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Básquetbol, acrobacia y show

Los Harlem Globetrotters se presentan mañana en el Palacio Peñarol con doble función.

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Foto: Difusión

Los Harlem Globetrotters ya son un clásico en las vacaciones de invierno. Se han presentado en varias oportunidades en Montevideo, siempre en estas fechas, agotando localidades y generando entusiasmo en los espectadores gracias a sus saltos que desafían la gravedad y a las características bromas del equipo. Este grupo, que en 2016 celebra sus 90 años de historia, se presentará con el espectáculo The Original Harlem Globetrotters, mañana en el Palacio Peñarol. Y lo hará en doble función, a las 18 y 21 horas.

Este equipo de básquetbol de exhibición, creado en Nueva York en 1926, brinda un espectáculo que disfrutan los grandes y chicos gracias a sus espectaculares dobles y triples, que siempre parecen mágicos, así como los momentos divertidos en los que hacen intervenir al público, el sello característico de este equipo.

Uno de los integrantes que este año llega por primera vez a Montevideo es Orlando "el Gato" Meléndez, casualmente el primer latino en vestir la camiseta blanca, azul y roja de los trotamundos, y con quien El País tuvo la oportunidad de charlar mientras descansaba en Puerto Rico.

Aunque el apodo "el Gato", parezca provenir de la elasticidad y agilidad que presenta Meléndez en la cancha, lo cierto es que el mismo poco tiene que ver con su destreza deportiva y sí con su infancia en Puerto Rico.

Como siempre le gustó el básquetbol, debía caminar tres kilómetros y atravesar un sembradío de caña de azúcar para llegar a la cancha y poder jugar. Recuerda que siempre lo hacía mientras comía un sándwich de jamón, pero "un día se me cae un poco de jamón en el camino y aparecen cinco o seis gatos que comenzaron a seguirme. Por lo que cada vez que atravesaba el campo los gatos me esperaban, y así mis amigos me empezaron a llamar el Gato, y así quedó", dice Meléndez.

Si bien para este latino, como para los demás jugadores, ser un integrante de los Harlem Globetrotters es el trabajo de los sueños, lo cierto es que ser el primer latino en integrar las filas de esta organización de baloncesto no fue sencillo. "Al principio se sintió la presión, pero uno se acostumbra y siente más el orgullo de lo que está haciendo", dice Meléndez, quien a su vez participa en distintas actividades extradeportivas, otra característica de este equipo, visitando escuelas y hospitales de los lugares donde se encuentran.

Aunque la historia de este jugador en los Globetrotters es reciente, lleva cuatro años con la camiseta, y tiene más de mil partidos jugados: el promedio de partidos de estos jugadores es de 350 al año.

Meléndez también recuerda que comenzó a jugar con este equipo cuando "estaba terminando mi último contrato en Puerto Rico". Pero ingresar a las filas no es rápido o sencillo como cabría esperar, ya que son varios los pasos para ser seleccionado y se debe pasar por distintas evaluaciones donde "saben todo de ti, qué tipo de persona eres, si eres buena persona, si puedes pertenecer a los Harlem Globetrotters".

En la historia del básquetbol, pocas organizaciones son sinónimo de este juego como los Harlem Globetrotters, por lo que pertenecer a esta organización no es para todos. "La NBA que vemos ahora es gracias a los Harlem Globetrotters", dice Meléndez. "Porque la integración de jugadores de color y los distintos sitios que ha integrado en el baloncesto, ayudó a que la NBA sea lo que hoy conocemos".

Pero los trotters son célebres por llevar su espectáculo a todo el mundo. Ya en la década de 1950, en plena Guerra Fría, jugaron en Moscú, lo que seguramente no fue una operación sencilla. Manteniendo esa tradición, en años más recientes han visitado otros sitios difíciles como "Medio Oriente, Irak, Qatar y sitios así", dice Meléndez, y si bien es cierto que "uno tiene miedo de tal situación y la tensión militar, y uno está con una postura de no quiero ir, fue una experiencia muy buena. Un poquito nervioso, porque uno no sabe qué se puede dar en situaciones así, pero son sitios donde la gente es buena y hay cosas culturales interesantes para aprender", dice "el Gato", a quien le gusta conocer la cultura de los sitios que visita, así como su música y gastronomía.

Y aunque parezca sencilla, lo cierto es que la vida de un Globetrotter no es tan fácil. "Nos trasladamos mucho y estamos lejos de nuestras familias", reconoce Meléndez. "En mi caso yo tengo dos hijas y mi familia en Puerto Rico y se me hace difícil verlos, pero gracias a la tecnología las cosas han cambiado mucho en ese aspecto. Pero es difícil para quienes tienen familia y cansa un poco, porque estás de hotel en hotel, de ciudad en ciudad, cosas que cansan. Pero al final de todo, lo que nos llena de alegría y adrenalina es cuando vamos a entrar al espectáculo y vemos esas sonrisas en todo el mundo".

Pero no todo es negativo en el universo de los trotamundos. Ser un Globetrotter también "es encontrarme con gente todos los días que tiene en la memoria a Fred "Curly" Neal o a Meadowlark Lemon, que han pasado sus historias de generación en generación. También las alegrías y las risas cuando damos el espectáculo, eso es lo que más llena de alegría de ser un trotamundos".

Es que la sensación de ver miles de caritas sonrientes cuando estos jugadores entran a la cancha, tiene que ser abrumadora.

Los jugadores, por su parte, brindan una función llena de acrobacias y humor que deja al público contento y satisfecho por el rato que pasó entretenido, disfrutando de estos acróbatas del básquetbol. Jugadores que pertenecen a una organización que este año cumple 90 años, pero que se mantiene tan joven como en sus inicios, la que ha llevado sonrisas y entusiasmo por el deporte a los distintos sitios del planeta que han visitado.

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