CINE

Cuando los artistas incomodan con sus opiniones sobre política

Clint Eastwood, una entrevista y el espinoso espacio entre arte y política.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Además de preferir a Trump atnes que a Hillary, Eastwood se refirió al racismo. Foto: .Warner Bros

A Eduardo Galeano —por nombrar un caso entre tantos— la derecha le cobró cada una de sus opiniones políticas. Ahora le toca a la izquierda pasarle factura a Clint Eastwood, director de algunas de las mejores películas de Estados Unidos en los últimos años (Million Dollar Baby, Los imperdonables, Río Místico y varias más). El director —además de afirmar que entre Hillary Clinton y Donald Trump elegiría a Trump— se despachó contra la "corrección política" en una reciente entrevista para la revista Esquire. Además se lamentó de que el presente pertenezca, según él, a una generación "pussy".

Esa palabra puede significar más de una cosa, y en este caso Eastwood muy probablemente la use para designar a una generación de "blanditos", gente sin carácter o personalidad. "Toda esa gente que dice Oh, no puedes hacer eso, no puedes hacer lo otro, no puedes decir eso. Supongo que son los tiempos que corren", dijo.

Pero "pussy" también es el término coloquial para "vagina" y ahí ya hay una toma de posición en la discusión sobre los géneros. Que el órgano genital femenino sea sinónimo de "sin carácter" o "lisonjero", dice algo sobre lo que se percibe como normal en un colectivo cultural determinado.

"En mis tiempos, eso no era racista", fue otra de las frases de Eastwood en la entrevista, que debe estar entre lo más infeliz que este gran director de cine haya alguna vez pronunciado en referencia a la política de su país. Además de que la dijo en una coyuntura en la cual la policía mata a un negro un día sí y el otro también.

Y raro en alguien que ha sabido retratar a personajes moralmente cuestionables —al menos para un visión conservadora como la del propio Eastwood— con consideración para sus facetas más humanas y bondadosas, como el ladrón interpretado por Kevin Costner en Un mundo perfecto, o la adúltera interpretada por Meryl Streep en Los puentes de Madison. Vale decir, también, que esos guiones no fueron de su autoría. Pero en la elección de las historias a contar hay un componente autoral. Eastwood es tan responsable de esas historias como John Lee Hancock (guionista de Un mundo perfecto) y Richard LaGravenese (guionista de Los puentes de Madison, sobre una novela de Robert James Waller).

Cuando Gay Talese, uno de los mejores periodistas estadounidenses, dijo que a él no lo había influido ninguna escritora femenina, muchos lo tildaron de machista, sin detenerse a pensar que Talese, como explicó luego, no entró en contacto (por razones que no vienen al caso en esta nota) con muchas escritoras. Mal podían haberlo influido.

Eastwood, de la misma manera, es producto de una época en la cual referirse a los negros de una manera despectiva era parte del paisaje cotidiano, incuestionable. Eastwood no supo o no quiso adaptarse a una nueva moral. Una que impone referirse a los demás con otra terminología. Y que, vale decirlo, a veces atenta contra la franqueza en el diálogo. "¿Qué? ¿Tengo que ser políticamente correcto al mismo tiempo que estoy furioso?", se preguntaba el comediante Chris Rock en uno de sus stand-ups.

El avance de la corrección política tal vez haya contribuido a la emergencia de Trump como opción política viable en Estados Unidos. Pero también contribuyó a hacer lo otrora incuestionable en algo, desde el punto de vista cultural, inaceptable en el presente.

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