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¿Cómo es "Agente topo", el documental chileno que va al Oscar y que está en Netflix?

La directora Maite Alberdi habla de la película que revela el trato a los ancianos en un residencial a partir de colar un actor en uno de ellos y encontrar algo que no esperaba

El agente topo
El agente topo

Hace unos años, un clasificado apareció en las páginas de empleo del diario chileno El Mercurio: “Se necesita adulto mayor hombre: jubilado entre 80 a 90 años. Autovalente, de buena salud, discreto y con manejo de la tecnología”. El mensaje lo escribió un detective privado buscando a un señor que pudiera infiltrarse como espía en un hogar de ancianos, e investigar allí si el personal abusaba o no de una mujer.

“¿Estoy loco?”, pensó al leer el anuncio, Sergio Chamy un viudo que no tenía idea de cómo hacer una videollamada pero que buscaba urgentemente cambiar la rutina. “Tienes que ser muy sutil”, le pide el detective. “Sin que nadie se de cuenta, porque si te descubren, hasta ahí nos va a llegar la pega (el trabajo)”.

Pero había un elemento más particular aún en este trabajo de espionaje: durante su misión, Chamy sería filmado por un equipo dirigido por la documentalista chilena Maite Alberdi (conocida por Los Niños, sobre chicos con síndrome de down, o La Once, sobre un grupo de mujeres mayores con décadas de amistad). Alberdi ya se había infiltrado en este hogar de ancianos, pensando que su nuevo largometraje terminaría en una gran denuncia sobre el maltrato a los viejos. El resultado final fue totalmente lo opuesto: Agente Topo, un documental filmado como cine negro e impregnado de humor y ternura, revela más sobre el abandono a las mujeres del lugar por sus familias que por el personal del hogar. “La soledad es lo más grave de este lugar”, le dice Chamy a su jefe.

Agente topo era una de tres películas latinoamericanas que la Academia había incluido entre los preseleccionados para los premios en la categoría de Mejor Película Internacional junto con la mexicana Ya no estoy aquí -sobre la cultura de la cumbia colombiana entre los jóvenes de Monterrey- y la guatemalteca La llorona, una readaptación de la leyenda de terror a la historia violenta del país. Al final, en la categoría de Mejor Película Internacional no quedó ninguna de las tres latinoamericanas. Es el segundo año consecutivo en el que ninguna película latinoamericana queda nominada a esta categoría.

El agente topo solo competirá en la categoría de mejor película documental junto con otros favoritos de 2020, como la rumana Collective o Mi Maestro el Pulpo, sobre la amistad entre un pulpo y un humano y que también está para ver en Netflix.

“Esta nominación significa para cada adulto mayor, que el mundo todavía los ve y los valora y nos ayuda a recordar que no solo es importante aumentar la esperanza de vida, sino el deseo de vivir,” dijo Alberdi a El País español.

—¿Cómo fue el proceso de lograr filmar momentos tan íntimos en este hogar de ancianos? Hay una declaración de amor de una mujer a Sergio, y otra con inicios de alzhéimer que rompe en llanto.

—El proceso de filmación tomó alrededor de cuatro meses y fue un proceso en el que nos hicimos parte de este lugar, nosotros estamos todo el día allí con la cámara. Entramos a filmar como equipo antes de que llegara Sergio, y en el estar ahí todo el mundo estaba consciente de que lo estábamos grabando. Interactuamos pero de una manera como se ve: estamos acompañando a Sergio en este proceso en el que él logró establecer unos vínculos, que si no lo hubiese tenido a él como personaje probablemente esos vínculos no existirían. Lo que él hace con estas personas, como regalándoles tiempo, creo que es lo mismo que hicimos con la cámara. Es una cámara que está allí, con paciencia, que no está dirigiendo escenas. Hubo días que no grabamos nada y que la cámara estaba esperando. Entonces es esta cámara que espera, y que también acompaña. Hay señoras que están solas, que a veces están todo el día solas, y ahora empezó a estar la cámara ahí. En ese acompañar siento que ellas empezaron a construir una confianza que llega hasta la escena que tú dices: alguien con la confianza para llorar frente a su amigo, y llorar frente a una cámara, muy consciente de que estábamos ahí. Pero no es solo una cámara, es un grupo que la acogió, la escuchó, le hizo compañía por un par de meses. Está hecho desde un espacio de acogida y de relaciones espontáneas que se dieron, vínculos que se fueron construyendo, y que no se podían dirigir. Pasa desde la espera, la paciencia, y el tiempo.

—El documental es muy respetuoso con las personas que filma, pero no saben que ustedes eran un agente topo como Sergio, y confiaron en ustedes para filmar pero luego vieron un resultadodistinto al que esperaban. ¿Esto le generó dilemas?

—Por supuesto que hay un dilema ético grande. No sabían la historia específica del Agente Topo, en el sentido en que no sabían la sinopsis. Pero el tema que les presentamos, creo, es el tema de la película. Les dijimos que iba a ser un documental de la tercera edad y que queríamos filmar lo bueno y lo malo, y que les íbamos a filmar todo el día. Claro, no saben que estaba filmando a un espía, y siento que entré como sin ser transparente con la historia. Ahí se me planteaba un dilema ético. Pero al mismo tiempo, cuando vieron la película, sintieron que la película los representaba súper bien. Eso tiene que ver con que en realidad sí mostramos lo que era ese cotidiano. Partí desde el prejuicio de que algo malo estaba pasando ahí. Eso también, de alguna manera, inconscientemente, como que me habilitaba para hacer esta mentira. Cuando me empecé a dar cuenta de que el lugar era bueno, tuve un dilema de “yo no conté que esta era una película de un espía, y no fui transparente, y en realidad entré con otra excusa a este lugar”. Pero desde que ellos la ven, y les fascina, y la promueven, y sienten que los representa, ese dilema se diluye.

—¿Iba a ser un documental más de investigación para denunciar maltrato?

—Entré desde el prejuicio para ver una situación de maltrato, y también iba a hacer una película de detectives donde el caso era súper importante, y las pruebas, y lo que pasara y la clienta. Cuando te das cuenta que lo más importante es la relación y el vínculo que se produce donde hay personas mayores abiertas a la experiencia. Desde ahí, desde el regalar tiempo para que las identidades aparezcan, siento que lo que hace Sergio en la película es que se va a otro lugar y la investigación no importa tanto. Mi película de detectives es una excusa para ver un tema que, sin eso, quizá nadie vería. Si invitamos a ver un documental sobre cuán solas se sienten los ancianos, no lo voy a ver. Pero acá es al revés. Mi excusa al final termina siendo un gancho que toma la mano del espectador para que enfrente temas que no queremos hablar, que no queremos mirar, y que no ponemos sobre la mesa. No hablamos de cómo queremos envejecer. Cuando niños hablamos de cómo queremos crecer. Cuando jóvenes pensamos en el adulto que queremos ser. Pero no nos preguntan sobre el viejo que queremos ser.

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