Cine

Angustia adolescente con la vida pisándoles los talones

El cine de David Robert Mitchell ocurre en un lugar y una edad muy específicos: los suburbios de clase media estadounidense y el final de la adolescencia.

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El enemigo anda cerca: la profundidad de campo como un elemento para asustarse.

Lo demarcó muy claramente en sus tres películas: el corto Virgin, de 2002, sobre aparición celestial en ese escenario impensado; The Myth of American Sleepover (o sea "El mito de la piyamada americana"), y ahora Te sigue (It Follows), su primera incursión en el terror que se estrena hoy en Uruguay.

Mitchell tiene 41 años y pasó sus años formativos en Clawson, Michigan, por lo que habla de esos dos mundos con conocimiento de causa.

Para este guionista y director, la adolescencia y esos barrios de veredas en las que siempre hay alguien cortando el pasto, son territorios peculiares, aislados y, aún en su forzada apariencia apacible, hostiles.

El suburbio está rodeado: por un lado están los barrios pobres de la periferia de la metrópolis, páramo que, aconsejan los padres, conviene saltearse. Del otro, está la floresta, lo pastoril de escapadas al río, el cielo estrellado, escenarios para ser felices, sí, pero también ominosos, inquietantes. En el medio transcurren las películas de Mitchell.

"El mito de la piyamada americana" (que ahora puede ser vista como una "precuela" de Te sigue) era sobre la desolación que provocaba esa tierra de nadie de prolijidad anacrónica y sueños rotos. Pero, también, un retrato de la banalidad de los rituales (para el caso quedarse a dormir todos en una casa el último fin de semana del verano, cosa de adolescentes) ante la angustia existencial de hacerse mayor y no tener la más mínima idea de nada. Es un "país de nunca jamás" imperfecto, en el que, eso sí, no hay adultos.

Esa primera película podía ser vista como una relectura de American Graffiti de George Lucas. Aquellos adolescentes se iban a la guerra (la de Corea) con simpática banda de sonido de rock and roll; los de Mitchell se enfrentan a algo así de aterrador: crecer.

En Te sigue, ese miedo se materializa y es una cosa fea. Como alguna otra plaga reciente, el mal se transmite con las relaciones sexuales y ataca de una forma peculiar: una vez inoculada, la víctima es perseguida por una especie de zombi (que toma la forma de distintos humanos y que solo el infectado puede ver) con un objetivo: matarlo; la única manera de zafar es tener relaciones con otra persona y pasarlo. Acá, una muchacha infectada intenta esconderse de lo inevitable acompañada por un grupo de amigos, eso es todo.

Te sigue fue un éxito de marketing que amortizó más de diez veces su modesto presupuesto; y que, no por nada, se preestrenó en Cannes y ya muchos críticos la ubican entre lo mejor de este año.

La película asusta aunque evita los efectos especiales y los lugares comunes, dos elementos que aparecen como inevitables en el cine de terror actual. Mitchell va por otro lado y en todo caso está más cerca de grandes directores (Carpenter, por ejemplo) que de las trivialidades de piloto automático del género.

Los planos panorámicos y los travellings en cámara lenta van abriendo posibilidades y siempre esconden una amenaza o un cambio de situación, pero también transmiten una tristeza adosada a esos paisajes. El uso de la profundidad de campo y los movimientos de cámara consiguen contagiar al espectador de la paranoia (justificada) de los protagonistas: uno sale del cine mirando por detrás del hombro. Por las dudas.

La fotografía de Mike Gioulakis y la música de Richard Vreeland y su colchón sonoro que recuerda, precisamente, a un Carpenter sedado, aportan lo necesario.

Hay quien puede ver Te sigue desde una lectura conservadora, al plantear el mal asociado a una enfermedad de transmisión sexual. La toma final es más que elocuente, pero este no es el lugar para discutirla por el riesgo de que sienta que se le arruina la película. Igual, la presencia amenazante de la Detroit de la crisis, la soledad de los adolescentes que viven en un mundo sin adultos y deben tomar sus propias decisiones, lo que se sabe es un peligro, permiten leerla desde otro lado.

Te sigue no es para todo el mundo: un público alejado de las convenciones del terror y de los conflictos adolescentes puede encontrarse perdido. Es una pena porque es una película importante, pertinente, y confirma a Mitchell como un director en pleno crecimiento.

El problema que puede llegar la película a tener no es su culpa: deja un montón de preguntas sin responder. Pero, ¿acaso no es así la incertidumbre del hacerse adulto?

Te sigue [****]

Estados Unidos 2015. Título original: It Follows. Dirección y libreto: David Robert Mitchell. Música: Disasterpeace. Fotografía: Mike Gioulakis. Con: Maika Monroe, Keir Gilchrist, Daniel Zovatto, Jake Weary, Olivia Luccardi, Lili Sepe, Leisa Pulido. Estreno: 1° de octubre.

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