Entrevista

El arte de la amistad y del cine en una comedia

De charla con el director argentino Gastón Duprat que hoy estrena "Mi obra maestra", su película con Francella y Brandoni.

Gastón Duprat
Gastón Duprat, un director argentino exitoso. Foto: Francisco Flores

Estamos en zafra de películas argentinas importantes. Y como ocurrió hace dos años, esta vez incluye una película de Gastón Duprat, quien en la temporada 2016 codirigió con Marcerlo Cohn, El ciudadano ilustre. Hoy estrena, Mi obra maestra.

Se trata de la historia de dos amigos bien diferentes. Por un lado está Arturo (Guillermo Francella), un marchand que patrocina la obra de Renzo Nervi (Luis Brandoni), artista que supo de años de gloria y hoy sobrevive en una casa-taller muy venida a menos. La verdad es que no vende un cuadro desde hace 10 años aunque las cosas pueden cambiar.

A diferencia del drama de suspenso de El ciudadano ilustre, ahora, Duprat (Cohn figura como productor) se vuelca hacia una comedia dramática con un par de giros interesantes. Es de una factura impecable, con un guion (cargo de Andrés Duprat, el hermano del director que, además, dirige el Museo de Bellas Artes porteño) bien trabajado y lleno de detalles.

Sobre Mi obra maestra, juntar a Francella y Brandoni y algunas de sus influencias en el cine argentino, El País, charló con Duprat.

Mi obra maestra
Vea el trailer de "Mi obra maestra" que reúne a Francella y Brandoni

—En una entrevista reciente, rescató la figura de Alejandro Doria, como un director que le interesaba. Suena raro porque no es una figura muy reivindicada.

—Me gustaban sus películas aunque no todas. Me gustan mucho Esperando la carroza, Cien veces no debo, Darse cuenta que son películas con mucha crítica social y mucha emotividad y humor. Eran películas con mucho contenido y toma de posición. Sé que suena anacrónico mi rescate porque esos atributos hoy están vistos como negativos. Es más cómodo y fácil hacer películas más crípticas.

—Pero también es parte de una tradición del cine argentino comercial que ha ido mejorando mucho desde entonces.

—Se habla mal del cine de los 80 en Argentina. En el sentido de “esto parece cine de los 80”, como de baja calidad, grotesco o costumbrista en el mal sentido. A mí me gustan y está Brandoni en algunas de ellas. Eran películas sofisticadas. La puesta en escena de Esperando a la carroza, por ejemplo, es notable.

¿Cómo llegó a Mi obra maestra?

—Después de El ciudadano ilustre que fue una película exitosa, tuvimos posibilidad de filmar en mejores condiciones. El ciudadano... había sido muy artesanal y llevó años hacerla. Teníamos rondando esta idea de hacer una película más emotiva, que tenga como centro la amistad entre dos hombres y poder reflexionar sobre los límites de la amistad y cómo atraviesa los vaivenes de la vida y las diferencias.

—¿Y cómo integró esa idea al mundo del arte?

—Es la geografía donde pasan las cosas pero no es relevante: podrían ser un odontólogo y un quiosquero.

—La película se inicia con un prólogo que es casi una radiografía de Buenos Aires...

—La hace el personaje de Francella porque es como una de sus características que le guste lo caótico y agresivo de Buenos Aires. Lo gracioso de la situación es que está defendiendo atributos negativos. Y además se contrapone al personaje de Brandoni que odia la ciudad y quiere irse.

—La película tiene una vuelta de tuerca que se revela muy acertadamente en el comienzo del tercer acto. ¿Cómo trabajó el guion?

—Es un guion muy trabajado y la versión que se filmó debe haber sido la 50 y pico. Se trabajó mucho, puntualmente, en esas cuestiones muy al milímetro con Mariano Cohn y Andrés Duprat, el guionista. Es un guion con muchas sorpresas.

—Francella y Brandoni son dos buenos comediantes y aportan mucho al tono de comedia que tiene la película.

—Queríamos comediantes que pudieran pasar rápidamente a la emotividad. No todos los actores tienen ese abanico y por eso ellos siempre fueron los ideales para esta película y por suerte les gustó y aceptaron participar. Y tuvimos un rodaje muy cómodo y placentero.

—Y ensayaron mucho.

—Mucho. Brandoni anda diciendo por ahí que nunca ensayó tanto y tiene como 70 películas. Hicimos mucho trabajo previo para así que cuando me puse a filmar solo tenía que ejecutar lo que estaba muy planeado.

—¿Vio alguna película mientras filmaba que le sirviera de inspiración?

—Lo que a mí me gusta no lo sé hacer: la ciencia ficción y la saga Star Wars, Tarantino. Me gusta Nani Moretti, Woody Allen y los grandes de Hollywood como Spielberg o Cameron. No es cinéfilo lo mío, tengo un gusto por el cine popular de calidad. No me gusta el cine lacónico de tiempos muertos. No lo aguanto.

El cine argentino se ha caracterizado en los últimos años por hacer grandes apuestas tras las vacaciones de invierno. Esta zafra, de la que Mi obra maestra, es parte destacadísima, empezó con El Ángel, la película de Luis Ortega sobre Robledo Puch y sigue el 4 de octubre con el estreno local de El amor menos pensado con Ricardo Darín y Mercedes Morán, el 11 de octubre con Acusada con Lali Espósito y va hasta el 8 de noviembre con El Potro: Lo mejor del amor sobre Rodrigo.

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