Guillermo Casanova

"Acá se premian guiones y eso tenemos que cambiarlo"

Guillermo Casanova, el director de El viaje hacia el mar (2003), volvió a dirigir luego de 13 años. "Otra historia del mundo" es una ficción inspirada en la novela de Mario Delgado Aparaín "Alivio de luto".

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"La novela es cuatro veces más extensa de lo que la película podría ser", afirma. Foto: Joséma Ciganda.

La película se está rodando desde hace cuatro semanas en San Antonio, un pueblo de El Santoral transformado en un set de cine. Los habitantes convirtieron sus casas en escenarios y fueron contratados como extras y actores. Casanova, que también es montajista, decidió que también quiere hacerse cargo de la edición de su película.

—¿Cómo fue la conexión con la novela durante la lectura?

—Me pareció un gran libro para adaptar a una estructura de comedia humana. Me gustó que manejara una buena cantidad de personajes, de simbolismos, y me interesó traducir a cine las distintas estructuras y capas que tiene el relato.

—Es otra historia que transcurre en un pueblo, con personajes envueltos en un plan heroico a pequeña escala.

—Cuando terminé El viaje hacia el mar tuve una gran conversación con Ronald Melzer (crítico, productor, distribuidor y videoclubista fallecido en 2013) y me dijo "no podés hacer otra historia sencilla." Le di la razón y me metí en este baile. Hasta que no termine no sé decirte hacia dónde va. Acabo de filmar la escena final y me emocioné mucho, eso lo tomo como un buen síntoma.

—¿Cómo es la relación con los habitantes de San Antonio?

—Siempre quise rodar en un pueblo cercano a Montevideo, ir y venir a diario. Hace muchos años había filmado un comercial acá y me acordaba del pueblo. Es un lugar que no atraviesa nada, que no tiene ni polución visual ni sonora. Fue entrar y darme cuenta de que era perfecto.

—Varios miembros del equipo hablan de una sincronización casi mágica entre lo que pedía la película y lo que encuentran en la locación.

—Es muy fuerte todo lo que sucede. Mi idea era rodar exteriores acá e interiores en Montevideo, y luego de buscar y buscar pedimos permiso para entrar en las casas de San Antonio y fue perfecto, otra vez. Casi no tuvimos que tocar los decorados. Las casas por dentro resultaron ser como las habíamos imaginado.

—En la novela sobre vuela cierto aire a realismo mágico, ¿mantuviste esa estética?

—Está muy bastardeado el realismo mágico: se asocia a algo terraja, a algo que está pasado de moda. Alguien dijo que era una definición europea sobre lo fantástico de Latinoamérica. Este pueblo es la muestra de que eso no existe: es. La película es una fantasía, es una gran comedia humana en la que hay delirios y cosas que suceden de manera muy extraordinaria.

—El texto de Delgado Aparaín describe en detalle a los personajes, ¿respetaste esas indicaciones?

—La novela es cuatro veces más extensa que lo podría ser la película, entonces tuve que apartar a muchos personajes. La primera escritura del guión fue hace siete años, y para llegar al actual hubo tantas en el medio que ya ni recuerdo. Una de ellas la hizo Inés Bortagaray y trabajó el costado femenino. La novela propone una sola hija y ahora son dos (Alfonsina Carrocio y Natalia Mikeilunas), hay una abuela que acá no existe. Una madre (María Elena Pérez) que se va por otro hombre, y aquí es depresiva. El libro fue clave para construir al personaje de Gregorio Esnal (César Troncoso), un hombre muy particular que empieza a dictar clases de historia de la humanidad en el pueblo.

—¿Cuál escena te resulta más compleja de rodar?

—La escena final era la más difícil porque es una película de actuación. Es una frase común, pero en este caso el actor me salva o arruina la película.

—El personaje del coronel del pueblo lo interpreta Néstor Guzzini, quien se ha lucido como buen actor de comedia.

—A Guzzini no lo puse por humorista sino por humanista. No quise parodiar a ningún personaje. Esta es una película en la que todos somos un poco todos. Quise humanizar a los personajes en un sentido de que todos fueran cobardes y valientes. No es una película alegórica. Mi postura para escribir el guión fue querer a todos menos a Provisorio, un cartero que es un gran alcahuete de los militares. Todo lo sádico lo puse en ese papel.

—Un personaje que en la novela está muy pasado de peso y despierta repugnancia en el pueblo, sin embargo elegiste a Gustaf para interpretarlo.

—Yo en Gustaf no veo al comediante, veo a un gran actor que me está dando una interpretación brillante. Estoy convencido de estar trabajando con los mejores actores del Uruguay.

—¿Cómo fue volver a dirigir después de 13 años?

—Estoy en la mitad del rodaje, me siento con todas las puertas abiertas y estoy muy vulnerable. Me emociono, me río, pienso que la película será horrible o podría ser brillante.

—¿Qué se cruza por tu mente durante el rodaje?

—Pienso permanentemente en nuevas opciones. Es que en Uruguay los fondos premian los guiones y eso lo tenemos que cambiar. Poner tanta energía en esa primera parte del proceso es un error. Los guiones son una parte mínima porque la película es en sí misma una transformación constante.

Caminando en el cine.

Guillermo Casanova era estudiante de sociología cuando a mediados de los años 80 se vinculó con CEMA, la productora de cine y televisión fundada por Esteban Schroeder y Eduardo Casanova.. Empezó a trabajar como editor. En 1988 rodó el documental Mamá era punk, y en 1993 acompañó a Jaime Roos por una gira nacional; el resultado es Jaime Roos a las 10. Fundó junto a su esposa, Natacha López, la productora cinematográfica Lavorágine Films. Dirigió El viaje hacia el mar y editó varias películas ajenas.

Perfil.

Nombre:Guillermo Casanova - Nació: en Montevideo - Edad: 52 años

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