ADIÓS A UNA ESTRELLA

Bibi Andersson: cuando la musa de Ingmar Bergman actuó en El Galpón

La cultura sueca perdió el pasado domingo a uno de sus grandes nombres. El País recuerda la visita de Bibi Andersson a Uruguay en plena apertura democrática

Bibi Andersson
Bibi Andersson, en su visita a Montevideo. Foto: El País

El domingo falleció a los 83 años la reconocida actriz sueca Bibi Andersson, una de las musas del cineasta Ingmar Bergman y un emblema del cine sueco. La artista, que sufrió un derrame cerebral en 2009 que le obligó a permanecer ingresada en un hospital desde entonces, destacó también por su fuerte compromiso social, que la llevó a llevar adelante múltiples causas humanitarias. En Uruguay fue venerada por centenares de amantes del cine, que la admiraron en notables películas como Cuando huye el día (1956), El séptimo sello (1957) o Persona (1966). Pero también por el público de teatro, cuando se presentó en El Galpón, en tiempos de la apertura política.

“Ella vino a actuar a El Galpón, con un actor sueco muy importante: era como el Alberto Candeau del teatro sueco. Y en El Galpón le colgaron un cartel en sueco que decía Bienvenida Bibi Andersson. Pero el portero de El Galpón, que había estado en Suecia, conocía a ese actor sueco, y notó la dimensión que su visita también tenía. Y cuando ella vio el cartel dijo, ‘Por favor descuélguenlo, porque está solo mi nombre. Y yo vengo junto un actor muy importante y no quiero que se ofenda’. Entonces bajaron el cartel, pero cuando lo fueron a guardar, dijo, ‘esperen, antes sáquenme una foto con el cartel’. Era tan auténtica”, recordó para El País el actor Pepe Vázquez sobre aquella visitante sueca, quien se presentó junto a Keve Hjelm para ofrecer Acreedores, de Strindberg.

Bibi Andersson
Bibi Andersson, en El Galpón. Foto: Archivo El Galpón

El director y crítico de teatro Alfredo Goldstein conserva todavía una imagen nítida de aquella primera actriz sueca en el gran escenario de la Av. 18 de Julio, en los años en que Uruguay recuperaba su democracia. “Estuvo hacia 1985, y fue una gran puesta que demostró que Strindberg no solo era tortuoso en sus conflictos dramáticos, sino que poseía un enorme humor que por estos lares solíamos desconocer. Actuó con Tomas Bolme y Keve Hjelm, otros actores gigantescos, y la puesta era con los espectadores en el escenario, así que la tuvimos muy cerca. Y más allá de la barrera del idioma, y aunque conocía la obra, llegué a entender que por momentos ese Strindberg infernal podía tener la liviandad cáustica de un Oscar Wilde. En fin, son sólo impresiones personales”.

Otro de los periodistas que cubrió aquella visita fue Yamandú Marichal, cuyos recuerdos hoy, aportan un punto de vista bien distinto. “Me acuerdo que estuvo en El Galpón. Hace años y años de eso, y no le dieron quizá demasiada atención. Lo que ella fue como un pasaje fugaz, digamos. Tengo el recuerdo de verla en el escenario, de tener esa noción de estar ante una gran actriz, pero no me conquistó como me ocurrió con John Gielgud. Como que no fue lo que yo esperaba. Lo que no significa que fuera mala ni mucho menos. Ella era más importante en la pantalla, aunque no puedo decir que era mala en teatro, porque no tengo suficientes recuerdos como para afirmar eso. No me quedó un recuerdo tan fuerte, como me ocurrió con visitas como la de Vittorio Gassman o Jean-Louis Barrault”, evocó el crítico de teatro Yamandú Marichal, apuntando a un aspecto que Pepe Vázquez también señala: la escasa dimensión masiva que produjo en Montevideo aquella visitante sueca.

