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Así es "El stand de los besos 2", secuela de la exitosa comedia romántica de Netflix

"El stand de los besos", basada en un fenómeno de Wattpad, fue una de las películas de Netflix más vistas de 2018. Esta es la segunda parte

Imagen de "El stand de los besos 2". Foto: Netflix
Imagen de "El stand de los besos 2". Foto: Netflix

Es raro pensar que El stand de los besos, que apenas tiene un 17 % de aprobación de la crítica y un 58 % de la audiencia según el sitio Rotten Tomatoes, haya sido en su año de estreno una de las películas más vistas de Netflix. Pero ya se sabe que popularidad y calidad no siempre van de la mano y, cada vez queda más claro, mucho menos cuando se habla del más popular de los servicios de streaming.

Comedia romántica de corte adolescente, el film dirigido por Vince Marcello (con experiencia más que nada en películas de televisión, y eso se nota) está basado en un fenómeno literario de estos tiempos.

The Kissing Booth, tal el título original de El stand de los besos, nació como novela de Wattpad, una plataforma/red social en la que cualquiera puede escribir y publicar sus textos, y que en la última década ha sido el puntapié para varios fenómenos. El de Beth Reekles es uno: tenía 15 años cuando subió esta historia de amor y desencuentros, y tras conseguir más de 19 millones de lecturas, fue fichada por la editorial multinacional Random House y vendió los derechos para esta adaptación cinematográfica.

Para cuando El stand de los besos llegó a Netflix tenía todo ese background que la impulsó a ser fenómeno juvenil. A un mes de estrenada la película, en junio de 2018, el CEO de la plataforma —siempre recelosa de mostrar sus números de audiencia— declaraba en un evento que la comedia era, en ese momento, “una de las películas más vistas en el país y quizás en el mundo”.

Su historia es de lo más simple. Elle Evans (Joey King) y Lee Flynn (Joel Courtney) son de esos amigos inseparables típicos del relato americano, que sueñan con sortear la secundaria e ir juntos a la universidad, todo siguiendo unas reglas personales que dicen qué códigos no se pueden romper entre los dos. Como para poner a prueba ese reglamento, Elle se enamora nada menos que de Noah (Jacob Elordi), el hermano mayor de su bestie, popular y problemático y con serios problemas de control de ira. Y Noah, la corresponde, con un stand de besos como celestina.

La búsqueda de la felicidad, el despertar sexual y el primer amor, y el poderío de la amistad entran en juego en una historia llena de clichés (de la comedia romántica y de las películas juveniles) y con algo de sobreactuación, que igual le funcionó tan bien a Netflix que dio lugar a una segunda parte.

El stand de los besos 2 llegó ayer a la plataforma y es la continuación natural y predecible de lo que ya se había visto. Con Noah en la universidad y Elle en su último año de secundaria, este amor tan pasional deberá sortear obstáculos básicos de las relaciones a distancia.

Como para complicar todavía más las cosas, a la clase de Elle llega Marco (Taylor Zakhar Perez), el más galán de los galanes: atleta, es músico, bailarín, simpático y dueño de un montón de atributos que la chica, sin querer, le describe a toda la escuela. Y Noah, que padecía la soledad en Harvard, encuentra un rescate espiritual en Chloe (Maisie Richardson-Sellers) que es como una supermodelo.

Imagen de "El stand de los besos 2". Foto: Netflix
Imagen de "El stand de los besos 2". Foto: Netflix

Más allá de las situaciones potencial o sospechosamente románticas que se generarán por ambos lados, lo central de esta secuela es, como en la primera entrega, la relación entre Elle y Lee (y el lugar de Rachel, la novia de Lee, casi que como tercera en discordia).

Entre ellos dos, que tienen muy buena química más allá de cierta sobreactuación de King en los momentos que se suponen más graciosos, se generan las instancias más efectivas de la película, tanto en la línea comedia de enredos como en la de drama lacrimógeno.

Ya sin factor sorpresa y con una duración exagerada (dos horas y minutos), El stand de los besos 2 es más melodramática que su antecesora. Una pretendida sororidad y una pretendida diversidad vienen a reparar los aspectos más criticados de la primera entrega (el machismo y el slut-shaming, sobre todo), pero aunque hay, como en esos casos, amagues de aportar algo un poco más profundo que otra historia de noviazgo liceal, el resultado final es simpático pero lavado.

Tiene a su favor una entretenida selección de canciones retro (en general en versiones no tan logradas), como “Build Me Up Buttercup” de The Foundations; y algo de montaje de pantalla dividida o superposición de imágenes que aportan dinámica. Y no mucho más.

Sin embargo, a horas de su estreno ya aparecían las notas de prensa que especulaban con una tercera entrega de El stand de los besos, que no es necesaria pero es posible. En paralelo Noah, el personaje de Elordi, fue tendencia en Twitter y eso ya es una primera aproximación a la popularidad que la película podrá tener, a pesar de las opiniones en contra. En ese sentido, el legado de El stand de los besos está asegurado.

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