SARAH JESSICA PARKER

En busca de otro personaje

La actriz trata de dejar atrás a Carrie Bradshaw en Divorce, la nueva serie de HBO que protagoniza.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Sarah Jessica Parker. Foto: Difusión

Con una personalidad y un estilo exquisitos, seis muy populares temporadas viviendo en televisión y dos películas que vinieron más tarde, Carrie Bradshaw se convirtió en uno de los personajes más seductores desde fines de los noventa hasta ahora, prácticamente en un ícono pop. Escritora, divertida, canchera, con un armario de envidiar y varios pretendientes siguiendole los pasos, la protagonista de Sex and the City fue esa neoyorquina que muchas hemos querido ser.

Bradshaw y su intérprete, Sarah Jessica Parker, se convirtieron en una sola mujer y desde entonces la carrera de la actriz ha estado bastante condicionada. Además, no importa en qué la hayamos visto (estuvo con Hugh Grant en la sosa ¿Y dónde están los Morgan? y tuvo una breve participación en Glee, por ejemplo): siempre aparece con una melena, vestidos de autor e impresionantes zapatos que por todos lados están repitiendo el nombre de aquella chica tan pero tan popular.

Entonces es lógico que la primera imagen de Divorce, la serie que HBO estrenó hace dos semanas y emite los domingos a la medianoche (después de Westworld), rompa con todo nuestro imaginario. Parker está envuelta en una toalla, con el pelo recogido de manera tirante, mirándose al espejo y tocándose el rostro lentamente mientras el paso del tiempo se va notando en cada línea de expresión y más que nada en sus manos. Está claro que esa no es Bradshaw: ahora se llama Frances, tiene unos 50 años, dos hijos y un marido con el que no se le ve demasiado futuro.

Eso, claro, porque el título de la serie ya adelanta de qué va el argumento de esta creación de Sharon Horgan, responsable de la sitcom británica Catastrophe que le ha valido nominaciones a premios importantes así como un Bafta a Mejor Guionista de Comedia conseguido este año.

Frances se pregunta en el primer episodio, después de ver cómo su mejor amiga tiene una crisis nerviosa bastante violenta, cómo una persona pasa ocho años feliz junto a otra, y un buen día quiere volarle la cabeza. Ahí se da cuenta que ella no está muy feliz tampoco con su marido Robert (Thomas Haden Church), le pide el divorcio y se va con su amante, un profesor universitario que hace su propia granola. Y eso, para una cincuentona sumida en un matrimonio mediocre y con hijos demasiado adolescentes, es un gran detalle.

Pero él no es lo que ella pretende, y cuando vuelve a buscar a su esposo para recomponer las cosas, el asunto ya se le fue de las manos y empiezan los líos.

Empezar de nuevo.

Con 51 años, una carrera empresarial que sigue desarrollándose y el fantasma de Carrie Bradshaw dando vueltas todavía (se habla de una tercera película), Sarah Jessica Parker está tratando de meterse en la piel de otra mujer para reconquistar al público. Y con Divorce está siendo tarea difícil.

Es que con dos episodios ya emitidos, los pasajes de comedia son muy absurdos (hay demasiado chiste sexual y escatológico tirado de los pelos) y lo mejorcito es el drama, pero ni tanto. Es como si tanto Horgan como guionista y Jesse Peretz como director de estos tres episodios estuvieran tratando de mostrar lo buenos que son, pero cada uno por su lado: el resultado es una situación tensa, en la que se nota que hay muchas cosas buenas pero cuesta llegar a apreciarlas.

Divorce parece una ficción cargada de buenas intenciones, con una actriz que para ese tipo de personaje funciona, algunos buenos secundarios (la graciosa Molly Shannon, por ejemplo) y una idea inicial interesante. Pero el trabajo va lento, aunque el segundo episodio fue mejor que el primero. Son ocho de media hora cada uno en total en esta temporada.

"Todo se hizo con minucioso cuidado y siempre con la mirada puesta en que no queríamos hacer una tragedia del divorcio sino algo que, si bien es doloroso y triste, se vive de diferentes maneras según el caso", explicó Parker, quien además es productora de la serie, a la prensa. También ha dicho que aunque no le molesta que le sigan hablando de Bradshaw, llegó su momento de hacer "algo más" y en eso está enfocándose. Y por eso hay que darle una tregua también, a ella y al trabajo: porque es ambicioso de su parte reconvertirse y porque Divorce, aunque un tanto confusa en cuanto a su pretensión, mostró un avance del primero al segundo capítulo, y tiene entre manos una idea diferente, en la que lo feliz no importa demasiado.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados