DOCUMENTAL

Britney Spears: el documental que cuenta su calvario y reconstruye su figura pública

"Framing Britney Spears" se enfoca en la tutela que el padre de la cantante tiene sobre ella, pero cuestiona el rol de la prensa en su historia

Britney Spears. Foto: Archivo
Britney Spears. Foto: Archivo

Britney Spears dice que no sabe cuándo la dejarán en paz los paparazzi. Niega con la cabeza, lento, hasta que su mirada queda fija hacia abajo. El periodista le da unos segundos y le pregunta si ese es uno de sus grandes deseos y ella, embarazada de su segundo hijo, asiente, intenta contener el llanto y al final lanza un “sí” que suena a súplica. Es 2006 y su vida está en crisis: hostigada por la prensa y con la televisión estadounidense acusándola de mala madre las 24 horas del día, pediría el divorcio de Kevin Federline un par de semanas después de dar a luz.

Daniel Ramos dice que en todos los años en los que siguió a Britney de acá para allá con su cámara, nunca hubo una pista de su parte que pudiera tomarse como un pedido desesperado. “¿Y qué hay de cuando dice: ‘Déjenme sola?”, replica la entrevistadora. “Había momentos en que nos decía que la dejáramos sola por un día, pero no para siempre”, asegura el fotógrafo. Es 2020 y Ramos, el paparazzo cuyo vehículo Britney atacó con un paraguas, asegura que no fueron ellos los que le hicieron daño y recuerda que aquella del ataque fue, al final, una buena noche: le pagaron muy bien por las fotos.

Britney, rapada a cero, de short y campera deportiva, recién vuelta de la casa de su ex que no le había abierto el portón para que pudiera ver a sus hijos, con la hermana al lado pidiéndole a los paparazzi que por favor, por favor le dieran una tregua, mira a la cámara y es todo furia.

Cuando Britney Spears se rapó. Foto: Archivo
Cuando Britney Spears se rapó. Foto: Archivo

El viernes pasado se estrenó Framing Britney Spears, el episodio de la serie documental The New York Time Presents que explora la tutela sobre la princesa del pop americano a través de varios ejes. Entre material de archivo, testimonios y un montaje que presenta a Britney como la víctima de un sistema perverso, el relato es desolador.

Desde su salida, el capítulo se ha vuelto viral y ha reavivado polémicas. Lanzado a través de Hulu y FX en Estados Unidos, no está disponible en ninguna plataforma oficial para el público de América Latina.

La propia Britney parece haberse referido al tema en sus redes. Dos días atrás, publicó en su Instagram un video de su tema “Toxic” en vivo, de una actuación de hace tres años, y escribió: “Me estoy tomando el tiempo para aprender y ser una persona normal. (...) Cada persona tiene su historia y su opinión sobre la historia del resto. ¡Todos tenemos vidas tan diferentes, hermosas y brillantes! Recuerden, no importa lo que pensamos que sabemos sobre la vida de alguien, no es nada comparado con lo que esa persona está viviendo detrás del lente”.

La lectura como una referencia personal es inevitable.

Nueva mirada. El comentado documental aborda, en una hora y cuarto, la figura de la tutela que el padre de Britney, Jamie Spears, tiene sobre ella desde 2008; atiende el tratamiento que la prensa le dio a todas las crisis de la cantante y explora el movimiento #FreeBritney, que sus fanáticos generaron para contribuir al reclamo sobre su independencia. La combinación de factores resume a Britney al lugar de víctima que ha ocupado casi que desde que explotó su fama mundial, justo con el cambio de milenio. Framing Britney Spears plantea cómo el escándalo político de Monica Lewinsky y Bill Clinton pudo haberla afectado de manera indirecta, en tanto los medios habían cambiado la forma de hablar sobre sexo. De repente una felación era comentada en los noticieros y una jovencita era la villana de la historia.

De repente Britney, que cristalizaba la inocencia y el despertar sexual que le dan a la adolescencia una ambigüedad muy compleja, era ídolo de niñas y adolescentes y enemiga de padres y madres del mundo. De repente tenía que soportar que en una conferencia de prensa un hombre le preguntara si era virgen. Que en una entrevista se hablara de sus senos. Que Diane Sawyer le mostrara un mensaje de la primera dama de Maryland, Kendel Ehrlich, que decía que si tuviera la oportunidad de dispararle, lo haría. Que su exnovio Justin Timberlake comentara en la radio sobre su sexualidad.

Timberlake ofreció sus disculpas públicas ayer. “Lamento profundamente los momentos de mi vida en los que mis acciones contribuyeron al problema, en los que hablé fuera de turno o no defendí lo que era correcto. Entiendo que me quedé corto en estos momentos y en muchos otros y me beneficié de un sistema que aprueba la misoginia y el racismo”, escribió en sus redes.

Aunque los testimonios permiten reconstruir la imagen de la cantante previo al catastrófico 2007 —están su exasistente Felicia Culotta o su exbailarín Kevin Tancharoen quien asegura que ella manejaba su carrera en su mayor pico de popularidad—, es la selección y compaginación del material de archivo la que genera un efecto de impacto en la audiencia.

Apenas lanzado el episodio, el hashtag #WeAreSorryBritney se volvió tendencia en Twitter. Framing Britney Spears genera eso: empatía.

El episodio no es particularmente revelador. Sin testimonios de la familia ni de la propia protagonista, se plantea cómo la figura de la tutela, pensada para proteger, en este caso se ha convertido en un negocio. Jamie Spears tomó literalmente el control de Britney en 2008, y de ahí en más ha custodiado decisiones legales, financieras y cualquier aspecto de su vida pública. Por qué la Justicia insiste, 13 años después, en mantener a Britney dependiente como una princesa que, “por su bien”, es prisionera en la torre de un castillo, aún no se sabe y aquí no se aclara.

Britney lucha actualmente para que su padre ya no sea su tutor; el jueves hubo una audiencia y habrá más en marzo y abril.

Todo lo que se cuenta ya es públicamente conocido. El mérito principal de Framing Britney Spears está en cómo reconstruye la imagen pública de una estrella que, en su momento, fue responsabilizada por todos sus “errores”: era provocadora, demasiado sexy, mala madre, adicta; estaba loca. El documental configura un espiral mediático que devoró a la artista por dinero y rating, y la dejó expuesta y sola.

“¿Por qué están tan cerca de mi auto? Estoy asustada”, le decía a los paparazzi y ninguno escuchaba.

"Si no estuviera bajo las restricciones que estoy ahora, con todos los abogados y doctores y personas analizándome todos los días y todo eso, si no estuviera ahí, me sentiría tan liberada. Me sentiría yo”, decía ya bajo la custodia de su padre, en 2008 para el documental de MTV Britney: For the Record. “Y cuando le digo a la gente cómo me siento, es como que están oyendo pero no me están escuchando. Oyen lo que quieren oír, no lo que estoy diciendo. (...) Estoy triste”, decía, y nadie escuchó.

Mirado desde 2021 y con la salud mental, la depresión, el bullying, el acoso y la misoginia como asuntos instalados en la conversación diaria y trabajados con otra importancia y dedicación, el derrotero de Britney Spears da escalofríos. La recapitulación de este documental es un buen ejercicio de autocrítica, aprendizaje y un gran cuestionamiento a la estructura mediática en la que vivimos.

Una invitación a escuchar gritos que a veces están ahí, en todos lados.

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