CRÍTICA

Un adiós que se demoró demasiado

Como casi todo en esta vida, lo que empieza como una novelería puede terminar en una reverenda pavada. Actividad paranormal es un caso testigo de esa máxima. Si por un ratito —un poco más de lo que duró el primer envío de la serie— pareció una adaptación interesante de lo que inauguró Blair Witch Project, quedó claro que en estirar hasta límites exasperante, estaba su principal contra.

A la altura de esta sexta y, dicen, definitivamente última película de la serie, el truco está más que claro, los sustos son más que previsibles y ni siquiera tiene el sentido de humor de burlarse de sí misma. Tres pecados imperdonables en el cine de terror.

Es la historia de siempre: una pareja con su pequeña hija se muda a una casa nueva que parece que está buenísima pero se dan cuenta que no tanto. Encuentran una cámara (que es gigantesca, dicen, y capaz de captar entes sobrenaturales) y unas cintas de video que revelan algo así como la existencia de un culto del que ese lugar sería como el templo. Como en todas las anteriores, desafían el sentido común, se quedan ahí a pesar de que ven cosas horribles y la nena está cambiando hacia algo muy feo. No llaman ni a un médico o la policía sino que convocan a un cura con cara de querer irse volando de ahí y no lidiar con esa cosa. Está bien de no exigirle un guión pero quizás podría ayudar en algo.

Acá no hay nada muy creíble desde la aparición y desaparición de personajes sin explicación alguna, a la testarudez de los nuevos propietarios a permanecer en ese lugar espantoso solo porque el sacerdtore aprehensivo les dice que los va a perseguir más allá de la casa, lo que no queda muy claro.

La película tiene vínculos con las otras Actividad paranormal, incluyendo a Tobi el amigo imaginario más malo del mundo y unas hermanas aterrorizadas en la tercera de la serie. Es la primera vez, y así fue anunciado, que se ve directamente la actividad paranormal antes sugerida en puertas que se abren solas o camas que se sacuden o muebles que vuelan.

Se supone que esas apariciones se iban a beneficiar con el recurso del 3D, que se presenta como el broche de oro de la serie, pero su uso es es poco más que un caza-incrédulos. Su lucimiento es limitado y como recurso para el terror, inexistente. Asustaban más las puertas chirriando en el medio de la noche que un fantasma de humo dando vueltas por ahí.

El tono es más incómodo que temible. Pero quizás, Actividad paranormal sea parte de un ritual tan antiguo como el cine: una audiencia entregada de antemano colectivizando el susto. Y, bueno, capaz que así, y no en una fría exhibición para la crítica, funcione un poco más. Vaya uno a saber.

SABER MÁS

ACTIVIDAD PARANOMAL: DIMENSIÓN FANTASMA (**)

Estados Unidos, 2015. Título original: Paranormal Activity: Ghost Dimension. Dirección: Gregory Plotkin. Guión: Jason Pagan y Andrew Deutschman y Adam Robitel y Gavin Heffernan sobre una historia de Brantley Aufill y Jason Pagan y Andrew Deutschman. Intérpretes: Katie Featherston Tyler Craig y Jason Pagan. Duración: 88 minutos. Estreno: 29 de octubre.

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