INÉS ESTEVEZ

"Cantar me produce una adrenalina extra"

La artista de televisión, cine y teatro llega por primera vez a un escenario uruguayo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Inés Estevez. Foto: Alejandra López

Ella se ha lucido en teatro, cine y televisión, y tiene una carrera notable, que pasa por éxitos en el drama y la comedia. Ahora llega por primera vez a un escenario montevideano, y lo hace en un espectáculo que es un paso al costado de toda su trayectoria de actriz. Inés Estévez subirá al escenario de la Sala Zitarrosa el sábado 30 de julio junto a su pareja, el reconocido músico Javier Malosetti, y un par de semanas antes, el viernes 15 de julio, dará una clase para quienes quieran encontrar más rápido el personaje que buscan.

—¿Qué te atrapó de Malosetti?

—En principio no nos conocíamos personalmente pero los dos apreciábamos mucho la carrera del otro. Ya antes de conocernos había algo que nos emparentaba, que era la búsqueda de la excelencia, por encima de los resultados comerciales. Y luego, cuando nos conocimos personalmente, lo que te digo para ser breve, es que nacimos el mismo día. Así que somos dos personas muy similares, asombrosamente similares, absolutamente similares. Y eso nos unió mucho.

—¿Es más fácil o más difícil que tu pareja también sea un artista?

—En mi caso ha sido más fácil en general, porque hay un lenguaje común, una comprensión de los momentos de enfrascamiento de lo que estás generando, de tu pasión, de tu fragilidad también. Te puede entender más una persona que atraviesa las mismas instancias que alguien que trabaja en un banco, o un dentista.

¿Y cómo surgió este espectáculo?

—Surgió cuando nos enteramos, hablando con Javier, que en nuestros respectivos hogares, cuando éramos chicos, se escuchaban, no sólo los mismos temas, sino las mismas versiones con los mismos arreglos. Descubrimos que en nuestras casas, desde la época del diluvio, estaban las mismas tapas de los mismos discos. Su padre, Walter Malosetti, era una leyenda del jazz de Latinoamérica. Y mi papá, que no eran alguien conocido, le encantaba el jazz y tocaba de oído contrabajo, piano, y cantaba. Y tenía un grupo de amigos con los que tocaba por gusto, y me llevaba desde que yo tenía ocho años. Ambos nos hemos criado con ese acervo musical.

—¿Qué diferencia hay para vos en pisar un escenario acompañada de actores o de músicos?

—Si bien mis primeros premios fueron con la comedia musical, esto que hago ahora es diferente porque no hay un marco de ficción. Haciendo un personaje recreás otra personalidad que no es la propia. Tenés la protección del personaje, de la ficción. En este caso estoy más desprotegida, soy yo ahí sentada, cantando al lado de un músico tan eximio como Javier, que toca guitarra, bajo y canta. Y con un trío de jazz tradicional. Contrabajista, pianista y baterista, tres genios del género. Es una instancia netamente musical, no hay ningún tipo de ficción, de teatralidad.

—¿Es más difícil?

—No sé si es más difícil, para mí es más nuevo, y eso me obliga a ponerle más atención. Pero actuar involucra todo: tu mente, tu cuerpo y tu alma. Es un hecho único y bastante trabajoso. Creo que en algunos aspectos es más descansado cantar, solo que en mi inexperiencia me produce una adrenalina extra que no estaba en mis planes.

—También vas a dar una clase en Montevideo. ¿Cómo describirías tu método?

—Es un sistema diseñado a partir de mi experiencia profesional, que no necesariamente contradice los métodos tradicionales, puede ser complementario, pero va a contrapelo de las complejidades de las clases de teatro. Este método tiende a resolver dificultades con mucha rapidez. Como yo no tengo formación académica, no tuve posibilidades de estudiar por una cuestión económica, me formé trabajando en teatro y en cine. Y este sistema parte de lo que yo aplicaba y aplico a la hora de actuar. Cuando uno actúa profesionalmente no tiene tiempo de elaborar detalladamente ciertos recursos de concentración, relajación.

—Un camino más directo...

—Sí, sobre todo simplificar un concepto que para mí es erróneo: eso de que para ser actor tenés que ser una persona con ciertas complejidades. Cuando en realidad, el primer juego que diseñamos cuando somos niños es la interpretación. Y en ese juego ya está todo lo que necesitamos para interpretar un personaje, todo. Como la famosa visualización, que no es otra cosa que la imaginación. El tema es que esa capacidad es expresivo- creativa, y muchas veces uno va a aprender teatro para que lo llenen de conocimientos. Cuando en realidad lo que hay que hacer es despojarse de condicionamientos.

—¿Actuaste alguna vez en Uruguay?

—Va a ser mi primera vez. Me encanta Uruguay, me encantaría ser uruguaya. De hecho, tuve una propiedad, que un divorcio me quitó, en Colonia, una casa en el campo, una quinta. Y mi idea siempre fue terminar viviendo en Uruguay. Me gusta el espíritu uruguayo, tienen algo más puro: yo soy del interior, de Dolores, y aquel espíritu de provincia lo respiro en el trato cálido que tiene el uruguayo.

—¿Cómo ves la realidad argentina?

—No tengo una objetividad para hablar de eso. Mi visión nunca fue parcial, nunca pude atenerme a lo que ocurre en un país en particular. Y te diría que ni siquiera a lo que sucede en el mundo. Cuando veo lo que pasa en mi país, no puedo abstraerme de que todo es una consecuencia de lo que pasa en el planeta. Tengo una mirada que atiende más a un sentido de equilibrio universal. Mi mirada de lo que acontece es más existencial.

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