CINE

Bienvenida a un director intrépido

Emiliano Mazza estrenó Multitudes y Nueva Venecia.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Vida nómade: reside entre Uruguay, Colombia, México y Cuba. Foto: D. Borrelli

En los últimos seis años Emiliano Mazza perdió a sus padres, se casó, cambió de país y de trabajo. Dejó un puesto en una exitosa productora publicitaria para cumplir, a los 40 años, un viejo deseo de hacer cine. Y lo logró con éxito.

Ya filmó tres películas, todas de género documental. La primera, Multitudes, acaba de ser estrenada (Sala Pocitos), mientras que Nueva Venecia aún permanece en cartelera (Cinemateca 18). La tercera se titula Vida a bordo y está en montaje. "Es acerca de la vida sobre un buque de carga hacia Paraguay, pero también es sobre eso que llevamos a cuestas", adelanta.

Multitudes llegó a los cines luego de dos años de gira por más de 20 festivales. "Cuando arrancamos con esta idea yo tenía oficio de filmar y ahorros, pero no sabía nada más", confiesa. Se calzó el proyecto al hombro junto a su amiga Mónica Talamás, que habitualmente se dedica a la dirección de arte.

El objetivo fue reflexionar acerca de cómo es el uruguayo cuando está en masa. Eligieron ocho eventos multitudinarios y convocaron a cineastas que tuvieran un arraigo emocional con cada temática. Los créditos también incluyen a Micaela Solé, Ferruccio Musitelli, Pablo Riera, Vasco Elola, Pablo Ramos y Horacio Gómez.

Mientras Multitudes viajaba, Mazza se trasladó junto a su pareja (la productora Marta Orozco) hasta Nueva Venecia, un pueblo de 3.000 habitantes ubicado en la ciénaga de Santa Marta, en la Colombia rural. Fue a registrar cómo se vive con el agua bajo los pies y el fútbol en la cabeza, porque aunque no tienen tierra firme, todos allí quieren ser jugadores.

Nueva Venecia todavía continúa con su despliegue mundial y tomó una dimensión política insospechada. Es que se trata de una de las 303 comunidades que retornó a su origen luego de sufrir un atentado paramilitar, en un país que tiene casi ocho millones de desplazados. El gobierno colombiano incentivó la proyección en distintas ciudades.

El cine de Mazza observa al hombre en su espacio. Se concentra en los detalles que hacen a ese lugar único, confiando en el valor de la imagen y del sonido que elige retratar, sin utilizar música ni testimonios. "A mí me interesa el cine etnográfico. Me asumo como un voyeur porque en mi cabeza imagino ficciones permanentemente, hasta con la gente que me cruzo por la calle", explica este director que llegó para quedarse. Y filma con la impaciencia de esos artistas que temen perder el tiempo.

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