mejor película iberoamericana.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Premios Platino. Foto: Reuters

Los Premios Platino mostraron en la noche de ayer, los mejores lujos de un cine iberoamericano que, en general, suele batallar por presupuestos, distribuciones y exhibiciones. Pero la fiesta anual de los Platino es un momento dedicado a la autocelebración de una industria que batalla por ganar un lugar en el mercado mundial. Y que pasa por uno de sus mejores momentos creativos.

La mejor película iberoamericana del año fue la argentina El ciudadano ilustre de Gastón Duprat y Mariano Cohn que además se llevó el premio Platino a mejor guión y mejor actor, Óscar Martínez.

Esta cuarta gala de los premios Platino al cine iberoamericano —un reconocimiento creado por Egeda, la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales, y Fipca, la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales— fue por primera vez en Madrid; en 2016, fue en Punta del Este.

Las otras grandes ganadoras fueron Julieta (que le dio el Platino de mejor director a Pedro Almodóvar y de la música a Alberto Iglesias) y Un monstruo viene a verme, la película de Juan Antonio Bayona que arrasó con los cuatro rubros técnicos.

Julieta es española, Un monstruo viene a verme es una coproducción británica, estadounidense y española hablada en inglés y El ciudadano ilustre es una coproducción argentino-española aunque, en ese caso, indiscutiblemente argentina.

La participación española se repitió toda la noche menos en mejor ópera prima (la venezolano-mexicana, Desde allá) y mejor actriz que fue para Sonia Braga por Aquarius, una coproducción brasileña y francesa.

Los merecidos tres Platino para El ciudadano ilustre cierran un ciclo muy exitoso y prestigioso para la película de Duprat y Cohn, un ciclo que incluye una provechosa temporada de premios que se inició con la Copa Volpi a mejor actor del festival de Venecia del año pasado para Óscar Martínez, quien acá repitió premio.

Estrellas cercanas.

Con una alfombra roja que replicaba, y a la altura, la de los eventos del cine del hemisferio norte y con una escalinata que recordaba a Cannes, la fiesta empezó en la tardecita madrileña en la Caja Mágica, un espacio multiuso (como será algún día el Antel Arena) a unos 15 minutos del centro de la capital; aquí es donde se hace el Madrid Open, lo que justificó un guiño inicial en el que participó Rafael Nadal.

La elegancia de la alfombra roja fue innegable y las estrellas se pasearon por ella atendiendo los reclamos de la prensa. Por allí anduvieron Pedro Almodóvar, Geraldine Chaplin (que es flaquísima e igual a su padre, Charles Chaplin), Darío Grandinetti, Kate del Castillo, Rossy De Palma (que es un encanto) Sonia Braga, Abel Pintos, Joaquín Furriel, Angie Cepeda, Luisana Lopilato, un Imanol Arias para el que no pasa el tiempo y el uruguayo César Troncoso, entre otras tantas celebridades de este incipiente y bienvenido star system iberoamericano.

Las disputadas entrevistas en la alfombra roja son tirando a triviales pero algo se saca. Almodóvar, quien estaba bien dispuesto, anunció que su próxima película será un drama del que está trabajando en el guión y su compinche Rossy De Palma dijo que ama a Uruguay y que sueña con pasar su retiro acá, un país que conoció cuando filmó Miss Tacuarembó.

Por unanimidad, eso sí, todos celebraron la calidad y la importancia de los premios Platino y del buen momento del cine iberoamericano. De eso se trata los Platino, el alarde de una industria que disputa un mercado mundial del audiovisual del que Estados Unidos se lleva un 80%; el cine iberoamericano tiene un 11% de esa torta, lo que no es nada despreciable para una cinematografía que de este lado del Atlántico recién empieza a consolidarse.

La gala la volvió a conducir Natalia Oreiro, esta vez acompañada por Carlos Latre, un imitador que parece ser muy popular aunque su eficacia resulta discutible. Se hizo lo que se pudo con un guión de gracia muy alejada del ejemplo del Oscar, que acá es modelo inevitable.

La gala fue amable y simpática que es el tono que aplica para esta clase de cosas con números musicales que incluyeron la versión de "Macarena" de Los del Río con Gente de zona como broche de oro pero antes había tenido en su grilla a Miguel Bosé, Abel Pintos y un rapeado aparentemente improvisado de un tal Arkano.

La ceremonia duró dos horas y media y la participación uruguaya se limitó a la conducción y nominación de Oreiro por la película argentina Gilda: no me arrepiento de este amor, al paseo de un Troncoso muy elegante por la alfombra roja y al emocionado discurso de Mariela Besuievsky, productora de Cuatro estaciones en La Habana, la miniserie sobre Leonardo Padura ganadora como mejor miniserie o teleserie cinematográfica, una categoría inaugurada este año.

