VIDEO

Una batalla desigual en la desolación que deja una crisis

Se estrena No respires, la formidable película de suspenso de Fede Álvarez.

Desde ese travelling inicial que va de una panorámica a un plano medio, está claro que No respires está invitando a un viaje. Y una pequeña obertura casi electro-acústica sobre los títulos ya nos había advertido que iba a ser una excursión de las complicadas. Y a una advertencia tan cinematográfica siempre conviene creerle.

Así, con esa toma a lo Google Earth que termina en la imagen definida de un hombre arrastrando a una muchacha por una calle desierta, queda claro —con prisa y sin pausa— el peligro que significa estar allí a la intemperie en una situación tan funestamente incómoda. Solo queda saber cómo se llegó a eso.

La historia de No respires, la película que está primera en la taquilla de Estados Unidos y que dirigió un uruguayo, es bien simple y se ha contado bastante en estos días: tres jóvenes que no necesariamente son malos, sino un poco tontos y tirando a amorales, intentan robar la única casa que queda ocupada en un vecindario que parece arrasado por una explosión nuclear (en realidad quizás haya sido la crisis financiera: transcurre en Detroit). Van confiados porque saben que allí vive un ciego con su perro, y todo indica que hacerse de un botín, que se presume suculento, es pan comido.

Craso error. El dueño de casa es un hombre de recursos para defender lo suyo; esconde un secreto que va a mantener como sea necesario y carga un dolor profundo que quizás sea lo que lo hace invencible. El guión tiene un par de giros bien dispuestos que conviene no mencionar, no sea cosa de arruinarle la sorpresa a alguien.

Técnicamente es más una película de suspenso que una de terror, aunque se maneje cómoda en ese rubro, y haya sido colocada dentro de esta nueva ola del horror en donde hay películas como It Follows de David Robert Mitchell, La bruja de Robert Eggers, Babadook de Jennifer Kent, o El conjuro 2 de James Wang. Y que como en Te sigue, también se centra en esa adolescencia desvalida que sobrevive en un ecosistema desolador que dejó la última crisis. Otra reciente del género (Green Room de Jeremy Saulnier) lidia con el mismo escenario, pero desde el punto de vista del enfrentamiento social que dejó todo eso.

Si no puede ver el video, haga click aquí. 

Como es clásico en esta "nueva ola", No respires tiene los guiños inevitables a películas de la década de 1980: la iluminación exterior de la casa parece de una película de Carpenter, el perro es igual a Cujo, aquella basada en la novela de Stephen King. Pero son apenas apuntes de un planteo que, en todo caso, es el mismo de tanta película de susto sobre adolescentes que van a una choza abandonada y despiertan al demonio (justo el tema de la anterior película de Álvarez, Posesión infernal). Pero acá se subvierten varios contratos de lectura sobre cómo se comportan los personajes en situaciones y en películas como ésta, sí, y también sobre el concepto de lo moral y lo amoral. Y se exploran las posibilidades de contar esto de una manera cinematográficamente seductora.

En ese sentido, esta película de Fede Álvarez (y del coguionista Rodo Sayagués y del fotógrafo Pedro Luque, todos uruguayos) está llena de ideas. Y de desafíos estilísticos bien superados.

Lo más notorio es el trabajo del color en una paleta que va desde un amarillo medio chillón, a un gris bien oscuro y que, en ese caso, es una manera de ubicar a los personajes y a los espectadores en cancha visitante; el locatario es ese ciego que Stephen Lang (el villano militarista de Avatar) interpreta con el tono y la presencia indispensables. Es difícil no asustarse cuando se lo baña de una luz roja intensa que recuerda al Scorsese más atemorizador, o en un primer plano que enseña tanto su furia como su desconcierto. Lang, un actor de tradición teatral, tiene una gran responsabilidad en la eficacia de una película que va, no por el atajo del espanto fácil, sino por un camino más sutil. Y que hasta incluye una cámara subjetiva desde el punto de vista de un ciego; bien ahí.

Otro desafío interesante debe haber sido cómo trabajar el sonido. No respires, ya queda claro desde el título, es una película que se impone silenciosa, la única manera de pasar desapercibido ante un enemigo así. La música del español Roque Baños queda camuflada, adrede, por un sonido ambiente que le da, además, una vida extra a esa casa casi embrujada. Los jadeos, sollozos o gritos asordinados aportan su propia banda sonora. Es una película para escuchar.

No Respires. Foto: Difusión
No Respires. Foto: Difusión

Álvarez presenta todos sus argumentos y el suspenso de forma atractiva. Y su mayor mérito —y quizás haya que superar el prejuicio hacia un género a veces bastardeado para verlo— es demostrar que cierto espíritu independiente, mucha insolencia y amor por el cine, son las únicas armas que tienen las buenas películas para defenderse en este mundo tan demandante de originalidad pero tan poco dispuesto a tomarse el trabajo de hacer algo original. No respires lo consigue.

No respires [****]

Estados Unidos, 2016. Título original: Don’t Breathe. Dirección: Fede Álvarez. Guión: Fede Alvarez, Rodo Sayagues. Fotografía: Pedro Luque. Música: Roque Baños. Dirección de arte: Adrien Asztalos, Erick Donaldson. Con: Stephen Lang, Jane Levy, Dylan Minnette, Daniel Zovatto. Duración: 88 minutos. Estreno: 8 de septiembre.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)