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Actriz y madre todo terreno

La ganadora de dos Oscar, Cate Blanchett acaba de estrenar su última película, "La casa con un reloj en sus paredes"

Cannes 2018
Cate Blanchett cuando fue presidenta del jurado en el festival de Cannes

Hace años, alguien le dijo a Cate Blanchett: “Tienes cara de actriz”. “Me parece que fue un cumplido”, dicce Banchett de 49 años, sonriendo. “Tiene que ver con no tener una apariencia específica, lo cual es particularmente útil en mi línea de trabajo. No soy totalmente del montón ni particularmente hermosa. Tengo algo de ambas”.

Para Blanchett lo que cuenta es cómo se ve la gente por dentro. “Lo que me interesa, cuando me enfrento a un nuevo personaje, son los defectos, los miedos y ese sentimiento muy humano de inconclusión”, explica. “Incluso me descubro en las vidas de los demás”.

La casa con un reloj en sus paredes
Vea el tráiler de "La casa con un reloj en sus paredes" con Cate Blanchett y Jack Black

Eso puede o no aplicar para su personaje en La casa con un reloj en sus paredes dirigida por Eli Roth, que ya está en cartel. La película basada en la novela de John Bellairs gira en torno a Lewis Barnavelt (Owen Vaccaro), un huérfano que junto con su tío hechicero (Jack Black) y su vecina, una bruja buena (Blanchett), busca un reloj con el poder de regresar el tiempo y provocar el fin del mundo.

No es el tipo de película que suele hacer pero tampoco fue un problema para ella.

“Cuando estás haciendo una película con tantos sobresaltos, el momento te dice qué es lo que debe volverse relevante”, explica. “Cuanto más viva y fluida mantengas la imaginación, más relevante será lo que deba serlo y más electrizante será tu relación con ello”.

Blanchett también estelarizó Ocean 8: Las estafadoras de Gary Ross, donde también están Sandra Bullock, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway, Mindy Kaling, Sarah Paulson y Rihanna, recaudó más de 294 millones de dólares.

“¿No es interesante?”, comentó la actriz, “hace dos o tres años una película de verano importante con todas esas mujeres habría sido casi imposible. Después del estreno la gente decía ‘Ah, sí tiene público’”.

Blanchett creció en el suburbio de Ivanhoe en Melbourne. Siempre ha sido una mujer creativa y dispuesta a ir hasta el límite, por eso en su adolescencia se rapó y vestía ropa punk, lo cual no la ayudó a encajar en su escuela solo para niñas. No se sentía muy cómoda hasta que descubrió el departamento de artes escénicas del Colegio Metodista para Señoritas.

Estudió economía y artes plásticas en la Universidad de Melbourne, pero abandonó para viajar al extranjero. Al regresar a Australia obtuvo un título del Instituto Nacional de Arte Dramático en 1992.

El año siguiente, estaba actuando al lado de Geoffrey Rush en Oleanna de David Mamet con la Compañía de Teatro de Sídney. Pensó que había llegado a la cima de su carrera muy pronto.

“Cuando salí de la escuela de teatro”, comentó Blanchett, “No tenía idea de que algún día haría películas. Ni idea. Luego obtuve mi primer trabajo en teatro, y pensé: ‘Esto es todo y es maravilloso’”.

Blanchett debutó en el cine en Un canto de esperanza (1997) de Bruce Beresford, junto a Glenn Close y Frances McDormand, y su siguiente película fue Oscar y Lucinda (1997) de Gillian Armstrong, en la que también estaba Ralph Fiennes. Ahí llamó la atención de Hollywood, e interpretaría a la Reina Isabel I en Elizabeth, papel con el que obtuvo su primera nominación a un Oscar. Estuvo seis veces nominada: lo ganó como mejor actriz de reparto por su Katharine Hepburn en El aviador (2005) de Martin Scorsese y mejor actriz por Blue Jasmine (2014) de Woody Allen.

—¿Dónde guarda sus Oscar?

—Uno en casa donde todo el mundo lo pueda ver. El otro está en un museo. Me siento increíblemente orgullosa de ambos.

Igual confesó tener sentimientos encontrados en relación con toda la idea de los premios para los artistas.

“Tiene que ver con hacer que el medio progrese”, explicó, “lo cual dificulta comparar a los actores y los directores y así sucesivamente”.

Entre los aficionados a la alfombra roja, Blanchett es muy admirada por su porte, al igual que por su impecable sentido del gusto. “Soy mucho mejor cuando estoy en movimiento. Ser fotografiada desde distintos ángulos no es algo en lo que pienses cuando vas caminando”, dice.

“Claro, no te debe preocupar lo que otros piensen”, agrega. “Solo tienes que agradecer la experiencia”.

Que su carrera la haya llevado donde está sigue sorprendiéndola. “Me interesa más tener una experiencia que construir una carrera”, dice. “Tantas experiencias únicas son parte de una vida dinámica”.

“Tuve la fortuna de trabajar con tanta gente tan maravillosa. Soy fan absoluta de muchos de ellos. Cuando tus héroes llaman, sabes que eres la actriz más suertuda del mundo”.

Toda una generación de fanáticos la conocen mejor como Galadriel, la reina élfica distante e inmensamente poderosa en El señor de los anillos y El Hobbit de Peter Jackson.

Blanchett habla con honestidad sobre sus sentimientos en relación con la industria y los movimientos recientes para sacar a la luz el abuso en Hollywood y enfocarse en el empoderamiento femenino.

“Es un problema humano. Los medios deben motivar que se hable de esto. No queremos volver a este punto en veinte años”, comentó.

Blanchett fue presidenta del jurado de la edición 2018 del Festival de Cannes, donde vio el problema de primera mano.

“El año pasado en Cannes había tres directoras de los 22 participantes”, dijo. “Eso tiene que cambiar”.

Cuando no está trabajando, se le puede encontrar en sus casas de Sídney y en la provincia británica con su marido, el guionista y director Andrew Upton, con quien compartió un periodo de cinco años como directores artísticos de la Compañía de Teatro de Sídney y tiene una productora, Dirty Films. Son padres de cuatro hijos: Dashiell de 16 años, Roman de 14, Ignatius de 10 y la pequeña Edith de 3 años.

La maternidad le cambió la vida pero no de la forma en la que lo esperaba.

“Pensé que no sería tan apasionada con el trabajo después de que mis hijos se volvieron parte de mi vida”, explicó. “La verdad es que una se vuelve una actriz más parca. No lees un libro hasta las altas horas de la madrugada ni mantienes una conversación con un director hasta el amanecer”.

“Sin embargo, mi capacidad de interpretación se ha vuelto mucho más flexible, porque todo el día estoy poniéndola en práctica con los niños, lo cual es maravilloso”, confesó. “Son la mejor compañía de teatro que hay”.

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