Crítica

¿Cómo es "El baile", el musical con Meryl Streep y Nicole Kidman que estrenó Netflix?

La nueva producción de Ryan Murphy es una historia real que fue una obra de Broadway y habla sobre la tolerancia y la homofobia en un tono de comedia

El baile
Meryl Streep y James Corden en "El baile"

Como para no hacerle perder el tiempo a nadie, que se sabe que el público suele ser quisquilloso con cosas así, en El baile cantan. Cantan mucho.

Es, después de todo, la adaptación de un musical de Broadway y eso significa que, sin razón aparente, en determinados momentos los protagonistas se ponen a cantar y bailar como la única manera de expresar sus emociones o de afirmar sus argumentos. Siempre es un placer escuchar cantar a Meryl Streep —acá, al frente de un elenco que incluye a Nicole Kidman y James Corden, quienes también entonan muy bien— pero algún público puede encontrarlo un poco excesivo. Y como que lo es.

Más allá de ese reparo que para muchos es insalvable, El baile ha venido generando cierta expectativa que la promoción de Netflix, que la estrenó ayer mundialmente, se ha encargado de amplificar. Es, en definitiva, la más ambiciosa de las cooperaciones de la plataforma con Ryan Murphy, el productor estrella por cuyos servicios pagó una fortuna.

Hasta ahora no ha dado nada muy descollante, la verdad, aunque hay quienes han encontrado méritos en cosas como Ratched y Hollywood. No comparto ese entusiasmo por Murphy, quien siempre parece estar al borde de hacer algo notable y nunca lo consigue del todo.

Se hizo conocido con Glee, de cuyo espíritu hay bastante en El baile.

Es la tercera película dirigida por Murphy (la primera fue Comer, rezar, amar con Julia Roberts) quien ha ganado seis premios Emmy y es considerado uno de los grandes productores de la televisión en el siglo XXI. Se le paga a ese nivel.

Para haberse vuelto un musical de Broadway y ahora una película de Murphy, la anécdota de El baile está basada en un drama de la vida real. En 2010, una estudiante del Itawamba Agricultural High School de Fulton, Mississippi, pretendía ir al baile de fin de curso con su novia y vestida de smoking. Las autoridades cancelaron la fiesta para evitarlo, lo que se volvió noticia nacional y provocó la indignación de algunas celebridades.

A partir de eso, Matthew Sklar y Chad Beguelin crearon un musical en el que agregaban a la historia, la cruzada de dos estrellas medio apagadas de Broadway que van hasta el pueblo (mudado a Indiana en la ficción) a respaldar a la muchacha y, de paso, darle un poco de aire a su carrera. El musical se estrenó primero en Atlanta, llegó a Broadway en 2019 y consiguió seis nominaciones a los premios Tony. La pandemia impidió que se amortizara la inversión costosa de su producción.

Murphy respeta el planteo de la obra teatral. Así sigue a Dee Dee Allen (Streep) y Barry Glickman (Corden), estrellas de Broadway que para sobrellevar un estrepitoso fracaso (Eleanor, una adaptación de la vida de la esposa de Franklin Delano Roosevelt), buscan la redención y algo de publicidad yendo a apoyar a Emma (Jo Ellen Pellman) a la que no dejan ir al baile con su novia (Ariana DeBose) que justo es la hija de la más reaccionaria de la comisión de padres (interpretada por Kerry Washington).

Así que van para allá con otros dos colegas con menos suerte que ellos, Angie (Kidman) y Trent (Andrew Rannells). El plan, claro, no sale como se preveía pero ahí la película se concentra en hacer que estos personajes se vuelvan mejores personas. Parece un objetivo imposible, pero este es un musical y en un musical incluso ellos pueden salvarse.

“Mi atracción por hacer El baile fue querer hacer una gran película musical para todos, que se ubicara en la tradición de los grandes musicales de Hollywood con los que crecí y a los que amaba”, le dijo Murphy Deadline. “Todo, desde Cantando bajo la lluvia hasta Chicago y Les Miserables, estos grandes y atrevidos musicales de Broadway en los que puedes elegir grandes estrellas y dejar que todos brillen y encuentren gente nueva y mostrárselas al mundo”.

Si esa es la propuesta en cierto sentido lo consiguió. La película está cargada de números musicales que el director de fotografía Matthew Libatique llena de colores algo kitsch. Las canciones, para los que les interesa el género, cumplen con el estandar de los musicales y siempre es interesante ver a estrellas saliendo de la zona de confort del drama. No es la gran cosa, tampoco.

Y tiene la inocencia de los musicales. Todo se sabe va a solucionarse porque este una película sobre la tolerancia, sobre el ser lo que uno quiere ser en un mundo que podrá ser hostil pero que no puede contra un montón de purpurina y de estrellas eogocéntricas pero bien intencionadas.

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