Leonardo Di Caprio de explorador en The Revenant

Una aventura en tierra hostil que puede traer Oscar

Un reciente ganador y un eterno perdedor del Oscar unen fuerzas en The Revenant, película que dirigida por el mexicano Alejandro González Inárritu (autor de la oscarizada Birdman) y protagonizada por Leonardo DiCaprio, cuyo se estreno mundial se prevé para el 25 de diciembre de este año.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Alejandro González Iñárritu y Di Caprio en un territorio realmente peligroso.

Se trata de una nueva versión de la historia de Hugh Glass (1780-1833), cazador y "frontiersman" norteamericano que entró en la leyenda del Oeste cuando fue atacado por una osa gris y abandonado por sus compañeros (que creyeron que su muerte eran inminente) en medio de una tierra salvaje, y emprendió una desesperada lucha por la supervivencia, enfrentando la crudeza del invierno y a indios hostiles.

Hay bastante misterio acerca de la juventud de Glass. Se afirma que sirvió a las órdenes del célebre pirata Jean Laffitte, quien combatió junto a Andrew Jackson en la guerra contra los británicos de 1812 y (al menos si se le hace caso a Cecil B. DeMille) cumplió un papel decisivo en la célebre batalla de Nueva Orleans. Otras versiones lo describen como "integrante honorario" de la tribu indígena pawnee.

Está mejor documentada su aventura de 1823. En agosto de ese año, mientras exploraba las fuentes del río Grand, en el actual condado de Perkins, Dakota del Sur, Glass fue atacado por una osa grizzly a la que finalmente pudo matar con su cuchillo, pero quedó muy malherido. El jefe de la expedición, Andrew Henry, creyó que no sobreviviría, y pidió a dos voluntario, John Fitzgerald y Jim Bridger, que se quedaran con él hasta que muriera. En ese momento se produjo un ataque indio, y Fitzgerald y Bridger emprendieron la fuga llevándose el fusil, el cuchillo y otras pertenencias de Glass, e informaron a su jefe que había muerto.

Sin embargo Glass sobrevivió. Improvisó medicinas naturales para combatir la gangrena, comió raíces y bayas silvestres y se ocultó de los indios durante varias semanas. Cuando finalmente llegó a la "civilización" inició una campaña personal de búsqueda de quienes lo habían abandonado. En la versión cinematográfica, por lo menos, a quien percibió como el principal "traidor" fue a su examigo Fitzgerald, interpretado por Tom Hardy, el Bane del último Batman de Nolan y el Max Rockatansky de la última Mad Max.

El cine ya se había ocupado, con ciertas libertades y los nombres cambiados, de la historia de Hugh Glass. En 1971, Richard C. Sarafian dirigió Furia salvaje (Man in the Wilderness), una versión ficcionalizada del asunto protagonizada por Richard Harris, en la que John Huston aportaba un villano particularmente extravagante, una suerte de capitán Ahab de las praderas que arrastraba, como el Fitzcarraldo de Herzog y Kinski, un barco a través de tierra seca.

La película no se ha estrenado todavía, y algunos medios están sugiriendo ya que Leo DiCaprio podría finalmente ganar el Oscar que le deben desde hace un montón de tiempo por su encarnación de Glass. Ojalá fuera cierto, pero no hay que creerlo demasiado: simplemente, la Academia no ama a Leo. Actores mucho peores ya tienen su estatuilla, y a él lo han postergado una y otra vez. Fue nominado como secundario (por ¿A quién ama Gilbert Grape?) y como protagonista (por El aviador, Diamante de sangre y El lobo de Wall Street), pero en todos los casos el premio se lo llevó alguien más vistoso y efectista. Ya sería hora.

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