Entrevista

Álvaro Brechner: "El Goya te ayuda a ganar confianza"

Una charla con el director y guionista de La noche de 12 años que el sábado ganó uno de los premios del cine español

Alvaro Brechner portando su Goya. Foto: EFE
Alvaro Brechner portando su Goya. Foto: EFE

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Ha sido un viaje intenso el de Álvaro Brechner desde que presentó ante un público que la ovacionó, La noche de 12 años en el Festival de Venecia en setiembre del año pasado. En todo ese tiempo, la película se ha convertido en un éxito de taquilla en mercados como Brasil (“le fue mejor que en Uruguay, incluso”, le dijo Brechner a El País) o Italia donde se estrenó en enero en 42 salas. Además recibió el premio del público en los festivales de Amiens, Biarritz y Huelva y dos premios en Berlín, cinco en La Habana, dos en El Cairo y dos en Ostende, entre otros reconocimientos.

El último, claro, fue el Goya a mejor guion adaptado el sábado en una gala en Sevilla a la que llegó nominado en otras dos categorías (mejor película iberoamericana y mejor actor secundario para Antonio De La Torre por su papel de José Mujica) y tuvo a Brechner en el escenario emocionado y sorprendido, agradeciendo, entre otros, a España, donde vive hace 20 años. La noche de 12 años es una adaptación de Las memorias del calabozo, el libro de Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro que relata su experiencia, y la de José Mujica, como rehenes de la dictadura. En los papeles principales, además de De la Torre, están Chino Darín y Alfonso Tort. La película es un drama de supervivencia que en Uruguay llevó más de 50.000 espectadores y que se puede ver en Netflix.

Con la voz aún cascada y cansada de tanto ajetreo por el premio, Brechner charló con El País sobre todo lo que ha estado pasando con "La noche de 12 años".

—¿Qué sentiste cuando dijeron tu nombre como ganador del mejor guion adaptado en los Goya?

—Siempre trato de poner la mente en blanco para no generar expectativas y cuando suena tu nombre siempre te lleva algunos segundos asimilarlo y empiezas a mirar para los costados para ver si realmente dijeron tu nombre. Fue una linda sorpresa.

—¿Tenías un discurso preparado?

—La semana pasada fueron los premios de los críticos en España, donde también ganamos mejor guion, ahí sí que me agarraron desprevenido. Después de tantos festivales, uno sabe que hay que disfrutar del momento pero es distinto en una premiación que es tan global, que excede España y que incluye una transmisión de televisión así que hay que hablar rápido. Hice lo que me salió del alma.

—¿Qué le aportará el Goya a tu carrera?

—Es muy pronto para valorarlo. Por ahora estoy superfeliz con todo lo que significa el orgullo y el honor que una película sobre un hecho en Uruguay reciba un premio así en España. Pero hacia donde me lleva no lo sé. Por ahora es un halago inmenso. Uno en realidad, siempre sale con la sensación de que a lo que se dedica no es un trabajo o un oficio de verdad, sino que uno está aquí como un turista así que esto te ayuda a ganar confianza.

La noche de 12 años
Vea el tráiler de "La noche de 12 años"

—¿Cómo es tu manera de trabajar como guionista?

—Esa es la pregunta que me hago cada vez que vuelvo a escribir. Siento que no hay un manual, así que cada vez empiezo de cero. Está la sensación de que sabés muy poco aunque es una sensación falsa porque la experiencia es importante, siempre suma. Esa mezcla medio oscura entre la imaginación, la inspiración y luego volcarlas en una estructura cinematográfica, para mí es bastante misteriosa. A diferencia de las novelas, en los guiones hay algo estructural que uno nunca sabe realmente. Soy de pensar, investigar un poco y después ponerme a ver qué sale. A veces tengo éxito de escribir algo que me interese y a veces fracaso estrepitosamente.

—¿Desechás mucho?

—Sí, claro. No hay nada más frustrante después de una semana de trabajo que darle a la tecla de “delete”.

Brechner
Alvaro Brechner en el momento que recibe el Goya a mejor guion original en Sevilla

—¿Cuál fue la primera escena que escribiste de La noche de 12 años?