Los discursos de los ganadores evitaron en su grandísima mayoría los contenidos políticos aunque hubo dos reclamos a favor de una mayor democracia en Venezuela. El ganador del premio de honor, Edward James Olmos (el teniente Castillo de Vicio en Miami, por las dudas) que en rueda de prensa había sido bastante duro con las políticas del presidente Donald Trump, no se refirió al tema aunque insistió con una invasión cultural hispana a un Estados Unidos temeroso del avance latino.

Más allá de que entre las perdedoras había grandes películas de directores promisorios y mucho menos conocidos, los Platino fueron justos: lo que hizo Almodóvar en Julieta es soberbio porque básicamente es uno de los grandes maestros mundiales del cine; Braga y Martínez están excelentes en sus películas y los rubros técnicos de Un monstruo viene a verme, aunque poco latinoamericanos, son contundentes y probablemente caros (el premiado diseño de producción es de un ganador de Óscar, Eugenio Caballero, por ejemplo) y, de hecho, resultan lo mejor de ese drama fantástico.

Intenciones como la de los Platino de darle un perfil más alto al cine iberoamericano, luchando con las armas de la industria hollywoodense (lujo, farándula y buenas películas) son fundamentales para legitimar una cinematografía siempre pujante.

Ese es un concepto que se ha repetido mucho en estos días en una Madrid que tuvo la mayor densidad de cineastas latinoamericanos de toda su historia.

Esta clase de eventos son una plataforma estupenda para representar un cine iberoamericanos con alardes de industria.

Los Platino, en definitiva, son el mejor síntoma de un buen momento y la esperanza repetida y necesaria de un futuro promisorio y lleno de películas. Y eso hay que celebrarlo.

Los próximos Premios Platino serán en Cancún.

La ceremonia de entrega de los próximos Premios Platino al cine iberoamericano se llevará a cabo en el balneario mexicano de Cancún, de acuerdo a lo que se anunció ayer en Madrid en el cierre de la gala en la que se entregaron los premios. Lo comunicaron los conductores, Natalia Oreiro y Carlos Latre.

Cancún se suma así a la lista de ciudades anfitrionas de los premios del cine iberoamericano que integran Marbella, Panamá, Punta del Este y la capital española.

En Uruguay se realizó en julio del año pasado en el por entonces recién inaugurado Centro de Convenciones de Punta del Este.

La alcaldía de Madrid destinó un millón de euros a traer la ceremonia a su ciudad, según fuentes oficiales.

Alfombra roja repleta de celebridades.

La capital española llevó a prácticamente todas las celebridades que importan para la cuarta edición de estos galardones, entre ellas los uruguayos: Natalia Oreiro y César Troncoso. Pero como este tipo de fiestas son una ventana privilegiada, también fueron figuras de la música, como Miguel Bosé. La actriz mexicana Kate Del Castillo, que causó tanta polémica por su encuentro con El Chapo, también estuvo. Y Almodóvar, por supuesto.

LOS CINCO PRINCIPALES GALARDONES.

Mejor película - El ciudadano ilustre.

"Estamos muy contentos de que nuestra película haya traspasado tantas fronteras", dijo uno de los directores sobre la película que retrata las peripecias de un laureado escritor argentino que vuelve a su país luego de décadas viviendo en España.

Mejor actriz - Sonia Braga, Aquarius.

"Kleber Mendonza me envió el mejor guión que me llegó en mi vida", dijo Braga. Su personaje, Clara, es una mujer que resiste en su apartamento frente a la playa las presiones de grandes empresas que quieren tirar su casa para levantar un edificio.

Mejor actor - Óscar Martínez, El ciudadano ilustre.

El actor le dedicó el premio a los directores (Gastón Duprat y Mariano Cohn) y guionista (Andrés Duprat) y dijo que "celebré y celebro la creación de los Premios Platino y su instauración ya definitiva como la mayor fiesta de las artes audiovisuales de Iberoamérica"

Mejor dirección - Pedro Almodóvar, Julieta.

El afamado director dedicó "modestamente" su Platino a aquellas familias españolas que aún no han podido recuperar los cuerpos de sus desaparecidos. Porque Julieta agregó, es una historia de una pérdida que "no se puede imaginar otra peor".

Mejor fotografía - Óscar Faura, Un monstruo viene a verme.

La película dirigida por Juan Antonio Bayona se llevó prácticamente todos los Platino en los rubros técnicos, entre ellos el de mejor fotografía. En total, ganó cuatro galardones. Además de Fotografía, también Sonido, Montaje y Dirección de Arte.

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