ESTRENO

¿Cómo es "El ascenso de Skywalker", la última de Star Wars que se estrena hoy en Uruguay?

Dirigida por J. J. Abrams, la película cierra la saga con el regreso de viejos conocidos, revelaciones sorprendentes y Chewbacca llorando

Star Wars: El ascenso de Skywalker
Daisy Ridley, una heroína en el centro de Star Wars: El ascenso de Skywalker

Para dejar tranquilos a los seguidores y advertir a los paganos, en Star Wars: El ascenso de Skywalker está todo lo que tiene que estar para cerrar una de las más grandes sagas de la historia del cine. O sea, acá vuelve la introducción scrolleada con tipografía News Gothic, los sables láser, las batallas imposibles de ganar, planetas exóticos, villanos, parentescos inesperados, Chewbacca y Billy Dee Williams, quien regresa a una galaxia lejana por la que no se lo veía desde El regreso del Jedi y de eso ya hacía 36 años.

Hay otros regresos que conviene no avisar para no arruinarle la sorpresa a nadie, pero que también fueron saludados con vítores por la parcialidad entregada (y en algunos casos, vestida como alguno de esos personajes) que saludó con sus propios sables de láser la primera exhibición en Uruguay, ayer en Nuevo Centro. Oficialmente, El ascenso de Skywalker se estrena hoy en Uruguay.

Dirigida por J. J. Abrams  —quien dirigió El despertar de la fuerza, la primera de esta trilogía final; fue el productor ejecutivo de la segunda, El último Jedi, y aquí asumió el compromiso tras la salida del director original, Colin Trevorow—, la historia sigue la travesía de Rey (Daisy Ridley) por descubrir quién es, de dónde viene y a dónde va. Para lo que, acompañada por su pandilla, debe encontrar el rastreador que los lleve a Exogol, el planeta que aloja la guarida de Palpetine, el senador devenido emperador que intenta hacer de la galaxia un territorio sometido al lado oscuro. Su principal general es el conflictuado Kylo Ren (Adam Driver), que es el hijo de la princesa Leia (la fallecida Carrie Fisher, quien acá vuelve a resucitar tecnológicamente) y sobrino de Luke Skywalker, y tiene un extraño vínculo telepático, al borde de la historia de amor, con Rey.

Para conseguir todo eso (rastreador e identidad, casi nada), Rey se apoya en su equipo de siempre, que incluye a los temerarios y leales Poe (Oscar Isaac) y Finn (John Boyega), además de C-3PO B-B8 y Chewbacca, quien esta vez hasta tiene cierta exigencia dramática con llanto incluido. Juntos harán varias escalas hasta llegar a un final a todo despliegue, como corresponde.

Abrams no es el más original de los directores, pero sabe cómo llevar esta nave nodriza al planeta que tiene que llegar. Particularmente atractiva es una pelea entre Rey y Kylo Ren en las ruinas de la Estrella de la Muerte, rodeados de grandes olas que revelan las convulsiones interiores de los dos personajes principales. El resto de la trama transcurre en los habituales pasillos de naves en los que hay superpoblación de storm troopers, y entre las explosiones de las variadas batallas que salpican la historia.

Lo mejor de El ascenso de Skywalker es el reencuentro con algo de la magia de las primeras películas, un brillo que se había ido perdiendo más allá del entusiasmo de muchos y un marketing bien dirigido. Es pura aventura y algo de Shakespeare, una combinación que viene funcionando hace 500 años sin que, por lo visto, tenga fecha de vencimiento.

Porque, vamos, la de Star Wars, más allá de lo que piensen sus seguidores, no es una saga con grandes películas (o sea, no tiene un Prisionero de Azkhaban, digamos) pero está llena de buenos momentos, emociones y personajes entrañables. Y de esos hay un montón en las dos horas y media de El ascenso de Skywalker, que tiene ratos para saludar a los gritos y otros para llorar de emoción. Y para que una media docena de fanáticos saluden con sus espadas láser, una muestra de respeto que siempre merece ser respetada.

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