entrevista

Argentino con Oscar que corre riesgos

El director argentino Armando Bo habla sobre "Animal", su película con Guillermo Francella que se estrena hoy

Armando Bo
Armando Bo, un apellido ilustre del cine con carrera propia

Así empiezan casi todas las notas sobre Armando Bo, ésta no va a ser menos: es el nieto del director del mismo nombre que inventó a Isabel Sarli y se volvió un cineasta de culto. Y, sí también, es el hijo de Víctor Bo, aquel Delfín en la saga de Los Superagentes.

Pero cuando se está con Armando Bo no es necesario hablar de esas cosas. A pesar de que, para ciertos estándares es joven (cumple 40 en diciembre), el Bo chico ya tiene muchísimo mérito propio. Tiene un Oscar que ganó por el guion original Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia), la segunda película que escribió para el mexicano Alejandro González Iñarritu; la otra fue Biutiful, que también coescribió, entre otros, con su primo Nicolás Giacobone.

Y Animal, que se estrena hoy en Uruguay, es su segunda película como director. En 2012 había dirigido (a partir de un guion también escrito junto a Giacobone) El último Elvis, un más que promisorio debut que ganó premios en varios festivales y contaba la vida (triste) de un imitador del rey del rock and roll.

Animal es otra cosa. En ella, el personaje interpretado por Guillermo Francella es gerente de un frigorífico, un hombre bien y que siempre cumple con lo que la sociedad espera de él. Enfrentado a la necesidad de un transplante de riñón, empieza a transformarse en otra persona y a vincularse con las personas equivocadas. Es un drama vistoso y bastante arriesgado.

Animal Armando BO
Vea el tráiler de "Animal", la película de Armando Bo con Guillermo Francella

Sobre esas cosas, El País charló con Armando Bó.

—El género de Animal es difícil de definir. Es un drama, una de terror, una comedia negra...

—Era importante, ya desde el guion, aprovechar todo lo que quisiéramos y jugar. Hay momentos en que sí puede ser de terror, puede ser una comedia negra y agarrar esa bolsa era todo un riesgo porque, en realidad, los géneros son los que te mantienen controlado y a salvo: si es de terror, por ejemplo, hay que asustar. Así que corrí el riesgo de irme de tono. Las películas son como una orquesta en la que todo tiene que estar en sincro. Estoy muy contento con que la película tenga su propio tono, su propio universo y sea bastante personal.

—La puesta en escena y el uso del sonido tienen mucha relevancia.

—Todo parte desde el guion: no tomé ninguna decisión caprichosa como —querer que la película se viera de determinada manera. Viene de acompañar las sensaciones de los protagonistas. El personaje de Guillermo (Francella) que se va volviendo cada vez más complejo y los que parecían los malos también van cambiando. Y terminan explotando todos y sacando su lado más egoísta. Y de alguna manera, la puesta y el sonido y la luz y la música, todo va agarrado a lo que le va pasando a los personajes y, por lo tanto, la película se va volviendo un poco más loca sin irse para cualquier lado. La sutileza te va corriendo hacia un lugar inesperado.

—O sea que es una película llena de riesgos...

—Eso de tomar riesgos, creo que es algo que traigo un poco de trabajar en Birdman o en El último Elvis, que son películas que se la juegan. En este caso me parecía mejor ir para un lado más poético y profundo que irme para el lado de la realidad.

—Ya que hablábamos de la puesta en escena. Es notorio el uso de los escenarios para marcar la diferencia entre dos mundos. ¿Le interesaba que Animal hablara de un choque entre clases sociales?

—No de clases sociales, sino de generaciones. No es una película sobre los que tienen plata contra los que no tienen plata. No son dos pobres que vienen de una villa, son dos tipos que piensan de una manera diferente. Y la película muestra cómo al personaje de Guillermo le enseñaron a ahorrar, a trabajar, a formar una familia y cómo eso iba a hacer que le fuera bien. Y está el choque con la generación de hoy que no piensa en el laburo, que no ahorra... Y entonces es exponer a ese personaje que hizo todo lo que tenía que hacer y los otros dos que tienen lo que él quiere y son hijos de otra generación en la que no hay ninguna regla. No tienen punto de contacto y ahí está la tensión. Es un conflicto generacional sobre el que la película no ofrece solución, todos son un poco oscuros, un poco buenos pero al mismo tiempo no pueden ponerse de acuerdo en ningún momento.

—Originalmente la había pensado hacer en Estados Unidos, pero finalmente la hiciste en Argentina. ¿Qué tuvo que cambiar de aquel primer guion para traerla para acá?

—Todo el mundo fue para el mismo lado. Con internet todos los países se fueron unificando de alguna manera. Y por eso, Animal podría haber ocurrido en cualquier lado, en Grecia, en Europa o en Estados Unidos. Lo que pasa que yo necesitaba libertad y a los americanos eso de no tener un género claro, por ejemplo, no les gusta. Y para mí era necesaria esa libertad y que nadie se metiera en el final o cosas así. Al final dije “no importa dónde se haga la película, sino cómo se haga, tengo al actor que más riesgos toma en el cine argentino y el más talentoso, así que la voy a hacer”. Ese fue el empujón que me llevó a hacer esta película con la máxima calidad pero en Argentina.

—Es cierto que puede ser en cualquier ciudad, pero también es un cine que puede ser de cualquier país. Esa uniformización también lleva a que esta no sea necesariamente argentina, en el sentido más tradicional del término. ¿Ves que también sea universalizado el cine?

—Justamente la idea era correrse de eso y hacer una película propia, diferente y aportar todo el recorrido internacional que he tenido en estos años y la libertad que me da eso.

Armando Bo
Vea el momento en que Armando Bo recibe el Oscar por "Birdman"

—A pesar de que uno supone que el Oscar debe traer un montón de ofertas, no ha trabajado mucho desde Birdman.

—El Oscar abre un montón de puertas pero Animal es mi segunda película y es acá donde uno define quién es, cómo cuenta. Y en ese sentido para mí era importante no hacer una película sin alma o sin punto de vista, sino algo que yo quiera y donde tuviera mucho control. Encontré todo lo que quería contar en Animal y este era el momento de hacer esta película. Lo otro ya vendrá.

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