Con 83 años murió Omar Sharif, el egipcio que fue en EL CINE el doctor Zhivago

Adiós al seductor de aire exótico

Primero es un punto en el horizonte, una mancha negra que la refracción de los rayos solares en una atmósfera demasiado caliente deforma, al punto de que el espectador tarda en advertir que se trata de un hombre cabalgando un camello que se aproxima a la cámara.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mantuvo su presencia incluso siendo ya veterano. Foto: Reuters.

La escena es larga, incluye un preciso disparo de revólver que pone fin a la vida de un beduino que ha tomado agua del pozo equivocado, y luego el árabe príncipe Alí ocupa toda la pantalla y enfrenta al coronel Thomas E. Lawrence encarnado Peter O’Toole. Con esa secuencia inolvidable de Lawrence de Arabia (1963), dirigida por el maestro británico David Lean, entró en el cine occidental Omar Sharif, fallecido el jueves de un paro cardíaco en un hospital de El Cairo. Tenía 83 años y padecía desde hace algún tiempo del mal de Alzheimer.

Sharif actuó en 18 películas en Egipto antes de llamar la atención de David Lean, quien le proporcionó el papel de Alí en Lawrence... y lo lanzó a la celebridad internacional. Por esa labor fue candidato a un Oscar secundario, premio que nunca ganó. Por Lawrence... consiguió, empero, dos Globos de Oro (uno como Actor secundario, otro como Revelación), y repitió con el Globo como protagonista en Doctor Zhivago (1965), también de Lean.

Había nacido como Michel Demitri Chalhoub en Alejandría, Egipto, el 10 de abril de 1932. Debutó en cine a los 22 años bajo las órdenes del gran cineasta egipcio Youseff Chahine, y allí conoció a la actriz Faten Hamana, una de las más populares de Egipto, que pronto se convirtió en su esposa en la vida real y su frecuente pareja en la pantalla. Se divorciaron en 1974; Hamana murió en enero de este año. Tuvieron un hijo, Tarik Sharif, quien encarnó al Zhivago niño que su padre interpretaría al crecer.

Su apostura y su innegable presencia en pantalla (no necesariamente su histrionismo) le valieron que continuara una extensa carrera en la que actuó con frecuencia para verdaderos grandes como Anthony Asquith, Fred Zinnemann, Anthony Mann, Francesco Rosi, Anatole Litvak, William Wyler, John Frankenheimer o Blake Edwards.

Tenía el tipo exótico que a Hollywood le gusta para los dramas de época y las etnias imprecisas, y por eso pudo ser diversamente un revolucionario de Europa Oriental que enamoraba a Ingrid Bergman en El Rolls Royce amarillo (1964); un improbable líder mongol en Genghis Khan (1964; no nos quejemos, el papel había sido encarnado antes por John Wayne); un monarca armenio en La caída del Imperio Romano (1965); un noble medieval italiano que se deslumbraba razonablemente con Sophia Loren en Y vivieron felices (1966); el médico ruso protagonista de Doctor Zhivago; un oficial de las S.S. con buenos sentimientos en La noche de los generales (1967, donde volvió a enfrentar a OToole, que esta vez era un psicópata militar nazi); el frívolo y seductor "playboy" que se convertía en pareja de Barbra Streisand en Funny Girl (1968) y su secuela Funny Lady (1974); el trágico príncipe Rodolfo de Habsburgo en Mayerling (1968); el bandido mexicano de El oro de MacKenna (1969); el jinete afgano en Los centauros (1971); el aventurero involucrado con Julie Andrews y un asunto de espionaje en La leyenda del tamarindo (1974) y hasta el capitán Nemo en la versión española de La isla misteriosa de Julio Verne que Juan Antonio Bardem dirigió en 1972. Todo hay que decirlo: fue también un inverosímil Ernesto "Che" Guevara en la incalificable Che! (1969) de Richard Fleischer, que pocos uruguayos pudieron ver: a dos días de su estreno, heroicos campeones de la libertad de expresión de ultraizquierda incendiaron la cabina del cine Rex Theatre donde se la exhibía, y la película fue bajada de cartel. Era horrible, pero uno no puede decir realmente que ha vivido si no ha visto a Jack Palance hacer de Fidel Castro.

La carrera posterior de Sharif tuvo altibajos, y su afición a los juegos de azar le provocó algunos dolores de cabeza extracinematográficos. En cine se lo comenzó a ver más esporádicamente, con frecuencia todavía en papeles exóticos pero secundarios (13 guerreros, 1999; Océano de fuego, 2004). Hace poco se lo vio en la cartelera montevideana, en un papel muy lateral, en Un castillo en Italia (2013) de Valeria Bruni-Tedeschi.

En 2005 interpretó a San Pedro en una miniserie de la RAI y recibió amenazas de muerte por parte de extremistas islámicos que no le perdonaron interpretar a un santo católico. De hecho, Sharif había nacido en una familia cristiana, y al parecer adoptó públicamente el islam para casarse con Faten Hamana. Desde entonces nunca dejó de ser oficialmente musulmán, quizás sinceramente, quizás porque sabía que en el islam la apostasía se castiga con la muerte. Es un dato, de todos modos, que una de sus últimas películas importantes El señor Ibrahim y las flores del Corán (2003), una comedia dramática, era un llamado a la tolerancia entre las culturas y las religiones. Allí Sharif era un viejo musulmán en París, que entablaba amistad con un joven judío.

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