Bibi Andersson
Bibi Andersson, entre actores uruguayos. Foto: El Galpón

“Además de ser una actriz muy importante, era muy simpática. Nosotros con El Galpón llegamos acá a Uruguay en 1984, y ella vino enseguida, cuando todavía El Galpón no había empezado a hacer sus planes de reforma. Recién se estaba haciendo Artigas, general del pueblo, y ellos vinieron con esa versión de Acreedores, montando una especie de teatro circular sobre el escenario, y esparcieron sillas alrededor. El público estaba arriba del escenario, porque es tan grande el escenario que se quitaron las cortinas del fondo y se lo convirtió todo como en una sala. Era fantástico lo que hacían, y la estaban calentando a la obra, porque luego la llevaban a Broadway”, evocó Vázquez.

Y agregó: “Acá en Uruguay su visita no generó una conmoción, para nada. Yo digo que era una estrella para mí, que la había visto en Gritos y susurros y tantas otras películas, haciendo cosas de Ingmar Bergman fantásticas. Pero no era un cine para multitudes. Acá como en todo el mundo, la mayor parte de la gente prefería las películas americanas de robots. No recuerdo que se le hiciera ningún gran homenaje oficial. Y le hicieron algunas entrevistas, pero no fue una cosa multitudinaria. Era una tipa que andaba tranquilamente por el mundo”, dice Vázquez con su lenguaje campechano, recordando a su vez tiempos todavía más lejanos, cuando críticos como Emir Rodríguez Monegal difundieron la obra de Bergman a nivel mundial.

Bibi Andersson
Bibi Andersson, una visita fugaz. Foto: El Galpón

En su visita a Montevideo, la actriz tuvo una charla pública, en la que se tocó el tema de la salud mental de Strindberg (1849-1912), asunto que ella zanjó con un categórico “Strindberg no era un loco”. En esa visita al Plata, la artista tuvo también gran actividad en Buenos Aires, donde presentó Acreedores en el Teatro San Martín. Además, en la vecina orilla hizo cine, filmando Pobre mariposa (1986, de Raúl De la Torre), con Graciela Borges y Lautaro Murúa, y Los dueños del silencio (de 1987, dirigida por Carlos Lemos), con Arturo Bonín. Ayer, Graciela Borges, recordando a Andersson, evocó cómo en el rodaje de Pobre mariposa la actriz sueca tuvo que lidiar con el español, mientras que Borges, para salvar esa distancia idiomática, hizo clave lúdica una escena en la que ella jugó a hablar como en un idioma sueco inventado.

La carrera de Andersson abarca décadas, como actriz y directora de cine, teatro y televisión, además de miles de episodios que dejó plasmados en su autobiografía, Un parpadeo, de 1996. Pero su pasaje por Uruguay, sin duda un episodio menor de su carrera, quedó grabado como un momento significativo para un pequeño montón de uruguayos.

anécdota

Aquel autógrafo en una caja de fósforos

“Es una minihistoria que yo viví con ella, aunque para ella habrá resultado insignificante, siendo tremenda estrella de cine. La primera vez que yo fui a Suecia, en el 83, fue a un festival de teatro que había organizado Olof Palme. Y un día nos llevaron de visita al Teatro Real de Estocolmo, y en la cantina, la veo, sencillita, de jean. Y yo que soy un loco del cine de Bergman, me acerqué a hablar con ella. Porque justo en el aeropuerto de México, un compañero que había dicho cuando me iba, ‘si la ves a Bibi Andersson, decile que la amo’. Entonces me acerqué, y chapuceando inglés le dije que estábamos en el festival. Y ella, que algo parloteaba de español, me entendió”, contó Vázquez evocando con humor.

“Y le expliqué que lo que quería no era un autógrafo para mí, sino para ese amigo. Entonces, en una caja de fósforos grande, porque no había otra cosa, empezó a escribir, y me preguntó cómo se llamaba mi amigo. Yo le dije ‘Washington’. Porque los nombres de los uruguayos son rarísimos en el mundo entero. Se rio, y puso, “Hi, Washington. Love. Bibi Andersson”. Pasó el tiempo, y fui al festival de La Habana, donde ella estaba invitada como figura especial. Y en el hotel, la veo venir, y yo pensé que no se iba a acordar. Y me gritó, “Hi, Washington”.

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