—El principio. Así tal cual. Una noche de otoño escribí esa escena del penal de Libertad. Tenía claro de que quería que fuera una película de sensaciones que tuviera poco diálogo y que en los primeros siete, ocho minutos, no se viera ni las caras de los protagonistas.

—Esa escena es visualmente muy contundente. ¿El travelling de 360 grados, ya estaba en esa primera escritura, por ejemplo?

—Este guion tenía mucho de experimental en el sonido, por ejemplo e intenté volcar mucho ese lado un poco expresionista. El inicio no decía que había ese movimiento de cámara, sino que decía que entraban y se lo llevaban. Pero todo surgió cuando encontré la locación y con el director de fotografía se nos ocurrió poner la cámara ahí para mostrar lo que significaba la caída en un tiempo casi circular, no lineal: un tiempo en el que el lenguaje iba a desaparecer.

—¿Cuál fue la escena que más te costó escribir?

—Probablemente la charla que tienen el personaje de Alfonso Tort con el de César Troncoso. Es una charla entre dos individuos que, desde posiciones encontradas, tienen un debate dialéctico acerca de las responsabilidades de sus actos. Para conseguir esa escena, aparte de que ya la tenía escrita, nos sentamos con César y con Alfonso a ensayarla hasta improvisar para buscar ese grado de debate.

—Ha sido un viaje largo el de la película desde La noche de 12 años desde su estreno en Venecia hasta los Goya.

—Ha sido toda una vivencia. No queda uno igual de experimentarla, hacerla y verla en cines de todo el mundo o ahora a través de Netflix. Estuvimos en festivales y hemos recibido mensajes de países inimaginables. En enero estuve en Italia donde se estrenó en 40 ciudades y ahora en marzo, se estrena en Francia.

"La noche de 12 años" es el tercer largometraje de Brechner después de "Mal día para pescar" (sobre la novela "Jacob y el otro" de Onetti) y "Mr. Kaplan". Aunque no quiso revelar detalles y su agenda ha estado muy ocupado, ya está trabajando en su cuarta película.

—Ahora que La noche de 12 años está en Netflix, ¿Dónde te ubicás en el debate sobre las nuevas plataformas y las nuevas formas de ver cine?

—Como director, me gusta que mis películas se vean en salas de 1.500 localidades pero la realidad es otra. La gente que va al cine, es la gente que va al cine, así que me alegra que ahora esté en todos lados y en pantallas que de otra manera no hubiera llegado. Acá hay un problema que tiene que ver con la exhibición y con el público. Claro que viendo cómo fue la recepción en Venecia o en Egipto donde fue un escándalo con mujeres con velo gritando “gracias por la película, nos has dado esperanza” a sala llena. Tengo videos de gente en Brasil gritando y aplaudiendo en salas comerciales. Todo eso tiene que ver con una experiencia colectiva que no pasa en la televisión. Pero me alegro mucho que esté en Netflix y así llegue a todas partes del mundo.

—Y en Uruguay le fue muy bien. Superó los 50.000 espectadores lo que es un montón.

—Y en Brasil fue hasta superior en cuanto a cantidad de gente. Uno hace las películas en un acto muy íntimo pero después se vuelven algo colectivo. Me alegra un montón que la película esté teniendo ese grado de repercusión transnacional, que exceda esta cosa histórica local y llegue a distintos lados. Me alegra mucho.

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Cine
Un gran fin de semana para el cine uruguayo

Este fue un fin de semana muy amable para el cine uruguayo a nivel internacional.
Lucía Garibaldi ganó el premio a la mejor dirección en la sección internacional del Festival Sundance por Los tiburones, su ópera prima que ya había ganado el premio Cine en Construcción de la última edición del Festival de San Sebastián.
El mismo sábado de noche, Álvaro Brechner ganó el Goya a mejor guion adaptado por La noche de 12 años. Nunca un uruguayo había competido en Sundance y nunca una película uruguaya había competido en los Goya, los premios que entrega la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, en otra categoría que no fuera mejor película iberoamericana. En ese rubro ganaron Corazón de fuego (que en España se estrenó como El último tren) de Diego Arsuaga en 2002 y Whisky de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella en 2004.

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