CINE

Un bosque que sigue lleno de miedo y de ideas para reciclar

El estreno de Blair Witch: La bruja de Blair y el recuerdo de un viejo éxito.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Varios jóvenes entran, otra vez, al bosque en busca de la Bruja de Blair. Foto: Difusión

La película Blair Witch: La Bruja de Blair que se estrenó ayer, probablemente atraiga a una multitud de cinéfilos que apenas caminaban cuando en 1999 se estrenó la primera película (Uruguay la vio recién en enero del 2000), El proyecto Blair Witch, ahora un clásico del género de metraje encontrado.

Los directores de la película original, Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, no tienen ningún problema con ello; le dieron su bendición a la nueva película y aparecen como productores ejecutivos. "Ha pasado tiempo suficiente para que la primera fuera aceptada por sus propios méritos", expresó Myrick. "Una nueva ola de fanáticos del cine de terror quieren ver una nueva bruja de Blair de su generación".

Lo que no puede hacer la nueva película es repetir el asombro del éxito original o los escalofríos colectivos que parecía producir cuando El proyecto Blair Witch se convirtió en un fenómeno de la cultura pop y cambió la forma en la que se hacían las películas de terror.

Filmada en una sola semana en los bosques de Maryland, El proyecto Blair Witch acabó con las películas de asesinos en serie de los ochenta y con el terror de los noventa creado por la saga Scream: vigila quien llama (Wes Craven, 1996). Y recordaba la tensión y el suspenso de las películas de terror de autor como El exorcista (William Friedkin, 1973) y El resplandor (Stanley Kubrick, 1980).

"Queríamos devolverle el realismo a las películas de terror", recuerda Sánchez. "El gore se había apoderado del género", explicó, añadiendo que "era muy poco imaginativo".

La historia dirigida por Myrick y Sánchez era una narración sencilla. De las que se escuchan en torno a una fogata. Tres estudiantes de cine (Heather, Josh y Adam), ingresan a un bosque aparentemente encantado cerca del pequeño pueblo de Burkittsville, Maryland, en 1994, y a los que nunca se vuelve a ver.

Orgullosos miembros de la generación X, los tres cineastas nunca sueltan la cámara, incluso cuando no hay duda de que su fin es inminente. Poco después, alguien "descubre" la cinta y el público experimenta una implacable y brutal película que va de la emoción a la preocupación y del miedo al pánico, para finalmente llegar a la resignación.

Las estrellas eran los desconocidos Heather Donahue, Michael Williams y Joshua Leonard, quienes filmaron su propio material y crearon sus propios diálogos, apegándose al guión y a una serie de mensajes que les dejaban los directores y productores en ciertos puntos a lo largo del Parque Estatal Seneca Creek.

El concepto de una película de terror con metraje encontrado ahora es tan común que es difícil recordar que entonces era una idea totalmente nueva. No obstante, ciertos avances en la cultura popular sentaron las bases para la película. "Los reality shows estaban familiarizando al público con esa estética igual que la transmisión de noticias las 24 horas", comentó Myrick. "Nos estábamos acostumbrando a ver cobertura en video y Blair apareció en el momento indicado".

La naturaleza gótica de El proyecto Blair Witch parecía un contrapunto tonificante para la modernidad que marcaba mucha de la cultura estadounidense al inicio del milenio. En un mundo cada vez más digitalizado, la sensación de algo que nos hiciera sentir un terror auténtico fue irresistible. "Solo estábamos respondiendo a la idea de que los cineastas necesitan leyendas", afirmó Sánchez, y para ello hurgó en sus raíces de Maryland. "Ahí hay mucha historia, así que nos dio por regresar y crear una extraña leyenda que fuera creíble".

El proyecto Blair Witch recaudó casi 250 millones de dólares en todo el mundo, con un presupuesto de apenas 60.000 dólares y sin que apareciera una bruja en la pantalla.

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