ARTE Y EXPOSICIONES

Un viento hecho a partir de mil piezas de madera

Ricardo Pascale muestra nueva obra en el Museo Gurvich.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Además de en el Gurvich, hay obras de Pascale en el Sodre y en el interior. Foto: F. Ponzetto

Sobre el suelo frío y gris descansan una cantidad de maderas perfectamente cortadas, rectangulares de distintos tamaños, de un color suave y cálido que concentra toda la atención. Se extienden acomodadas al detalle por varios metros pero a primera impresión son eso: prismas de madera que parecen apenas levitar, y que dibujan algunas formas oscilantes.

Sin embargo, basta caminar alrededor de la pieza o subir al puente que atraviesa la sala del Museo Gurvich para que las formas vayan cambiando drásticamente, para que el ritmo se vaya haciendo evidente y vaya cautivando al espectador. Ahí está, en su máximo esplendor, este Viento que a Ricardo Pascale lo tiene tan contento.

Economista, profesor y escultor Pascale, que hoy tiene obras en el Auditorio Nacional del Sodre, en el interior del país y en el exterior, dibuja desde mucho antes de elegir una vocación —desde antes de saber escribir, enfatiza— y cuando habla de sus obras y de esta en particular, algo en sus ojos azules y en su sonrisa mantiene viva una inocencia casi infantil que hace pensar que en algún rincón, esto de crear sigue teniendo que ver con el juego.

"Una de las cosas más apasionantes del arte es sacarse las capas que la propia existencia te va dando", dice en charla con El País un par de horas después de haber dado clases en la Facultad de Economía, con un saco y corbata que no parecen ser uniforme de un artista. "Son capas de cosas buenas, malas, normales, que te van haciendo perder la frescura del niño. Porque el dibujo del niño es inigualable: cómo manejan la forma, los colores, cómo lo ven, y es porque ellos tienen una mente más fresca. Entonces siempre uno está en un gran esfuerzo para llegar a eso", admite y cita una popular frase de Pablo Picasso, quien aseguraba que pintar como los maestros le llevó unos años pero pintar como un niño, toda la vida.

Para hacer Viento, esta pieza que se puede visitar desde la semana pasada y hasta fines de setiembre en el Museo Gurvich (Peatonal Sarandí 522) de lunes a viernes de 10.00 a 18.00 y los sábados de 11.00 a 15.00, Pascale estuvo meses tratando de bajar a papel una idea que tenía dando vueltas: la de representar las corrientes atmosféricas, un componente de la naturaleza que siempre le interesó. Tuvo que partir de un concepto, bocetarlo, pensar en el espacio en que la iba a montar y en las escalas que tenía que trabajar.

Fue un camino largo que lo llevó a este resultado final, que se compone de 1.275 prismas distribuidos en 12 metros de largo por tres de ancho, y le da forma de una manera personal a este "viajero único", como denomina Pascale al viento.

"A esta obra que puede parecer inmóvil, la movilidad intento dársela con tres cosas: la luz, que juega un rol clave; el acondicionamiento espacial que tienen las piezas; y el espectador que la recorre, la observa y crea su propia obra. Eso es lo más importante", asegura Pascale hablando de su trabajo, y asegura que el motor principal a la hora de crear siempre es alcanzar "una satisfacción que a vos mismo te emocione, que te llegue. Más allá de la técnica, hay que llegar a la fuente, a la esencia. y eso no se aprende".

—Y como obra en sí, ¿qué se puede decir que busca Viento?

—La obra no busca estridencia ni gestualidades raras, sino que transita por un camino de economicidad de materiales más que por uno de un derroche. Si con menos se puede lograr más, sería ideal. Y también busca traer un poco de sosiego, de disfrute, para sacar a la gente de su vorágine diaria.

—¿Usted encuentra sosiego en su trabajo como artista?

—Te tensa mucho. Porque la obra puede estar bien concebida técnicamente. Están bien cortadas las cosas, están bien colocadas, pero aparte de eso y de la estética, la obra tiene que llegar a algo y no a un resultado que implique decir: "Esto ya lo vi". Esa es la parte más difícil, y no la sabés hasta el final.

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