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Hace 90 años nacía James Dean, el actor que murió rápido y sobrevivió como un icono

En dos años y tres películas revolucionó la actuación en el cine y se convirtió en el modelo cultural de la rebeldía juvenil

James Dean en la película "Rebelde sin causa". Foto: Difusión
James Dean en la película "Rebelde sin causa". Foto: Difusión

El viernes, Christopher Plummer murió a los 91 años, lo que hace aún más irónico que hoy James Dean, uno de los grandes iconos del cine, cumpliría recién 90. Pero Dean murió a los 24 años en 1955, en el apogeo de una carrera que cambió para siempre la manera de actuar en el cine y lo dejó convertido en un héroe romántico del siglo XX.

Para eso le bastaron solo tres películas, en las que desplegó un carisma y una belleza frágiles que serían modelo para aspirantes a rebeldes con angustia adolescente. Su muerte en un accidente automovilístico fue una tragedia mundial y una de esas injusticias de las que algunos hoy siguen hablando.

Su imagen se ha mantenido, eso sí, viva. Sigue siendo un icono de la moda y a fines de 2019 se informó que había planes de resucitarlo digitalmente para que protagonice una cuarta película. La idea era armar una imagen del actor a partir de filmaciones y fotos fijas y más allá de no entenderse la necesidad de hacer eso, habla de la vigencia de su figura. Todo eso quedó en la nada.

Había nacido James Byron Dean, el 8 de febrero de 1931 en Marion, Indiana. La familia se mudó a Santa Mónica, California donde su madre murió cuando él tenía nueve años. Ese acontecimiento marcaría su vida y, profundamente, su forma de encarar la actuación. El método que él popularizó (y Brando y Clift y Newman) después de estudiarlo en el Actor’s Studio neoyorquino, se basaba en esa clase de material personal e intransferible para construir los personajes.

Fue allí, en el Actor’s Studio, donde Dean encontró una vulnerabilidad que, porque la vida es así, pareció sintonizar con todo un sentimiento generacional. A diferencia de la forma de actuación hasta entonces tradicional, los personajes de Dean no estaban seguros de nada más allá de su propio tormento y eso él lo hacía notar con gestos, mohines y un trabajo corporal que hoy puede verse exagerado pero que en su momento fue muy novedoso.

Brando, por ejemplo, era una presencia que se hacía notar; Dean parecía no querer estar allí, incapaz de encajar en un mundo que no llegaba a entender, ni lo entendía a él.

“Su actuación va en contra de 50 años de realización cinematográfica”, escribió por entonces Francois Truffaut, crítico y director de cine. “Cada gesto, cada actitud, cada mímica, es una bofetada a la tradición"’.

Eso quedó marcado en los tres papeles que llegó a interpretar cuando en solo dos años (1954 y 1955) tomó por asalto el mundo del cine.

Como alguien alguna vez dijo, Elia Kazan no eligió a James Dean para Al este del paraíso, el primero de esos papeles, porque pudiera interpretar a Cal Trask, su personaje, sino porque era Cal Trask. Al igual que la creación de John Steinbeck, Dean sabía de ese asunto de crecer con un padre estricto del que se exigía lo único que no podía dar: amor.

En Rebelde sin causa repetiría personaje aunque en términos más contemporáneos. La película de Nicholas Ray, que sigue siendo una maravilla, era un retrato de un adolescente incapaz de adaptarse a las normas y que encuentra algo parecido a la amistad en otros marginados como él, interpretados por Natalie Wood y Sal Mineo. La escena en la que Dean intenta explicarle cómo se siente a un padre distante y que lleva un delantal de cocina, resume bastante cierta crisis de la figura paterna de esos tiempos. La película se estrenó poco después de su muerte y potenció aún más su imagen pública.

Su tercera obra es Gigante, una épica estadounidense dirigida por George Stevens y con Rock Hudson y Elizabeth Taylor. Dean, en un papel secundario, interpretaba a un trabajador devenido en magnate petrolero en un arco de 30 años de vida. Murió antes de filmar la totalidad de sus escenas.

A Dean, le encantaba la velocidad y es sabido que, con el primer sueldo se compró un Porsche 550 Spyder plateado (el “pequeño bastardo”), y junto a su mecánico participaron en una carrera en Salinas, California.

Durante ese viaje, su auto fue embestido en el cruce de carreteras 46 y 41, cerca de Bakersfield, por un Ford Tudor sedán. Dean murió antes de llegar al hospital.

Tenía 24 años y una carrera fugaz que impactó para siempre el arte del cine. Su influencia se haría notar en actores como Al Pacino, Robert De Niro, Mickey Rourke, Joaquin Phoenix y tantos otros. Y su manera de vestir, su aire distante, sigue siendo un modelo del inconformismo juvenil. Y cumpliría 90.

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