Primera rueda

Carnaval: Agarrate Catalina volvió, brilló y abrió la polémica con un cuplé

La murga abordó la lucha de clases y dividió opiniones en las redes sociales

Agarrate Catalina 2019. Foto: Alejandro Aparicio
Agarrate Catalina 2019. Foto: Alejandro Aparicio

Este año será, y así lo demostrarán dentro de 11 meses los balances de los medios y los resúmenes personales de carnavaleros, el año en que tras siete temporadas de ausencia, la murga Agarrate Catalina volvió al carnaval. Y a ese acontecimiento relevante en su contexto, no lo puede modificar nada de lo que pase de acá a marzo, ni tampoco lo que depare la noche de fallos. La Catalina volvió al ruedo y eso es, en sí, un punto a destacar.

El miércoles, con un Teatro de Verano de entradas agotadas con días de anticipación, y con una preciosa noche como marco, la murga de los hermanos Tabaré, Yamandú y Martín Cardozo apareció en el anfiteatro del Parque Rodó poco antes de la una de la madrugada. La ovación y el griterío eufórico con el que contestó la audiencia fue inmediato y, de vuelta, un reflejo de la magnitud del evento en el marco del concurso.

A La Catalina le tocó cerrar el miércoles la tercera etapa de la primera rueda. Antes habían pasado la revista Madame Gótica, la comparsa Integración y los humoristas Sociedad Anónima; y el lunes (la actividad del martes se suspendió por lluvia), las murgas La Croata, La Martingala y La Venganza de los Utileros, y los humoristas Los Rolin. En lo global, el espectáculo de La Catalina es el mejor que se ha visto hasta ahora, y tiene todo para un primer puesto, teniendo en cuenta lo que suele premiar el jurado. Tiene la contundencia, el brillo, la calidad y la corrección que tenían, por ejemplo, los Saltimbanquis el año pasado.

Sin embargo, en esa generalidad hay matices que atender.

Estética y sonoramente, la Catalina está en su mejor versión. El vestuario de Paula Villaba, como nunca en la historia de la murga, apuesta a una paleta de colores vibrantes y chillones, y a unos trajes vistosos que, hablando mal y pronto, llenan el ojo. Y el maquillaje va en la misma línea, e incluye la barba de Yamandú Cardozo pintada de un rojo opaco. Eso le da un marco visual a un notable desempeño del coro. Las voces nunca fueron el fuerte de la agrupación, que ahora sorprende y tiene, además, los destaques del Zurdo Bessio y de Maxi Porciúncula, dos cartas ganadoras en carnaval.

En música y textos, en tanto, la murga presentó en Los defensores de las causas perdidas, un espectáculo contundente en el que la dupla de Yamandú y Tabaré vuelve a lucirse. Las reflexiones de corte humanista y la actualidad abordada de forma completa y superficial en el salpicón están muy bien contadas, pero La Catalina arriesgó con un cuplé sobre la lucha de clases, que levantó polvareda en las redes, en Twitter en particular.

Por un lado, llama la atención que La Catalina haya elegido un planteo tan atemporal para volver a la competencia. Quitando los guiños actuales —“autoconvocado” de un lado, “homolesbocomunista” de otro—, el texto sobre burguesía y proletariado podría usarse en cualquier año, en cualquier país. Y por otro lado, desconcertó que una murga tan asociada al Frente Amplio y a José Mujica en concreto, haya vuelto con un discurso que reniega de las diferencias entre la ideología de derecha y de izquierda.

“Me resisto a etiquetar a las personas y me cago en la locura de esa brecha”, canta La Catalina, una proclama que llega en pleno año electoral, cuando hay que tener las antenas particularmente paradas respecto a lo que está pasando en la política regional, y a los discursos y gestiones de algunos nuevos gobiernos.

“Me resisto a etiquetar a las personas y me cago en la locura de esa brecha”

Agarrate CatalinaDe su espectáculo "Los defensores de las causas perdidas"

Con eso, La Catalina dividió aguas. En Twitter se la tildó de tibia, de neutral y de no implicarse de manera comprometida con la realidad. Pero también estuvieron los que celebraron una postura que entendieron como crítica para con la izquierda, y como aggiornada a tiempos que exigen tolerancia.

Al margen de eso y más allá de que el Teatro fue una fiesta de emoción y gritos, a esta presentación de primera rueda le faltó explosión y emoción a fondo, eso que La Catalina ha probado saber hacer con mucha eficacia, y que puede mejorar de cara a la segunda pasada. El tono medio de su crítica quizás sea una consecuencia directa de haber estado siete años haciendo discursos universales para girar por el mundo, discursos que no siempre encajan con lo que el público espera del carnaval.

En todo lo demás, La Catalina volvió a demostrar que es puro talento.

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