Cine

Bill Murray: la Navidad, según el cómico triste

El comediante tiene un especial para las fiestas en Netflix.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Una gran cantidad de estrellas lo pasan a visitar en el especial navideño.

Al pensar en un especial de Navidad lo primero que me viene a la mente son escenas imposiblemente melosas y moralejas en cada escena. Una experiencia insoportable. Peor aún si se trata de un musical.

Pero al ser protagonizada por Bill Murray y dirigida por Sofía Coppola hay una garantía de que quizás no vaya a ser así. Por eso hay que animarse a ver A Very Murray Christmas, el especial de una hora que se estrenó hace una semana en Netflix.

En él Murray hace de sí mismo durante una nevada intensa en Navidad, que impide que su musical se transmita en vivo como tenían planeado. Tampoco pueden llegar los invitados, entre los que figuraba el papa Francisco.

Triste y solitario intenta atravesar la noche de la mejor manera posible, acompañado de buena comida, alcohol y un par de villancicos. Podrá estar solitario pero no solo, durante una hora van apareciendo estrellas como George Clooney, Chris Rock, Amy Poehler, Jason Schwartzman, Paul Shaffer, Michael Cera, Rashida Jones, Maya Rudolph, David Johansen, Jenny Lewis, Julie White, Miley Cyrus y la banda de rock Phoenix.

No es la primera vez que Murray protagoniza una película en la que se habla de la Navidad: en 1988 hizo Los Fantasmas contratacan, una versión moderna de Cuento de Navidad de Charles Dickens. Si bien el filme no era nada novedoso, Murray, como siempre, dio una interpretación sólida y original.

A Very Murray Christmas es suficientemente cool para que hasta el más reacio a la Navidad lo pueda ver pero no tan irónico como para hacerla una burla. Ese espíritu es el que encarnó Bill Murray que, como escribió Steven Kurutz en el New York Times, se ha convertido en una especie de santo secular.

Empezó en Saturday Night Live haciendo monólogos que desde un principio tuvieron su aire de "no quiero estar acá pero los voy a hacer reír", un espíritu que sigue conservando y que muestra en el especial de Netflix.

Pero el éxito masivo llegó con Los Cazafantasmas en 1984. A partir de ahí —después de un breve hiato— Murray se posicionó como un actor gracioso, irónico y una especie de antihéroe que termina por ser querible. Aunque, por momentos, terminó por hacer los mismos papeles una y otra vez: un hombre malhumorado y desencantado con la vida que termina redescubriendo el valor del amor. Como por ejemplo en Hechizo del tiempo (1993) y Los fantasmas contraatacan.

Durante la década de 1990 sus actuaciones parecían estar en piloto automático, pero aún así eran geniales. Lo que le jugó en contra fue la elección de películas, no porque fuesen malas sino porque no lo presionaban para lograr nada que ya no hubiese logrado. Entonces las glorias de Bill Murray se transformaron en viejas glorias; perdió su actualidad.

Pero después llegaron Wes Anderson y Sofía Coppola, dos directores jóvenes, originales y prometedores, que supieron darle nueva vida a un actor que necesitaba alejarse de las películas comerciales para volverse el héroe indie que es hoy.

Anderson lo convocó en 1997 para actuar en su segunda película —aunque el primer gran filme del director texano— Tres son multitud. Murray encarnó a Mr. Blume un hombre solitario pero bueno en el fondo, sensible e irreverente. Todo lo que se piensa que Bill Murray es. Desde ese entonces él ha actuado en cada película dirigida por Anderson, incluso, ahora, anunció que hará de perro.

Luego Coppola —la hija de Francis Ford— le limaría un poco ese costado irónico en la genial Perdidos en Tokio (2003), donde hace una estrella de cine amargada que viaja a Tokio para rodar un anuncio de una marca de whisky. Otra vez, Murray en el rol de solitario.

Esa imagen que da el actor en su filmografía también es cultivada por sus acciones en la vida real y por eso en ciertos casos pareciera que está actuando de sí mismo. Murray va a los lugares que quiere ir y actúa donde quiere actuar.

Ha aparecido de sorpresa en casamientos —sin llevar cámaras que registren todo—, ha cantado en bares de karaoke y entretenido a un pueblo en Bali, en el que no sabían quién era. Bill Murray encarna esa libertad, irreverencia e ironía que interpreta y por eso es querido por casi todas las generaciones. Desde Wes Anderson se ha vuelto un ídolo para los estudiantes de cine y hipsters, que hasta compran remeras con su rostro. Mientras, los grandes lo recuerdan por su humor más simplón de los comienzos de su carrera.

Sin dudas la carrera del actor que comenzó en Saturday Night Live está en un gran momento: se ha vuelto codiciado otra vez. Ahora estrenó Rock at the Kasbah, donde interpreta a un productor musical que termina en Afganistán buscando talento. Un papel como para él.

TRES PELÍCULAS CLAVE.

Los locos del golf - 1980.

Al estilo Saturday Night Live, Chevy Chase, Rodney Dangerfield y Bill Murray se burlan de ciertos americanismos y de la clase alta estadounidense. Los caddies de clase trabajadora tratan de ganar dinero y algo de respeto de parte de los excéntricos millonarios que juegan al golf en el club Bushwood. Fue dirigida por Harold Ramis, que también dirigió a Murray en Atrapado en el tiempo y actuó con él en Los Cazafantasmas (1984).

¿Qué tal bob? - 1991.

Bill Murray encarna a Bob, un hombre miserable a causa de sus obsesiones, que le impiden dejar su casa y vivir la vida. La enorme cantidad de manías de Bob termina por llevar al retiro a su psiquiatra, que lo deriva a Leo Marvin (Richard Dreyfuss). Bob termina por perseguir a su nuevo terapeuta hasta volverlo loco. La interpretación de Murray es genial, un equilibrio perfecto entre simpático y detestable.

Tres son multitud - 1998.

Después de un leve declive en su carrera, Bill Murray fue convocado por Wes Anderson para actuar en Tres son multitud, su segunda película. A partir del éxito de la película independiente y el posterior culto a Wes Anderson, Murray volvió a hacer un ídolo para las generaciones más jóvenes y de a poco él mismo se volvió un actor de culto.

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