Willem Dafoe presta su rostro anguloso al director de Mamma Roma

Abel Ferrara opta por la sobriedad en su film "Pasolini"

Pier Paolo Pasolini no solo fue un cineasta genial. "Un corazón como el suyo, una mente como la suya, una persona como la que era, con el alma que tenía, es eterna", afirma Abel Ferrara, cuya última película es un retrato del lado humano del realizador italiano.

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Cambio de registro: Abel Ferrara deja por un momento los filmes violentos e irreverentes.

"Siempre habrá espacio para él", para alguien que defendía sus ideas y las extendía a través de su poesía , que era el "ejemplo más claro del conflicto humano", afirmó en una entrevista con EFE, Ferrara, conocido por films violentos e irreverentes y que en este caso, sin embargo, opta por la sobriedad para su Pasolini.

Un film que narra los dos últimos días de la vida del director de películas fundamentales de la historia del cine como Mamma Roma (1962), Il vangelo secondo Matteo (1964), Teorema (1968) o Il Decameron (1971), de cuya muerte se cumplirán el 2 de noviembre 40 años.

Ha sido y es el "mayor cineasta" para Ferrara, que además considera que Pasolini era mucho más.

"Era un poeta, un activista político, era un gran amigo de sus amigos, un tipo adorable, compasivo, no puedes hablar de él solo como un cineasta, sino como un ser humano con muchas facetas".

Y eso es lo que ha querido reflejar en su película, escrita junto al guionista italiano Maurizio Ferrara y con la que ha buscado acercarse lo más posible al ser humano.

Lo hace mostrando escenas cotidianas junto a su adorada madre, con sus amigos, cuando escribe las historias que desea convertir en guión y también en sus ligues nocturnos por Roma con chicos, en concreto el que le llevaría a la muerte en la playa de Ostia el 2 de noviembre de 1975 por una paliza y un atropello, en circunstancias no aclaradas.

Willem Dafoe presta su rostro anguloso, tan parecido al original, a un Pasolini que en este paso a la gran pantalla adolece de la fuerza, de la rabia y de la pasión que caracterizaron al cineasta boloñés.

La frialdad e incluso impasividad son las características de la interpretación de un Dafoe que se mimetiza en exceso con un Pasolini al que le falta en la gran pantalla los rasgos de su compleja personalidad.

La similitud de rasgos no fue la única razón que llevó a Ferrara a elegir a Dafoe para este papel.

"Hemos hecho cuatro filmes juntos, hablamos el mismo lenguaje, es una continuación, tenemos una sensibilidad similar, especialmente cuando nos centramos en Pier Paolo", explicó el realizador de películas como Un maldito policía (1992) o El Funeral (1996).

Y sobre por qué elegir los dos últimos días de la vida de Pasolini para construir la película, el realizador neoyorquino descartó tajantemente que su objetivo fuera arrojar algo de luz al confuso momento de su muerte.

"Nunca se va a saber lo que pasó en Roma hace 40 años", aseguró, antes de resaltar que cuando se decidió a hacer el film y empezaron a profundizar en la obra de Pasolini, tanto él como el guionista, fueron conscientes de la absoluta necesidad de rodar la película.

Leyeron sus obras, el guión en el que trabajaba en el momento de su muerte —Porno-Teo-Kolossal—, se reunieron con la gente que le conoció, con su familia e intentaron acercarse lo más posible a la figura "para así llegar al hombre".

De esa forma llegaron a un filme "de ideas e imaginación", que busca mostrar que Pier Paolo Pasolini "era una persona en cambio constante, como una cometa que vuela hacia el cielo (...), que se reinventa a sí mismo y se convierte en alguien diferente".

"Quería plasmar algo de sus pensamientos políticos, de lo que estaba trabajando en ese momento, su escritura, su poesía, sus films, necesitaba centrarme en un momento concreto", señaló.

"Y al mismo tiempo nos interesaba mucho sus últimos días, rodar su último día de vida, queríamos rodar esos momentos. Yo personalmente quería saber lo que ocurrió, lo que le llevó al momento de su muerte", precisó.

Por eso, eligió los momentos principales de aquellos últimos dos días.

Una comida con su madre y su prima Graziella; la última cena con el actor Ninetto Davoli; la última entrevista que concedió, a Furio Colombo, del diario La Stampa, o su encuentro con el joven dedicado a la prostitución Pino Pelosi, condenado posteriormente por la muerte de Pasolini pero que luego se desdijo de su confesión, son algunas de las escenas rescatadas por Ferrara para ilustrar esas últimas 48 horas.

Una película que a Ferrara le ha encantado rodar en Europa, donde tienen mucho más respeto por los cineastas —"no sé cómo se puede trabajar en Estados Unidos" dijo el director, que acompañó su afirmación con una sonora carcajada—.

"Fue una tragedia que fuera asesinado en la cima de su vida creativa. Hemos perdidos todos los films que iba a hacer con los maravillosos guiones que tenía".

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