ZACH GALIFIANAKIS

El más alocado de la clase

Hoy se estrena Locos de-mentes, una comedia en la que hace despligue de su gracia.

En algún punto, Locos de-mentes está cerca de Tonto y retonto. Sin duda que es, desde ese hito, la película con menos número de neuronas repartidas entre sus personajes. Que esté basada en un hecho real, la hace aún más graciosa e increíble. En varios momentos consigue equiparar esa expectativa.

Locos de-mentes, que hoy se estrena en Uruguay, está hecha para el despliegue histriónico de Zach Galifianakis, el comediante que se hizo famoso por su papel de Alan, el cuñado impresentable en la saga ¿Qué pasó ayer?. Y que es actor gracioso del momento.

Aquel personaje ha marcado la carrera de Galifianakis quien desde entonces ha repetido en las dos secuelas, en Todo un parto y en Locos por los votos. También estuvo en Birdman, su película más seria y donde se distanciaba de casi todas de sus principales características.

En el camino, además, construyó a ese conductor de televisión irreverente del show online Between Two Ferns ("Entre dos helechos") donde se encarga de hacer preguntas incómodas a estrellas de cine (le preguntó a Brad Pitt cómo hacía para mantenerse bronceado si vivía a la sombra de su esposa), un presidente (su intercambio con Barack Obama fue muy divertido) y una candidata presidencial.

Así, hace unos días conversó con Hillary Clinton y además de preguntarle todo lo políticamente incorrecto posible, mandó un aviso de Donald Trump en medio de la nota. A la exsecretaria de Estado se la vio incómoda como en un sacrificio inevitable; en un momento le manda que se viste como "una bibliotecaria del espacio" y ella no sabe qué decir. La rutina ya fue vista más de 12 millones de veces en el canal de YouTube, Funny or Die.

Galifiniakis ya anunció que no quiere tener a Donald Trump sentado entre dos helechos. "No me interesa", le dijo al Los Angeles Times. "Es la clase de persona a la que le gusta la atención, buena o mala. Así que estamos lidiando con una psicosis y eso vuelve todo un poco raro. No puedo llevar a nadie que sea mentalmente discapacitado. Siento que me estoy haciendo el vivo".

Este actor de origen griego surgió del stand up con una rutina directa y de esas a las que no parece importarle los buenos modales. Cuando se volvió popular no estaba haciendo otra cosa que expandir el alcance de un personaje conocido.

Y hoy es un tipo ocupado. Ha producido su propia serie (Baskets) y tiene una agenda completa y variada: será la voz del Guasón en la próxima The Lego Batman Movie; hará su primer drama de época en Tulip Fever (donde están Christophe Waltz y Alicia Vikander) y ahora está repitiendo sus pasos de comedia como el vecino crédulo de una pareja de agentes secretos o algo así en Keeping with the Joneses (con Isla Fisher, Gal Gadot y Jon Hamm). Y ya sabe que en 2021 estará en la animación The Something junto a Seth Rogen.

Locos de-mentes es una película de Jared Hess, el mismo de Napoleon Dynamite, una comedia que fue, en su momento, una sensación por divertida y estrafalaria. Al igual que en aquella nunca estrenada en Uruguay, acá hay personajes bastante tontos viviendo en una realidad paralela en la que, por ejemplo, piensan que podrán hacerse con un botín millonario y empezar una vida como creen que viven los ricos. Es una comedia tonta, claro, pero ahí está la gracia.

El estreno se vio demorado más de un año (Hess estrenó antes su siguiente proyecto Don Verdean, una comedia con Sam Rockwell) y está en cartel en Estados Unidos con críticas de todo tipo.

Galifianakis sabe que este es su clase de personaje con su ropa de segunda mano e imponible y esa actitud de displicencia tonta. Hace de David Ghantt, un guardia en una transportadora de caudales. Steve, un cretino importante (interpretado por Owen Wilson) usa a su amiga Kelly (Kristen Wiig) de la que Grantt está secretamente enamorado para convencerlo de que robe una de las remesas. Ghantt lo hace y se fuga a México donde espera la imposible reunión con Kelly que hizo promesas de amor eterno que nunca tuvo pensado cumplir. Mientras tanto todos gastan el dinero de la manera más idiota posible. El que sí va a México es un asesino a sueldo (Jason Sudeikis) a encargarse de él pero las cosas resultarán un poco más complicadas. Toda esa parte mexicana tiene un aire a comedias de la década de 1980 como Mala suerte, aquella con Martin Short y Danny Glover. En los créditos finales se certifica que es un caso real mostrando fotos de los verdaderos protagonistas y el destino de sus vidas.

La película está armado en pequeños sketches, casi independientes, algunos de comedia física y en ningún caso muy sutiles. Siempre es divertido ver un comediante tan bueno como Galiafinakis mostrando todo el despliegue de sus posibilidades. Es lo mejor de una película despareja, sí, pero de esas que hacen reir. Nunca viene mal.

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