Especial cine 2015: las películas uruguayas

Un año tan difícil como importante

El repaso a un año en el cual lo artístico tuvo que acomodarse junto a la discusión política.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Que seamos pareja suma, pero ella no están buena como en la película"

Si en el cine uruguayo el año 2001 fue el del nacimiento de una actividad ininterrumpida —películas hechas con socios extranjeros, premios en festivales internacionales, un film fundacional como 25 Watts (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll) y la película más taquillera de nuestro cine, En la puta vida (Beatriz Flores Silva)— este año podría indicar un punto de inflexión en esa continuidad.

Es probable que este sea el último año en el cual se pueda proponer un listado sólido de cantidad y calidad de estrenos nacionales: 15 películas llegaron a las salas, y una que se exhibió como "función especial", el documental colectivo Multitudes. Pero solo se rodaron tres ficciones (Fiesta Nibiru, de Manuel Facal, La emboscada, de Daniel Hendler y Otra historia del mundo, de Guillermo Casanova), y un documental: Un viaje de locos, de Alicia Cano y Leticia Cuba). Un año atrás el panorama era peor y solo se filmó la ópera prima de Verónica Perrotta y Gonzalo Delgado, Las toninas van al este. No tardará demasiado para que la oferta de películas nacionales sea demasiado pobre.

Varios cineastas alertaron sobre esta tendencia, en especial cuando se suspendieron los convenios que el Instituto del Cine y Audiovisual mantenía con el Banco República y la Dinatel. Además, cayeron compromisos plasmados en el "Compromiso Audiovisual", redactado por 300 miembros de distintos ministerios e instituciones, y entregado al Gobierno para su ejecución durante 2015-2020. Y se estancó la Ley de Medios.

Por primera vez en mucho tiempo, las asambleas de la Asociación de Productores y Realizadores se llenaron. Los cineastas, la Asociación de Críticos de Cine y Gremio Cine (que reúne a técnicos y actores) exigieron que se ajustara el fondo que otorga la Ley de Cine y que se efectuará el pago de 18 millones de pesos correspondiente al apoyo económico implementado desde 2008. El Parlamento aprobó el segundo pedido.

Probablemente por todo eso 2015 será recordado como un año en el cual la actividad política del sector acaparó tanta o más atención que las películas estrenadas.

Las características más interesantes de los estrenos fueron la variedad temática, la presencia de nombres conocidos y nuevos, y los riesgos artísticos de realizadores como Federico Veiroj (El apóstata), Arauco Hernández (Los enemigos del dolor), y Aldo Garay (El hombre nuevo). Estos tomaron decisiones muy interesantes, como la escena del sueño erótico en El apóstata, la construcción de una Montevideo pesadillesca en Los enemigos del dolor, y como se mostró lo extraordinario de un personaje como Stephanie Mirza a través de acciones y situaciones aparentemente ordinarias en El hombre nuevo. El documental de Pablo Martínez Pessi, Tus padres volverán, y la ficción coral de Germán Tejeira, Una noche sin luna, fueron recibidas como obras prolijas de estructura clara y amable. Dios local, segunda incursión en el terror psicológico de Gustavo Hernández, demostró virtudes en varios rubros (fotografía, arte) y posicionó a Uruguay en festivales especializados en el género.

Un título que dividió aguas fue Retrato de un comportamiento animal. Esta fresca obra de amor juvenil y rodaje "guerrillero", presentó a la dupla de realizadores y actores conformada por Florencia Colucci y Gonzalo Lugo. Otra dupla, la de Rodrigo Spagnuolo y Lucía Fernández, debutó en el largometraje con Welkom, una pieza policial con un buen personaje protagonista.

También se estrenó Tan frágil como un segundo, el primer largometraje del centro de estudios Dodecá. Esta película fue hecha por un equipo (actores y técnicos experientes y principiantes) con un tema impactante como la trata de blancas, pero el guión resultó bastante previsible y, en algunos casos, falló la dirección de actores.

Federico Lemos y Luis Ara presentaron los documentales Gonchi y Los Teros (la primera codirigida, la segunda de autoría de Ara), y Gonchi resultó más interesante por su trabajo con el material de archivo. En Documentales, Multitudes se destacó por la acertada mirada de sus realizadores (Emiliano Mazza, Micaela Solé, Ferruccio Musitelli, Mónica Talamás, Pablo Riera, Pablo Ramos, Vasco Elola, Horacio Gómez) para registrar cómo funcionamos cuando ocurre un evento masivo. Y Niños de cine, de Kiko Márquez, presentó los primeros pasos de algunos de los nombres más interesantes del sector. El film tomó la forma del objeto retratado y ubicó detrás de la cámara a algunos de los profesores de estos alumnos durante su niñez —hoy convertidos en profesionales— interactuando en un ida y vuelta que plantea una interesante puesta en escena.

Pero entre todos los estrenos El 5 de Talleres, la segunda película de Adrián Biniez, es la mejor. La historia de un jugador de fútbol de un cuadro en decadencia que decide retirarse y planificar una nueva vida, combinó buenos personajes, grandes actuaciones (Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, especialmente), un acercamiento sólido a ese universo deportivo, un buen desarrollo del personaje central y sus conflictos, y un efectivo sentido del humor. El 5 de Talleres fue el film que mejor pareció traducir a la pantalla las intenciones del papel.

Habrá que esperar algunos meses para evaluar qué más tiene para ofrecer este cine en apuros económicos pero rico en ideas. Se vienen tiempos agitados, pero a lo largo de los años el cine de acá acumuló sabiduría. Y tiene buenos capitanes para aguantar el temporal.

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