Alicia en el País de las Maravillas cumple 150 años sin perder su vigencia

Un viaje de regreso a la tierra en donde todos están locos

Todo comenzó de casualidad en un viaje en bote sobre el río Támesis, desde el Puente Folly hasta la localidad de Godstow, ocho kilómetros más allá. Charles Lutwidge Dodgson pasaba la tarde junto al reverendo Robinson Duckworth y las tres hermanas Lidell, Lorina Charlotte, Alice y Edith. 

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La novela va acompañada de 34 ilustraciones a cargo de John Tinniel.

Para pasar el rato, Dodgson inventó una historia sobre una niña que se veía inmersa en un mundo de fantasía tras perderse en una madriguera de conejos.

Poco después las niñas estaban totalmente atrapadas por la historia y el hombre entrelazaba personajes, escenarios y aventuras de todo tipo para mantener el interés de su pequeña audiencia. Fue la hermana del medio, Alice, de 10 años, la que más impactada quedó con la historia que Dodgson, en cierta forma, le había dedicado. Ante su insistencia, Dodgson se dispuso a redactar los borradores de las aventuras de la niña, acompañadas de varios dibujos. Meses después, le entregó el manuscrito a Alice como regalo.

Para 1864 Dodgson ya había ampliado la historia y se disponía a publicarla por insistencia de su círculo íntimo, con ilustraciones de John Tinniel. Al año siguiente, la editorial Macmillan publicaba miles de ejemplares de Alicia en el País de las Maravillas y Dodgson asumía definitivamente el seudónimo por el que se lo conoce desde entonces: Lewis Carroll.

En la primera página el libro incluye un poema donde el autor recuerda aquella tarde a orillas del Támesis y, por si hacía falta, termina con una declaración encendida hacia la niña que inspiró la historia. El inicio de la narración ("Alicia estaba empezando ya a cansarse de estar con su hermana sentada a la orilla del río...") es de hecho un espejo deformado de la tarde donde todo surgió.

A 150 años de su aparición cabe preguntarse qué es lo que convirtió a este relato totalmente desinteresado en una de las piezas más singulares de la literatura universal. Y la respuesta está justamente en su formulación (vale el absurdo tratándose de Carroll, maestro de las paradojas): el encanto primero de Alicia en el País de las Maravillas es su ingenuidad, el hecho de que Carroll pensara —no sin cierta lógica— que esa historia no iba a pasar de aquella tarde en el Támesis y que nadie más que las hermanas Lidell le iba a atribuir demasiada importancia. Al momento de su génesis, Alicia no tenía destino literario, era solo el sueño de una niña en la mente de un hombre que se dejaba llevar por su inventiva. Fue una creación espontánea y absolutamente libre, sin la presión que puede suponer el proceso para un escritor con aspiraciones de publicación.

Porque por entonces Carroll era un matemático y fotógrafo de profunda formación eclesiástica y alta estirpe victoriana que, aunque tenía muchas lecturas encima, no buscaba hacer carrera en las letras. Era un cuentista amateur y esta condición es la que termina por darle a Alicia en el País de las Maravillas y en menor medida también a su continuación, A través del espejo- su carácter de inclasificable.

Alicia es una novela alabada por los críticos de ayer y hoy, de profunda influencia en la cultura británica y mundial (son incontables las adaptaciones teatrales, musicales y cinematográficas de la obra) pero al mismo tiempo es, a veces se olvida, un cuento infantil. La fascinación de su primera lectura no quita la opresión de fondo, lo lisérgico de un mundo absurdo e incoherente que contrasta con unos personajes no menos incoherentes y locos ("Por aquí todos estamos locos", dice el Gato) pero que se presentan con señorial delicadeza. Son caricaturas libremente inspiradas en modelos victorianos. En ese punto de realidad enrarecida es que Carroll en cierta forma adelanta lo que Kafka va a fundar con La Metamorfosis y El Proceso.

Aniversario: sellos, musicales y más


Sobre todo en Inglaterra, este será el año de Alicia. Desde el 9 de abril Londres se vestirá de País de las Maravillas, con actividades a varios niveles que se pueden consultar a través de internet (www.alice-underground.com). La estación de Waterloo, por ejemplo, se convertirá en madriguera de conejos y pubs, teatros y centros culturales tendrán como motivo principal la reconocida obra de Carroll.

Desde el mes pasado, además, el servicio británico de correos Royal Mail encargó el diseño de diez estampillas al ilustrador Graham Baker-Smith con motivo de Alicia en el País de las Maravillas.

En paralelo, el líder de la banda británica Blur y también de Gorillaz, Damon Albarn, confirmó que ha compuesto un musical basado en la novela junto a la dramaturga y guionista británica Moira Buffini y el director del Teatro Nacional, Rufus Norris, que dirigirá la obra. "La Reina de Corazones, la Duquesa, el Conejo Blanco y la Oruga Azul eran algunos de los personajes que más miedo me daban cuando era niño", aseguró Albarn.

Wonder.land, así se titula la obra del músico, cuenta la historia de Alicia, una niña de 12 años que es infeliz en casa y que sufre acoso en el colegio, y que se refugia a diario en internet y el mundo digital, donde se convierte en una mujer valiente, hermosa y que toma el control de las cosas.

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